Fecha de publicación: Vie, 28/05/2021 - 06:34

Ver más allá de los sueños

Desde que era un niño, el profe Misael fue perdiendo la visión progresivamente. Pero sus sueños no se apagaron. De memoria portentosa y una paciencia envidiable, este maestro, psicólogo, nadador, músico y estudiante de doctorado tiene como propósito transformar vidas a través de la educación inclusiva y la tecnología.

#MiProfeMiHéroe

Al profe Misael Zea pocas cosas lo estresan. La paciencia, dice su esposa Carolina, es una de las actitudes que más lo definen. A excepción de sus clases, no le gusta planear mucho y prefiere que la vida lo sorprenda, como si se tratara de una canción de Rubén Blades.

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” relata una de las letras del músico panameño, una reflexión artística sin discusión que bien puede describir la niñez de Misael, pero sobretodo un día en particular, una tarde en la que su mamá lo llevó a una cita odontológica cuando apenas tenía 6 años.

Al entrar al consultorio, la odontóloga le pidió que le alcanzara un objeto y Misael, en lugar de usar sus ojos para encontrarlo, lo buscó con sus manos. A la médica le pareció muy curioso y le pidió que le alcanzara otro instrumento. Una vez más el sentido del tacto fue más eficaz que el sentido de la vista. En ese instante supieron que algo estaba ocurriendo. 

Luego de varios exámenes los médicos le diagnosticaron retinosis pigmentaria bilateral, una degeneración progresiva de la retina que afecta su capacidad para responder a la luz. Para ese momento su capacidad visual era del 40 %, mientras que hoy es del 5 %. Ese día, del año 1987, la vida le cambió para siempre y le dio una sorpresa a él y a su familia, como en las historias que canta Blades.

Hoy es docente de apoyo del colegio Técnico José Félix Restrepo, una institución que está ubicada en la localidad de San Cristóbal. Les enseña a estudiantes en condición de discapacidad que sienten en él un modelo a seguir, un espejo, el ejemplo mismo de que ninguna dificultad es tan grande como para sobreponerse a los sueños, esos que hay que perseguir.

 

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Carolina Celis es su esposa y cuenta que la conexión que tiene Misael con sus estudiantes parece mágica. Su actitud, su cariño, su manera de enseñarles y el contacto inicial que tiene con ellos producen una credibilidad y confianza absolutas. “Muchos lo consideran su amigo. Incluso después de graduarse lo llaman a contarle cosas y a pedirle consejos”, dice.

Antes que profesor, estudiante

Pero Misael no siempre fue maestro. La vida le mostró el camino y lo fue llevando a la docencia. Recuerda que, en su etapa de estudiante de colegio, por allá entre las décadas del 80 y el 90, el apoyo constante de sus profesores fue fundamental porque la inclusión era la excepción y no la regla. Como él mismo dice “debido a que en ese tiempo no existía una normatividad como la de hoy, los estudiantes en condición de discapacidad dependíamos más de la voluntad del educador”.

Sin embargo, nunca se excusó. No se detuvo. Empezó a desarrollar otras capacidades, otros sentidos, a agudizar su memoria. Escuchaba a sus maestros y aprendía todas las fórmulas matemáticas. Las tenía en su cabeza. Cuando un profesor explicaba un ejercicio en el tablero el más atento era él. Se memorizaba cada uno de los pasos y presentaba los exámenes como cualquier otro estudiante.

Todos sus compañeros de clase se peleaban por incluirlo en sus grupos de trabajo porque se volvió el más ducho realizando exposiciones. “Ante este reto que me puso la vida, nunca busqué culpables. Entendí que para hacer parte de todos los procesos académicos debía adaptarme. El error más grande es pensar que frente a la dificultad la responsabilidad es únicamente del otro”, reflexiona.

Fue así como, en sus años de bachillerato, Misael se adaptó. A punta de amor propio y también con el apoyo constante de su familia se sobrepuso a las adversidades. Recuerda que en las tardes y en las noches le pedía a su mamá y sus hermanas que le leyeran en voz alta fragmentos de libros y textos, no solo para cumplir con los deberes académicos, sino también para adentrarse en ese mundo de fantasía que solo la literatura ofrece.

