Fecha de publicación: Vie, 28/05/2021 - 05:27
Oasis de vida
La pasión por la pedagogía de una cultura de paz, resiliencia y no repetición, llevó a Oscar Quitian, psicólogo de profesión, a diseñar un espacio físico para cambiar las historias de vida de los estudiantes del colegio Antonio Baraya por medio del diálogo y la concertación.
#MiProfeMiHéroe
Cuando Óscar llegó al colegio Antonio Baraya, ubicado en Rafael Uribe Uribe, se encontró con un panorama poco alentador en temas de convivencia. Un ambiente hostil rodeaba la comunidad educativa, con diversas problemáticas como la violencia y una escaza comunicación entre docentes y estudiantes.
Ante esta realidad, el profe Óscar, como lo llaman sus estudiantes, decidió enfrentar la situación para resolver las diferencias. En otras palabras, como docente orientador tenía que estar al frente de esta “batalla”.
Al comienzo no fue fácil, tuvo que trabajar con la comunidad estudiantil la cultura de paz a través del diálogo como el mejor camino para solucionar los conflictos. Asimismo, diseñó estrategias para ponerse en los zapatos del otro. Pero, sobre todo, hizo énfasis en los valores del respeto y la tolerancia.
El papel de mediador no era nuevo para este profe, pues desde pequeño creció en un ambiente donde era latente la pobreza y la violencia. En el barrio en el que vivía experimentó diferentes situaciones de agresiones físicas y verbales entre sus amigos. Asimismo, vivió la estigmatización de ser señalado como parte de un grupo poblacional violento que no tenía oportunidades. Sin embargo, como el mismo lo relata, “gracias a Dios logré irme de ese mundo y salir adelante”.

Por eso, encontrarse con estudiantes que eran remitidos al comité de convivencia porque se pelaban o se trataban mal, hizo que se reviviera su época de infancia. Y pensó, “tengo que hacer algo aquí, que sea verdaderamente significativo” y empezó a trabajar con estudiantes y maestros con el reto de potenciar sus valores, habilidades y capacidad de diálogo.
Enseñar: un camino para servir
Con 52 años que ya se ven en las canas, una esposa, dos hijos y una larga carrera que empezó como como psicólogo clínico en una fundación, el profe Óscar cuenta que su vocación por el trabajo comunitario se la inculcó su padre y que siempre tuvo el deseo de ser un maestro de vida para las nuevas generaciones para que construyan un mejor país.
Dos claves que lo impulsaron a cambiar las historias clínicas de sus pacientes por el ejercicio de la pedagogía y la enseñanza en los colegios oficiales de la capital.
Para ello, profundizó en su formación como académico. Además del título en Psicología de la Universidad Nacional, se especializó en docencia universitaria en la Universidad Piloto y adelantó una maestría en Educación en la Universidad de Los Andes.
Sin embargo, su “travesía pedagógica” inició en un colegio de la localidad de Ciudad Bolívar. Allí, con el apoyo de la comunidad educativa creó el proyecto ‘Ladrillos ecológicos’. Una idea de cuidado ambiental e ingeniería, centrada en cambiar las casas de cartón en la que vivían habitantes de la zona, construyendo viviendas con material reciclable.
El emprendimiento social era muy sencillo, según lo explica Quitian, “recolectar botellas y llenarlas en su interior con plástico, para luego compilarlas y así formar estructuras como las de una pared de ladrillos”. Su ejercicio sirvió para dos propósitos. Por un lado, se limpió el barrio con la recolección de botellas y plásticos y, por otro, se crearon prototipos de vivienda con estos materiales reciclables para las personas más vulnerables del sector.
Con esta experiencia, el profe Óscar reafirmó lo que buscaba en su vida profesional: estar al lado de la comunidad con iniciativas pedagógicas que ayuden a construir un futuro mejor.
Pero el destino le tenía preparado otro desafío: después de unos años, fue trasladado a la institución educativa Antonio Baraya y, desde ahí, comenzó un nuevo propósito de formación escolar para esta comunidad a través del proyecto ‘Hagamos de nuestro colegio un Oasis de vida’.
El oasis

