Fecha de publicación: Jue, 10/02/2022 - 07:50
Las historias de los niños que regresaron a la presencialidad y pasaron de primaria a bachillerato
Sharith, Iris y Santiago, con 12 años de edad los tres, son estudiantes del colegio Técnico José Félix Restrepo ubicado en la localidad de San Cristóbal. Además de sentir la alegría del regreso a las aulas y experimentar los beneficios para su salud, viven la nueva experiencia de pasar de primaria a bachillerato con propósitos claros para su futuro.
Para sus maestros, familias y ellos mismos, volver al colegio, disfrutarlo y aprovecharlo es lo mejor que les pudo pasar, no solo para mejorar su desempeño académico sino para su salud física, emocional e intelectual.
Sharith Gómez Díaz, quien fue diagnosticada al nacer con toxoplasmosis congénita, enfermedad que desencadenó su baja visión, estrabismo y coeficiente intelectual y memoria a corto plazo, ya asiste todos los días a su colegio y con mucha efusión dice que “es una alegría, en la casa solo estaba con mi familia, aquí estoy compartiendo con mis profesores y compañeros. Para mi estar detrás de una pantalla fue difícil por el internet, a veces no escuchaba a los profesores y en mi caso no podía ver la pantalla bien por mi baja visión; ahora puedo ver mejor el tablero, entender y pedir explicación”.

Uno de los profesores que se une a esta emoción de volver y además uno de más queridos por los estudiantes del José Félix es Misael Zea León, docente hace 18 años de apoyo para la inclusión de esta institución y quien en su condición de persona ciega ha acompañado los procesos de varias generaciones de este plantel. El maestro explica que los beneficios que trae la presencialidad 100% para los estudiantes con discapacidad son múltiples.
Uno es la socialización. “Ellos vuelven a compartir con sus compañeros y los otros aprenden a convivir con ellos. Para las personas con discapacidad la labor de la escuela es fundamental porque es aprender a vivir en una sociedad donde todos somos diferentes y donde yo tengo una particularidad que me permite relacionarme con los otros de manera armónica”.
A lo anterior suma que la presencialidad permite a los maestros hacer mayor seguimiento al desempeño de los estudiantes en áreas como lectoescritura, pensamiento lógico matemático o de procesos de áreas como el Sistema Braille, utilización del ábaco, orientación y movilidad, habilidades de la vida diaria, rehabilitación visual, etc. “Volver a la presencialidad es retomar procesos académicos, cognitivos, sociales y afectivos”, dice el docente.
El profe Misael añade que en el caso de los niños de baja visión como Sharith y Santiago, si bien la virtualidad permite ampliar el tamaño de los textos, no logra los ajustes y acompañamiento que la presencialidad permite. En su concepto, “los chicos en el colegio encuentran todo el material de apoyo necesario para tener un buen desempeño y desarrollo académico”.

A Santiago Bastidas Gómez lo que más le gusta de la presencialidad es que ahora puede hablar con sus amigos en persona. “Ya no tengo que estar en un celular con el que no podía ver nada y les hace daño a mis ojos; ahora puedo estudiar, aprender y ver mejor en clase, es una gran oportunidad para mi volver al colegio”.
Cuando tenía 8 años, una dermatitis atópica en su cuerpo le causó una úlcera en las dos córneas y eso disminuyó considerablemente su visión. Después de dos cirugías recuperó el 100% de la visión en su ojo derecho, pero con el izquierdo solo ve un 50%.
El regreso a la presencialidad para estas niñas y niños llegó con una etapa importante para su vida y educación: el paso de primaria a bachillerato. “Todo empieza con una fase de adaptación, llegan a una sede mucho más grande, tienen una rotación mayor de profesores, es una manera de adaptase a situaciones reales que van a vivir en su futuro, es una etapa en la que ellos en su condición de discapacidad proyectan su vida”, cuenta el maestro Misael.
El docente explica que en primaria adquieren bases, conocimientos y aprenden procesos y en el bachillerato empiezan un ciclo de proyección.
Iris Peña Gómez, con un diagnóstico de déficit cognoscitivo leve, está experimentado ese paso y cuenta que está muy feliz, pero a la vez siente algo de temor de pasar a bachillerato. Sin embargo, le encanta la idea de tener nuevos y más profesores y conocer niños más grandes. Sueña con hacer parte de la banda de marcha tocando la trompeta.
Para Sharith el tránsito al bachillerato es un logro. “Me produce una alegría muy grande, es pasar de una sede pequeña a una más grande con compañeros más grandes, con quien puedo compartir y respetarnos”. Ella quiere ser psicóloga para ayudar a los niños, cuyas familias presentan conflictos, o ser policía de la DEA. Además, le encanta la defensa personal porque ha aprendido a defenderse de muchos riesgos en la vida.

“Se siente chévere porque puedo conocer nuevos amigos y este paso me ayuda para tener un mejor futuro, mi meta es terminar el bachillerato”, dice Santiago que considera el paso de primaria a bachillerato una etapa superada.
A él le encantan los números y por eso su materia favorita es matemáticas; en un futuro quiere ser ingeniero industrial o futbolista y uno de sus sueños es sacar a su familia adelante y ayudar a las personas que más lo necesitan.
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Por Angélica Molina Reyes
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