Se graduó del colegio en 1998 y el siguiente año empezó a frecuentar el Instituto Nacional para Ciegos (INCI) y la Fundación VER. Allí entendió que la tecnología era una potencial herramienta de inclusión que debía ser explotada y se interesó por ella

Pasaba horas y horas enteras escuchando casetes que explicaban cómo funcionaban los computadores de la época. Se volvió el amigo y principal ayudante de los técnicos que iban a la casa a arreglar cualquier daño que tuviera el ordenador. “Llegó un momento en el que yo mismo le realizaba mantenimiento al computador de la casa. Yo lo desarmaba, lo limpiaba y lo volvía a armar. Y todo eso lo aprendí a punta de escuchar casetes y oír a los técnicos”, recuerda.

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A pesar de que la tecnología le quitaba el sueño, se decantó por las ciencias sociales e ingresó a la universidad a estudiar Psicología, con el fin de especializarse en educación. Quería transformar vidas y que mejor camino que la enseñanza para lograrlo.

Durante su etapa universitaria tuvo que poner en práctica todo lo que había aprendido hasta el momento. Como sus hermanas ya tenían otras responsabilidades y no quería poner a su mamá a leerle el “mamotreto” de fotocopias que le dejaban, se compró una grabadora de casete y, cuando su grupo de amigos se reunía a estudiar, él grababa los encuentros.

“Ya más adelante, cuando tenía más confianza con ellos, les daba la grabadora y les pedía que cuando fueran a leer en sus casas lo hicieran en voz alta. ¿Pero eso qué era? Más trabajo. Porque debía esperar que ellos leyeran, luego irme a escuchar las grabaciones, tomar apuntes y aprenderme de memoria las teorías”, cuenta.

Sin embargo, una vez más la tecnología llegó para confirmarle que podía generar inclusión. Recuerda que a principios de la década de los 2000, la biblioteca Luis Ángel Arango empezó a ofrecer un servicio de escáner, un dispositivo llamado Galileo, que seguro muchos lectores y estudiantes bogotanos recuerdan, y que empezó a facilitarle la vida a Misael.

El escáner Galileo le proporcionó una sensación indescriptible: la autonomía. Ahora podía escanear libros, textos y revistas. El dispositivo se encargaba de leer y el profe Misael de escuchar. Fue el inicio de la era de los audiolibros, esos que hoy son tan comunes, pero que en ese tiempo no se conocían. De esa manera vivió su propio renacimiento y, como les ocurrió a los italianos durante los siglos XV y XVI, pudo ampliar su conocimiento y conocer otras obras literarias, gracias a Galileo.

“Y leía horrible”, cuenta entre risas. “El escáner no tenía en cuenta acento, puntuación y la voz era robotizada, pero no importaba porque yo ya no dependía de nadie. Me volví un experto manejándolo y entendiéndole. Aunque había palabras con tilde que Galileo no pronunciaba yo ya me había memorizado cuáles eran y le entendía a la perfección”, indica.

Un soñador empedernido

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Misael me cuenta todas sus aventuras, experiencias, logros y sueños en su casa ubicada en el barrio Álamos Norte, uno de los más populares de la localidad de Engativá. Allí vive con Carolina Celis, su esposa y quien también es docente.

Se conocieron en una capacitación en la que Misael era el profesor. “Para ella fue amor a primera vista y para mi amor a primer oído”, recuerda segundos antes de soltar una carcajada. Carolina le respondió con una sonrisa cómplice.

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“Yo estaba sentada esperando que iniciara un taller que había promovido la Secretaría de Educación. Él entró al lugar, lo vi, lo escuché y me impactó su pilera. Era un profe que a través de su saber y de sus conocimientos nos estaba mostrando otras formas de enseñar. Ahí pensé: ese es el novio que yo quiero”, relata Carolina.

Para ese momento, Misael estaba iniciando su vida como docente. Realizó sus prácticas profesionales en el colegio José Félix Restrepo entre los años 2006 y 2007. Al graduarse de psicólogo empezó a dictar algunos talleres sobre educación inclusiva y de esa manera allanó el camino en el que el propósito era transformar vidas. “Todos los seres humanos tienen la capacidad de aprender, lo que debemos hacer es adaptar la educación a las diferentes formas de aprendizaje”, reflexiona.