Desde 2014, el colegio Antonio Baraya ha dado de qué hablar en el sector educativo, gracias a la cultura de paz institucional en su comunidad que se manifiesta en la sana convivencia.
El responsable de estos resultados, en buena medida, es del profe Óscar, quien construyó un ‘Oasis de vida’ dentro de la planta física del colegio. Un escenario diseñado para la resolución de conflictos y de diferentes problemáticas de convivencia: toda una estrategia de reconciliación educativa que transformó a la institución en territorio de paz.
El proyecto que lidera este docente orientador busca que el colegio sea como lugar sagrado al que se ingresa para mejorar como persona, en el que se experimentan y apropian valores de respeto, solidaridad, cuidado de la naturaleza y reflexión crítica. Con ese imaginario institucional, el profe Óscar tomó la decisión de crear un aula que permitiera el diálogo entre los actores de comunidad educativa y, de esta forma, lograr concertaciones y solucionar los conflictos.
Para materializarlo, se implementó la metodología ‘Acciones terapéuticas, comunitarias y específicas’, en la cual la comunidad realiza una acción que permita solucionar un problema. En este caso, se notó que algunos estudiantes viven en ambientes sociofamiliares con valores diferentes a los del colegio, “por ejemplo: hostigar es símbolo de poder; engañar al maestro es señal de astucia; ser vulgar es ser joven; tienden a no escuchar, no estudiar, alterar clases y pelear”, señala el profe Óscar.
Así las cosas, se inició el proyecto con aquellos estudiantes que eran remitidos al comité de convivencia y, junto a ellos, se empezó a edificar el nuevo espacio físico. “Invité a este grupo de estudiantes para construir el oasis porque cuando uno hace parte de un proyecto, lo valora y se siente orgulloso al ver el resultado”, destaca el profe.
Y agrega: “fue tanta la acogida que los estudiantes que no eran remitidos al comité, se querían unir al ejercicio de utilizar las picas y palas para ayudar a la construcción del oasis”. Asimismo, en el proceso de transformación del aula se fueron involucrando profesores, madres y padres de familia.
Al terminar la obra, la comunidad sintió esta aula como propia, un lugar hecho por ellos y para ellos. El Oasis es un espacio cuadrado de 6x6 metros, está encerrado con vidrio para que los estudiantes no sientan frío y sea acogedor. A su alrededor tiene plantas con arbolitos que lo adornan y Eugenias (flores) sembradas como enredaderas que no permiten que se vea desde afuera con el objetivo de que el sitio guarde intimidad. Desde afuera se ve como un espacio sagrado, un lugar especial.

En su interior tiene pasto sintético, por lo que el ingreso debe ser sin zapatos. Estando allí lo único que se observa el visitante es lo verde de la naturaleza, es como si la persona quedara encerrada en una caja de flores. Según la comunidad, es el escenario más bonito que tiene el colegio.
También, hay una fuente con caída de agua que simboliza y transmite la tranquilidad del lugar. Como cualquier aula, tiene sillas para los estudiantes y equipos de tecnología que apoyan las prácticas convivenciales y académicas de la institución.
Resultados con la comunidad
De acuerdo con el Óscar, “este sitio tiene una carga simbólica muy grande. Los estudiantes que entran allí, dialogan y dirimen sus diferencias, bajan la agresividad porque tienen la posibilidad de reflexionar y reconciliarse. El ambiente está adecuado para apostar por la sana convivencia, es un aula que les permite pensar con cabeza fría y abordar en sus propios pensamientos de lo que quiere hacer con su proyecto de vida”.
Es un espacio que promueve el aprendizaje colectivo para que cada miembro de la comunidad educativa pueda relacionarse de maneras cuidadosas consigo mismo y con las demás personas. Además, fortalece las relaciones de paz desde el perdón, la reconciliación y la no repetición, y con su apuesta logra educar de forma integral en el ser y el saber a la escuela y las familias.

Adicionalmente, en este lugar se adelantan talleres orientados por el profe Óscar sobre sexualidad, estrategias de estudio, prevención de drogas, convivencia escolar, habilidades sociales, entre otros temas. Estas acciones pedagógicas han cambiado las actitudes y comportamientos de los estudiantes. El espacio también se utiliza para reflexionar, solucionar conflictos, leer, meditar y dialogar: un aula viva se perfila como modelo para otros colegios.
El proyecto ha tomado tanta fuerza que generó en los estudiantes sentido de pertenencia, unidad, espíritu creativo y consecuencias positivas para la institución como la reducción de comportamientos violentos y la ansiedad. Asimismo, promueve la participación y el empoderamiento de su comunidad educativa para que sea ella la protagonista del cambio de realidad escolar en el sector.
La iniciativa ‘Oasis de vida’ hace parte de las Iniciativas Ciudadanas de Transformación de Realidades – Incitar para la paz, que lidera el Distrito en los colegios públicos de la ciudad y que viene desarrollando el Programa Integral de Educación Socioemocional, Ciudadana y Escuelas como Territorios de Paz. La propuesta de esta aula viva ha sido reconocida como una experiencia exitosa por la Alcaldía Mayor de Bogotá en sus dos últimas administraciones.
Por Giovanni Clavijo
Fotos Guillermo Hernández Zorro – Fox y archivo particular
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