Fecha de publicación: Dom, 30/08/2026 - 14:32

Ismenia López demuestra que los sueños no envejecen


Su ejemplo inspira a estudiantes de todas las edades y reafirma el valor de la educación como una herramienta para transformar vidas.


A sus 92 años, Ismenia López continúa escribiendo una historia que demuestra que los sueños no tienen fecha de vencimiento. Con esfuerzo, disciplina y una profunda vocación por aprender, culminó sus estudios de educación básica secundaria en el colegio CEDID de Ciudad Bolívar y actualmente cursa la educación media para obtener el título de bachiller.

‘Monchita’, como le gusta que la llamen, no tuvo la oportunidad de estudiar cuando era niña. Desde muy pequeña fue desplazada por la violencia y, siendo muy joven, tuvo que dedicarse a trabajar para salir adelante. Durante años, el estudio quedó como una tarea pendiente, hasta que encontró la posibilidad de acceder a un programa de bachillerato flexible para personas que no habían podido estudiar y decidió comenzar su trayectoria educativa.


Colegio distrital

 

“Me siento muy contenta y agradecida con Dios porque he tenido la oportunidad de estudiar y porque profesores y compañeros me tienen mucha paciencia. Cuando vengo al colegio todos me saludan a veces me aplauden y dicen: llegó la quinceañera”, cuenta con emoción la señora Ismenia.

Su familia ha sido fundamental durante este proceso. Su hija Raquel la acompaña cada sábado al colegio, la ayuda con las tareas y permanece a su lado durante las jornadas académicas. Juntas viven esta experiencia de la educación y la hacen memorable. 

“Es increíble que mi madre a su edad quiera terminar el colegio. Su mejor motivación es la de mis hijas que están fuera del país, ellas hablan con mi madre todos los días y siempre le preguntan ¿cómo le fue en el colegio? Y ella cuenta todo lo que le pasa en la jornada. Para nosotros es una bendición y un ejemplo muy grande”, cuenta Raquel.

La dedicación de ‘Monchita’ al estudio también se vive en casa. Después de cada jornada pregunta por las tareas y se preocupa por cumplir con sus trabajos. Su hija recuerda que, cuando debía realizar actividades relacionadas con las plantas o las manualidades, organizaba cuidadosamente sus materiales y se aseguraba de terminar lo que le habían pedido.

“Ella es muy dedicada al estudio, le gusta mucho. Sale de clase pensando en llegar a la casa a hacer las tareas. Siempre está pendiente de lo que tiene que hacer. Yo me siento muy orgullosa de verla estudiar y de acompañarla en este proceso”, agrega Raquel.


mamá e hija

 

Para Ismenia, regresar a un colegio significó también cumplir otro sueño: volver a vestir un uniforme y sentirse estudiante. Al principio, cuando supo que debía utilizarlo, pensó que tendría que usar una falda y dudó si podría hacerlo. Finalmente, descubrió que se trataba de una sudadera y su familia se encargó de conseguirle el uniforme.

Desde entonces, cada sábado se prepara con entusiasmo para asistir a clases. Tiene sus útiles escolares, su maleta y todo lo necesario para continuar aprendiendo. Su hija cuenta que incluso deben organizar con anticipación sus actividades para evitar que Ismenia se levante de madrugada pensando que tiene que ir al colegio.

Durante su proceso educativo, Ismenia también ha descubierto las materias que más disfruta. La Biología está entre sus favoritas, especialmente por su interés por la naturaleza, las plantas y los animales. También disfruta el español, mientras las tablas de multiplicar y las matemáticas representan uno de los mayores desafíos que continúa enfrentando con dedicación.

Y como cualquier estudiante tiene amigas y amigos con los que comparte historias de la biblia en aula y en el descanso. Como mujer de experiencia da consejos y recomendaciones para que siempre hagan lo correcto.

Hace unos meses se graduó de básica secundaria, para ella esto representa mucho más que la obtención de un certificado académico. Es el resultado de la constancia con la que asumió cada jornada escolar, cumplió con sus responsabilidades y enfrentó los desafíos propios de regresar al colegio después de tantos años.

Ahora, con el diploma de básica secundaria en sus manos, ‘Monchita’ no ha pensado en detenerse. Por eso, continuó en el colegio, empezó grado décimo y así avanza en su propósito de convertirse en bachiller.


madre e hija

 

William Pérez, rector del colegio CEDID de Ciudad Bolívar, destaca el espíritu de superación de “Monchita” quien además es un ejemplo para muchos otros estudiantes. “En nuestra institución atendemos a aquellas poblaciones, especialmente mujeres que no pudieron culminar sus estudios, independientemente de la edad, de las circunstancias en que vivan, las ayudamos para que puedan cumplir ese sueño de terminar su trayectoria escolar, la primaria y el bachillerato. Y para nosotros, Monchita ha sido un ejemplo de superación y de admiración, un de ejemplo para toda nuestra comunidad”, afirma.

“La edad no debe ser un impedimento para estudiar, por el contrario, debe ser esa oportunidad que todos deben tener. El colegio es el lugar que nos ayuda a ser mejores y a crecer”, destaca Monchita. Por su parte, Raquel señala: “Mi madre es un ejemplo muy grande, no solamente para la familia, sino también para muchos jóvenes y niños que a veces no quieren estudiar. Mi madre es un gran ejemplo”.

La historia de Ismenia recuerda que la educación puede abrir nuevas oportunidades en cualquier etapa de la vida y que detrás de cada trayectoria educativa también hay familias que acompañan, apoyan y celebran cada logro. Su ejemplo trasciende las aulas y se convierte en una inspiración para toda la sociedad, recordando que la perseverancia y el deseo de superarse pueden derribar cualquier barrera.

 


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