Fecha de publicación: Lun, 24/07/2023 - 16:36
Santiago Páez, el egresado de colegio público de Usme y beneficiario del Fondo Fest que aspira a convertirse en el mejor estudiante del mundo
Este estudiante colombiano de 20 años fue elegido como uno de los 50 mejores del mundo por el Global Student Prize 2023. Hablamos con él acerca de su vida, sus pasiones y los logros que lo llevaron a conformar la exclusiva lista. Esta es su historia.
Cuando el profesor Vladimir Porto llegó al salón de clases y preguntó quién quería asistir a un taller de astronomía, Santiago no dudó un segundo en levantar la mano. Aunque en ese momento no sabía nada acerca de esa ciencia que estudia el universo y sus cuerpos celestes, la invitación era una buena oportunidad para salir del barrio y conocer el Planetario de Bogotá.
En ese entonces Santiago tenía 15 años y vivía en el barrio Danubio Azul de la localidad de Usme, junto con su mamá y su hermano gemelo. Oriundo de Chaparral, Tolima, había llegado a Bogotá luego de un breve paso por Villavicencio, Meta. Como a muchas familias colombianas, las necesidades, el trabajo y la vida misma los había llevado a recorrer varios pueblos y ciudades en búsqueda de un futuro más apacible.
Al arribar al Planetario, con el nerviosismo de quien se enfrenta a lo desconocido, notó que no había estudiantes de su edad y que el taller estaba dirigido solo a docentes. No le importó. Al final, como si se tratara de esas señales que solo envía el destino, terminó compartiendo aula durante tres fines de semana con un montón de buenos profesores, siendo tan solo un adolescente.
“En ese curso descubrí que eso era a lo que me quería dedicar en la vida. Yo no lo busqué, simplemente llegó a mí. La última sesión del taller fue en la Universidad Nacional y fue la primera vez que pude ver la luna desde un telescopio. Realmente esa experiencia me cambió la vida”, recuerda.
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Hoy, Santiago Páez tiene 20 años, va en decimo semestre de Licenciatura en Ciencias Naturales -ya casi es profesor, como aquellos con quienes hizo el curso de astronomía- y fue seleccionado entre los mejores 50 estudiantes del mundo por el Global Student Prize 2023, un premio dirigido a estudiantes que tengan al menos 16 años y que estén logrando un impacto real en la vida de sus compañeros y en la sociedad en general. Esta es su tercera edición.
El ganador del año pasado fue el ucraniano Igor Klymenko, un estudiante de 17 años que se trasladó a las afueras de Kiev para terminar sus estudios de secundaria y mientras tanto perfeccionó un dron detector de minas en el que había trabajado por ocho años. Todo esto lo hizo en un sótano, escondiéndose y enfrentando, a la vez, la crudeza de la guerra. A ese nivel se elevan los perfiles de los y las estudiantes que conforman esa exclusiva lista y se hacen merecedores de dicha distinción.
Santiago, por su parte, se ganó su lugar trabajando desde varios frentes para divulgar, enseñar e investigar ciencia en espacios convencionales y no convencionales, representando dignamente, y desde ya, la labor docente. Aunque todavía no se ha graduado, no tiene duda de su vocación.
“Lo primero que hay que destacar es que hemos llevado la ciencia a museos, plazas, parques principales y colegios. Hemos hecho como 13 festivales de astronomía en más de siete municipios de la sábana centro que han contado con un promedio de entre 500 a 800 personas. También hemos hecho talleres, charlas y clases en el planetario. Lo que buscamos es que la gente encuentre interés en la ciencia, que piensen de manera diferente, que piensen por un rato como un científico”, agrega.

El segundo aspecto que lo hizo merecedor a la nominación del Global Student Prize 2023 es su trabajo investigativo. Ha publicado varios artículos académicos en diferentes revistas nacionales y ha participado en coloquios, simposios y congresos tanto presenciales como virtuales.
“Desde que empecé a apasionarme por este tema de la astronomía y la ciencia no me ha gustado quedarme solo con lo que me dan en las clases. Hemos abierto semilleros de investigación, nos quedamos en las tardes o en los ‘huecos’ entre clases planeando nuestro próximo festival. También me he inscrito a cursos de verano en otros países. Me lo he tomado muy en serio”, relata, con una sonrisa modesta que se dibuja de vez en vez en su rostro.
