Fecha de publicación: Lun, 08/04/2019 - 15:33

El museo escolar de Usme que construye paz, a través de la memoria histórica

Ponerse en los zapatos del otro, narrar historias del conflicto, escribirles a líderes sociales: el colegio Luis Eduardo Mora Osejo le apuesta a la reparación simbólica de las víctimas.

“Nunca podré olvidar, pero ya perdoné. Hoy doy gracias Dios porque me dejó salir de esos escenarios de violencia y construir una familia, tener buenos hijos y un esposo con el que pasé 30 años de mi vida, hasta su muerte. Fue duro, pero Dios me dio las fuerzas para continuar y decir que sí es posible sanar nuestros corazones”. Este es el párrafo de cierre del escrito de Mónica Bayona, estudiante de 11.º del colegio Luis Eduardo Mora Osejo.

Forma parte de uno de los miles de historias del conflicto armado de Colombia. Aunque Mónica la escribió, no la vivió en carne propia. En realidad, es el relato de su mamá, una mujer que en su niñez y juventud sufrió los vejámenes de la guerra en Puerto Rico (Caquetá): “La mayoría de mi familia vivió el conflicto armado. Tuve tíos que pertenecieron a grupos armados. Otros familiares están desaparecidos. Mi mamá se salvó porque llegó a Bogotá hace 25 años”, cuenta la estudiante.

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Para Mónica, escribir ha sido un acto de reparación. Rememorar esas anécdotas que su madre les ha contado a ella y a sus hermanos, desde que eran muy pequeños, ha sido un desahogo para la familia, especialmente para la mujer que logró salir de una pesadilla: “Este ha sido un proceso para sanar a mi mamá.

Aunque han pasado bastantes años, había heridas. Llevo solo un año en este colegio; sin embargo, he aprendido que, con la educación, las nuevas generaciones tenemos salidas diferentes a la guerra”, expresa la estudiante.

Mónica, estudiante

Este, además, es uno de los diversos productos de ‘Sueños de paz’, el museo vivo e itinerante que esta institución educativa de Usme viene construyendo desde 2017, cuando los docentes Yenny Héndez, Narda Hernández, Jenny Liliana Builes, Gladys Solis y Alembert Mayorga vieron como una necesidad que sus estudiantes comprendieran por qué el conflicto armado no es un fenómeno alejado de su realidad.

Este 9 de abril, cuando el país conmemora el Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto, la Secretaría de Educación del Distrito recuerda que en los colegios oficiales hay 67.353 niños, jóvenes y adultos estudiantes víctimas recibiendo atención educativa. Además de ellos, hay alumnos que, a través de la memoria histórica, conocen lo que pasó en nuestro país y aportan a la reconciliación.

Piezas gráficas de estudiantes

Un ejercicio en defensa de la vida

De acuerdo con la profe Jenny Liliana Builes, en el Luis Eduardo Mora Osejo todos tienen algo que opinar frente al conflicto armado de nuestro país. Si bien en Usme hay 6818 estudiantes víctimas y en el colegio, unos 80 de ellos, este proyecto ha logrado que no haya diferencias, que todos tengan la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, de entender que no hay bandos enfrentados, sino personas que tienen la responsabilidad de construir país.

“Todos nuestros estudiantes hacen procesos de memoria histórica. Ellos empiezan por reconocer su historia, por indagar en casa de dónde viene su familia y qué relación puede tener con el conflicto. En este proceso, muchos se han dado cuenta de que son víctimas y buscan entender por qué. Otros, como Mónica, reconstruyen la historia de sus familias. En últimas, es hacer reparación simbólica”, manifiesta la docente Jenny.

En este museo vivo e itinerante, el pasado cobra vida y la creatividad no tiene límites. Con un árbol colorido para reconocer de dónde viene cada niño y joven, con historias ficticias y reales sobre la guerra, en dibujos y escritos, con fotografías, libros, líneas de tiempo, cartas a los líderes sociales asesinados y más de 300 productos creativos, los niños y jóvenes se acercan a los hechos que jamás deben repetirse y rinden homenaje a quienes se sobreponen a las dificultades.

Esteban Rodríguez

Esteban Rodríguez Moreno está en 11.º, es un estudiante líder y gracias al proyecto ‘Sueños de Paz’ reafirmó su deseo de estudiar una carrera relacionada con las ciencias sociales: “Tal vez antropología, tal vez licenciatura en ciencias sociales”. Él está seguro de que es necesario recordar y analizar para poder perdonar. En su escrito Falsos expedientes, este estudiante cuenta la historia de Luz Marina Bernal, la fundadora del colectivo ‘Madres de Soacha’, que perdió a su hijo Fraí Leonardo Bernal a causa de los llamados ‘falsos positivos’.

“Este ha sido el caso que más me ha impactado. El museo me ha llevado a aprender de manera autónoma y a compartir lo que aprendo con mis compañeros. Como estudiante, espero que las víctimas se reconozcan; este paso es muy importante para perdonar. Los demás, que no lo vivimos directamente, debemos indagar, saber que no hay una sola verdad”, añade Esteban.

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La escuela en función de la paz

Según la docente Narda Hernández, esta iniciativa ha unido a la comunidad educativa de la institución. “Hacer este proceso de indagación personal y social, con un compromiso de no repetición, ha hecho que la escuela funcione en torno a la paz. Antes, se hablaba más de la guerra en las aulas, ahora hablamos desde nuestras experiencias y desde la voz de las víctimas. También, con el acompañamiento de la Secretaría de Educación, el proyecto se ha dinamizado. Nos sentimos respaldados”, señala.

Dibujos de estudiantes

Más allá de hablar de paz, el colegio Luis Eduardo Mora Osejo practica la paz. Así lo asegura Esteban David Piedrahíta, estudiante de 9.º: “El conflicto solo destruye. Los jóvenes tenemos la obligación de conocer nuestra historia para que, cuando seamos adultos, no la repitamos. Lo que más valoramos es que en el colegio siempre hay espacio para reflexionar y aprender del otro con respeto. Esto ha generado más empatía y así logramos evitar el bullying”.

‘Sueños de paz’ es comprender que la violencia no debe ser el “pan de cada día” de la sociedad. Para la profesora Yenny Héndez, es acercar a los niños y jóvenes a la realidad e invitarlos a que también pasen la oscura página del conflicto armado: “Esta experiencia es enriquecedora porque los estudiantes se interesan más en la historia y les permite sentirse cercanos a los procesos de la escuela. Para nosotros, los docentes, es un reto porque hay que innovar y permanecer actualizados. Aquí la nota no es primordial, lo ideal es que ellos busquen y aprendan por iniciativa propia, que conecten lo que se trabaja en clase con lo que ocurre a diario”.

Este museo vivo e itinerante, cargado de colores, pero también de las sombras que ha dejado la violencia, construido a partir de la imaginación y las vivencias de las nuevas generaciones, ha llegado a formar parte de exposiciones en la biblioteca de Usme y en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación; no obstante, estudiantes y maestros quieren llevarlo más allá y compartir experiencias con otros colegios, a fin de intercambiar buenas ideas y de mostrar los cientos de recursos que atesoran para defender la vida y la paz con una sola voz.

¡Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos!


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