Fecha de publicación: Mar, 29/06/2021 - 15:37

La mamá y activista LGBTIQ que terminó el bachillerato en un colegio oficial

Gracias a los modelos educativos flexibles, Rochi pudo culminar sus estudios de secundaria. Entre sus principales motivaciones se encuentra su hija Luna, una niña transgénero que la llevó a convertirse en una importante activista LGBTIQ. Conozca su historia.

Hasta hace tan solo cuatro años Rocío Guarín dedicaba sus días a ser ama de casa. Quedó embarazada en el 2002, cuando a penas tenía 18 años y cursaba grado noveno. A partir de ese momento su adolescencia terminó, dejó el colegio y empezó la maternidad. La experiencia más linda que ha tenido en su vida, según nos cuenta.

Hoy, Rochi, como le gusta que le llamen, es activista, tiene una familia feliz conformada por sus tres hijos y su esposo y está próxima a graduarse de bachillerato gracias a los modelos educativos flexibles de la educación oficial de Bogotá.

“A pesar de que no estudiaba hace 19 años, volver a hacer parte de un proceso académico no fue difícil. Antes no había internet, mientras que ahora uno tiene la información al alcance de un clic. Los profesores me enviaban las guías, yo las desarrollaba con la ayuda de ellos y les enviaba la evidencia. Nunca es tarde para estudiar y esto es solo el inicio”, dice.

Y como la vida real está llena de paradojas, esas que en principio no entendemos y que casi siempre se las achacamos al devenir y al destino, la decisión de volver a estudiar y de hacer activismo también se la debe a la maternidad.

Luz de Luna

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Su hija menor se llama Luna y es una niña transgénero. Cuenta que desde que empezó a hablar, a la edad de 3 años, Luna empezó a identificarse como una niña. Le pedía tanto a su familia, como a sus compañeros de jardín y de colegio, que se refirieran a ella como una hija, hermana, sobrina, nieta y compañera. Todo en femenino.

Al principio, Rochi no sabía cómo afrontar una situación que era nueva para ella. Con más dudas que certezas empezó a investigar en internet y terminó en la Fundación Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans (GAAT), un lugar en el que la orientaron y le ofrecieron las herramientas para acompañar el proceso de Luna, quien nunca recibió un reproche por parte de su familia. Por el contrario: solo recibió amor y libertad.

“Ver a mi hija tan feliz luego de que decidiéramos apoyar su proceso de tránsito me llegó al corazón y entendí que debía empezar a aportar mi granito de arena para que en nuestra sociedad se garanticen los derechos de la comunidad LGBTIQ. Entendí que debía trabajar para erradicar la discriminación y el rechazo a través de la pedagogía. Por eso entré a la Fundación GAAT y hoy soy una de sus coordinadoras voluntarias”, agrega.

Así, el tránsito de género de Luna significó una oportunidad para Rochi, quien se volvió activista. Sin embargo, a pesar de su influencia y su gran trabajo en la fundación, no se sentía preparada para llevar a cabo una labor de tanta responsabilidad.

En un encuentro con otras activistas y con el padre Iván, un sacerdote que trabaja en uno de los Centros de Atención Distrital para la Inclusión Social, Rochi entendió que debía terminar lo que dejó pendiente en el año 2002: finalizar su bachillerato.

“Entre todos me ayudaron para que encontrara un cupo y así fue como me matriculé en el colegio Externado Nacional Camilo Torres en el modelo educativo flexible. Tuve el apoyo de la Fundación Universitaria San José y estoy a menos de un mes de recibir el grado. Ya se imaginarán la felicidad que tengo”, nos cuenta.

La educación como motor de cambio

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Rochi conoce más que nadie el valor de la educación pública. Angelly, su hija mayor, es egresada de un colegio oficial del que fue personera y en el que aprendió contabilidad gracias a uno de los énfasis que ofrecía la institución. A esta lista ahora se suma Rochi. Por su parte, Juan Felipe y Luna, los más pequeños de la familia, cursan los grados sexto y cuarto, respectivamente, también en un colegio del Distrito.

Durante el proceso de tránsito de Luna, Rochi acudió a la Secretaría de Educación para recibir apoyo. La Dirección de Inclusión de la entidad le brindó todo el acompañamiento y le ofreció cupo en una Institución Educativa Distrital.

“En el colegio público recibieron a mi hija de una buena manera. Se le respetó su nombre identitario, su identidad de género y la Secretaría de Educación capacitó a la profe que iba a tener Luna. A pesar de que aún estamos empezando este camino, de que se necesita mayor pedagogía en torno a los temas LGBTIQ y que hay que sensibilizar a toda la comunidad educativa, este apoyo nos da esperanza y nos hace pensar que el respeto y la inclusión son posibles”, señala.

Ahora Rochi quiere seguir estudiando. Se postuló para recibir una beca y cumplir su sueño de ser trabajadora social o psicóloga. De esta manera, nos dice, podrá aportar más granitos de arena en ese objetivo por lograr una sociedad incluyente en la que se respete la voluntad y la libertad de los seres humanos.

Y es que la vida es una tómbola, como le cantó alguna vez Manu Chao a Maradona en un famoso documental. En el 2017, Rochi se dedicaba a las labores del hogar y, tan solo cuatro años después, su vida ha cambiado por completo gracias a Luna, a su familia y al poder transformador de la educación. 

 

Por Ángel Andrés Aguilar Forero

 

¡La educación en primer lugar!


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