Esa sonrisa habla mucho de él, de su prudencia, de su humildad, de su crianza. Santiago siempre habla en plural y es muy insistente en decir que todo lo que ha logrado ha sido en equipo, con la compañía de profesores y compañeros de la Universidad de la Sabana, la institución en la que estudia. No le gusta llevarse el crédito, aunque su trabajo, disciplina y pasión hayan puesto, inevitablemente, los reflectores en él.
Santiago y una vida destinada
Si hay alguien que represente la educación pública, ese es Santiago. Primero fue estudiante del colegio Manuel Murillo Toro del municipio de Chaparral en Tolima. Luego, cursó la mayor parte de la primaria en la escuela rural de esa misma institución educativa. Después, en Villavicencio, estudió en el colegio Arnulfo Briceño Contreras y, por último, en Bogotá, perteneció y se graduó del colegio oficial Fabio Lozano Simonelli, ubicado en la localidad de Usme.
Doña María Yrene, su mamá, o Mary como le dicen sus allegados, siempre se ganó la vida como modista. Su habilidad para coser, tejer o cortar le garantizó a Santiago y a sus cuatro hermanos y hermanas un techo, la comida, los uniformes, útiles escolares y todo lo necesario para llevar una vida sin lujos, pero con todas las necesidades cubiertas.
Esa misma familia siempre le insistió que tenía que estudiar. Se lo decían todos, desde que era un niño. Y siempre le pareció extraño, pues ir a la universidad no era muy común entre los suyos. De hecho, por distintas razones, nadie ha tenido la oportunidad de terminar una carrera... hasta el momento.

Al finalizar grado once no quería tomarse esos meses sabáticos que algunos jóvenes se dan al salir del colegio. Sin embargo, le faltaron algunos puntos para pasar el examen de la Universidad Nacional y tampoco tuvo suerte con el proceso de admisión de la Universidad Distrital. Por supuesto, pagar una matrícula privada tampoco era opción.
Pero nuevamente aparecieron esas señales del destino, esta vez en forma de Fondo Fest, la estrategia de Bogotá dirigida a egresados de colegios públicos y privados del Distrito para que puedan acceder a un crédito beca condonable hasta del 100% que les permita estudiar en la universidad.
“Yo me había presentado a la Universidad de la Sabana y me habían admitido, pero faltaba lo más importante: el dinero. Hice el papeleo con toda la fe del mundo para ser beneficiario del Fondo Fest, mi mamá fue mi codeudora y al final recibimos la buena noticia entre risas, saltos, abrazos, natilla y buñuelos”, recuerda con los ojos vidriosos porque por primera vez alguien de su familia tenía la oportunidad de ingresar a la universidad con la certeza de terminarla.
En el camino tuvo que abandonar la idea de ir a la excursión que con tanta ilusión había planeado con sus amigos del colegio porque se cruzaba con un curso de inglés que debía hacer como requisito para entrar a la universidad.
Al final, mientras repasaba el presente perfecto, los condicionales y los verbos en pasado, sus compañeros disfrutaban del sol ardiente y el mar fresco de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena. “Son sacrificios que hay que hacer. Me hubiera encantado estar allá, pero ahora estoy en un lugar mejor”, dice con una madurez que no parece propia de un joven de 20.
Ahora su objetivo más cercano es graduarse como licenciado en ciencias naturales. “No pienso en otra cosa que dedicarme a la academia. Quiero ser profe toda la vida y enseñar. Después quiero hacer un doctorado en astrofísica, es una obsesión para mí”, nos dice.
Y aunque le gustaría ganarse el premio, este no le quita el sueño. “Tengo una vida por delante para estudiar, crecer y aportarle al país”, finaliza. Tampoco se quiere ir de Colombia, quiere hacer investigación aquí y retribuir en Bogotá y todo el territorio nacional todo lo que ha recibido en estos últimos años. Seguramente su disciplina, convicción y talento lo llevarán al lugar que le dicte el destino, como ese día en que levantó la mano para asistir a un taller de astronomía.
Por: Ángel Andrés Aguilar Forero
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