Ya en el 2009 entró a trabajar de lleno en el José Félix, como él lo llama. Son 12 años como docente de apoyo en los que el profe Misael es una luz que brilla muy alto, un maestro en todo el sentido de la palabra, el confidente de muchos estudiantes y un ejemplo de lo que se puede alcanzar con amor, talento y trabajo.

Como docente de apoyo realiza un trabajo de refuerzo en diferentes áreas del conocimiento. Por ejemplo, a los estudiantes con discapacidad visual les enseña el sistema braille para fortalecer sus competencias en lectoescritura, hace uso de herramientas pedagógicas como el ábaco para los procesos matemáticos y desarrolla actividades pedagógicas relacionadas con el uso del bastón y la ubicación de los espacios para mejorar su orientación y movilidad.

“Algo que tomó mucha fuerza desde que inició la pandemia fue la tiflotecnología, es decir el uso correcto de dispositivos tecnológicos por parte de estudiantes con discapacidad visual. Como ahora no podemos estar juntos en el salón de clases, reforzamos sus competencias tecnológicas y hemos notado que han ampliado su perspectiva y son mucho más autónomos que antes”, explica.

De otro lado, apoya a sus colegas cuando se requieren ajustes razonables, que es el concepto utilizado para adaptar un proceso pedagógico a la necesidad del estudiante.

“Por ejemplo, si una profe me dice que todo el curso debe hacer una sopa de letras, hacemos una valoración del propósito de la actividad y definimos un nuevo ejercicio para el estudiante en condición de discapacidad. Entonces, en lugar de la sopa de letras ese niño deberá escuchar un audio o leer un texto en braille. No es que no pueda aprender, es que se deben adaptar las actividades a sus necesidades”, manifiesta.

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Durante este tiempo el profe Misael también ha liderado y acompañado varios proyectos pedagógicos de los que se siente orgulloso y en los que la tecnología y el arte han sido dos enfoques fundamentales. Uno de ellos es un convenio llamado ‘Música para ver’, una iniciativa que permite fortalecer los procesos académicos de estudiantes en condición de discapacidad a través de la música.

“Es una vaina hermosa porque tengo estudiantes en condición de discapacidad múltiple que aprendieron matemáticas gracias a la música. El ritmo de una canción es pura métrica, los compases son fraccionarios, las figuras musicales tienen un valor y todo eso es matemática”, cuenta Misael emocionado.

Otro proyecto que le quita el sueño es ‘Radio Félix’, la emisora escolar que es conducida por sus estudiantes y que les brinda una oportunidad para que fortalezcan sus capacidades comunicativas. Cuenta, maravillado, que gracias a la emisora ahora estos niños y jóvenes han mejorado su expresión oral, organizan y presentan ideas con mayor facilidad y han perdido el miedo. En pocas palabras: la educación inclusiva les ofrece libertad.

Tal es el éxito de este proyecto que varios de sus pupilos actualmente estudian Comunicación social y periodismo. Muchos de ellos son quienes lo llaman, le cuentan sus experiencias y le piden consejos. Tal vez consideran que el profe Misael ha sido una persona importante en esa búsqueda de los sueños, un docente que ha logrado con creces ese propósito de transformar vidas, al fin y al cabo, esa era su motivación cuando eligió ser maestro.

Después de un par de horas, la conversación con el profe Misael terminó porque debía atender sus asuntos. Entre sus ocupaciones, no solo está la preparación de sus clases como maestro, sino también la preparación de sus clases como estudiante.

En la actualidad, junto con Carolina, está realizando un doctorado en Educación. También es magíster en Educación, músico y nadador paralímpico. Hasta el día de hoy ha sido fiel a su filosofía de vida, esa que dice que las capacidades y habilidades se desarrollan y potencian sobretodo en los momentos de dificultad

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No deja de estudiar y prepararse para brindarle a sus pelados una educación de calidad, para ser ejemplo, para motivarlos, para ofrecerles autonomía y libertad. ¿Qué otro propósito más noble que ese? ¿Qué labor más importante en una sociedad que la de ser maestro? Todo eso lo entendió el profe Misael y hoy, 34 años después de aquella visita al consultorio odontológico que le cambió la vida, sigue persiguiendo sus sueños y ayudando a sus estudiantes para que alcancen los suyos.

Conozca un poco más de la historia del profe Misael en este video

Por Ángel Andrés Aguilar Forero Fotos Juan Pablo Duarte

¡La educación en primer lugar!

 


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