Fecha de publicación: Mié, 24/11/2021 - 12:26
Los niños que celebraron el regreso a clases llevando la cultura a la calle
Desde hace 13 años el Colegio Antonio José Uribe, de la localidad de Santa Fe, realiza el festival intercultural de talentos. Este año, para celebrar el regreso a clases, la comunidad educativa se volcó a las calles para brindar arte a esta golpeada zona de Bogotá.
Las calles para llegar al colegio Antonio José Uribe son ciertamente complejas, el peligro y las adicciones son evidentes. Sin embargo, ubicado en la calle tercera de Bogotá, está el pequeño paraíso y refugio, no solo de los estudiantes y docentes del colegio, sino de los habitantes de la zona.
¡Arte, arte y más arte conforman el colegio! De hecho, desde el 2008, los docentes del Antonio José Uribe vieron la necesidad de fortalecer la parte artística en los estudiantes y dieron vida al festival de talentos, que se realiza cada octubre. Tal como menciona Ricardo Riveros, profesor de educación artística, artes plásticas y visuales, “hoy por hoy el colegio hace el énfasis en artes. Hemos hecho 13 festivales incluyendo incluso fotografía y video. Hemos ido haciendo una reforma en el currículo”.
La pandemia por covid-19 generó dolor, reflexión, pero también nuevas ideas y fortaleza. De hecho, fue a raíz del silencio y la distancia generadas por el aislamiento que decidieron llevar el festival a la calle. El 29 de octubre, la localidad se vistió de arte e incluso los grados décimo y once hicieron una muestra de los emprendimientos en que habían trabajado a lo largo del año académico. “Nos tomamos la calle cuarta, la cerramos por ambos lados y llevamos danza, música, artes plásticas y teatro”, afirma el profesor de música, Wilder Salcedo.
El colegio entero se volcó a la calle y brindó a la comunidad un espectáculo lleno de música, emprendimientos, arte y, sobre todo, una importante dosis de felicidad y de escape de la dura realidad que muchos de los habitantes de la zona deben vivir a diario.
Wilder tiene 35 años, es docente desde el 2014 y hace parte del colegio Antonio José Uribe hace tres. Es músico, pianista de profesión, y un convencido de la educación canalizada a través del arte.
Es muy consciente de la situación que se vive, no solo en el país, sino en la localidad en la que educa día tras día. “El colegio es un punto muy importante para la comunidad, sobre todo para los estudiantes. La sociedad y la vida misma es un poco difícil acá, entonces los estudiantes, tanto académica como socialmente, encuentran en el colegio un escape y punto de crecimiento. [Con el festival] queríamos decirle a la gente: aquí estamos y miren lo que pudimos hacer a pesar de haber estado encerrados en pandemia”.
Los docentes deben ver casi a diario el difícil panorama de sus estudiantes llegando sin desayunar, acostándose sin comer y haciendo parte, generalmente, de familias disfuncionales. De hecho, tal como menciona el docente Salcedo “el mismo ambiente del barrio es muy difícil y no es el mejor para que los chicos crezcan y puedan desarrollar todas sus habilidades académicas y sociales”.
Volver a la escuela para canalizar a través del arte
Wilder ha podido ser testigo de cómo el trabajo musical en sus estudiantes ha despertado, no solo emociones en ellos, sino la oportunidad de encontrar un refugio en la música y de poder mejorar sustancialmente la parte académica.
Dana, estudiante de grado segundo (202), fue parte del evento y cantó junto a sus compañeros la reconocida canción Colombia Tierra querida. Al hablar con ella sus respuestas son cortas y da la impresión de ser tímida el festival la ha transformado.
“Ella era muy tímida, quieta, callada, en su silla, no molestaba a nadie… y ahora se expresa mucho mejor, aunque sigue con respuestas cortas. Casos como el de ella se han visto varios. Tal vez es más evidente en los pequeños que en los grandes. Lo bueno es que se han podido soltar y comunicar más fácilmente”, cuenta el profe Wilder.
Las y los profesores han visto un enorme progreso porque en la pandemia, cuando la gente no podía salir y vivía del diario para poder comer, o pagar una pieza, descuidaron a sus hijos. Todo eso generó unos vacíos académicos y naturalmente emocionales y sociales, y ahora gracias a la presencialidad y alternancia, se ha podido ver el cambio positivo en la mayoría de los chicos.
Al principio había muchos estudiantes con alta probabilidad de pérdida, pero a partir de la alternancia en julio los trabajos musicales les permitieron desenvolver habilidades que no habían podido desarrollar antes.
Para el profe Wilder, regresar al colegio fue la mejor opción, especialmente porque el arte es muy práctico entonces estar en un celular o computador es muy complicado. “Nosotros, como en marzo, abril, en la época del paro trabajamos una canción, un bambuco, pero no avanzaba. Se conectaban los mismos 2 o 3 y no había avance significativo. A partir de la alternancia hubo cambio total. Para los niños venir al colegio es un escape de la realidad”.
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