Fecha de publicación: Mié, 16/12/2020 - 18:12
Deserción durante la pandemia: así la enfrentaron los colegios de la ruralidad bogotana
Jairo Ramírez es el rector de cinco instituciones rurales ubicadas en la localidad de Usme que fueron reconocidas en la ‘Gala de los Mejores’ por tener los mejores resultados en permanencia y aprobación escolar durante la pandemia. Hablamos con él acerca de su labor para alcanzar estos resultados tan positivos.
Mientras las cifras de deserción escolar alertan al país y al mundo como efecto de la pandemia, Bogotá tiene otra historia qué contar. Durante estos meses de aislamiento, más de 5 mil niñas, niños y jóvenes regresaron a clases en los colegios públicos de la capital, alcanzando así, al 30 de septiembre, la matrícula más alta en los últimos 4 años con 794.598 estudiantes.
La búsqueda casa por casa de personas desescolarizadas, la implementación del proceso de matrícula virtual y el acompañamiento a 354 colegios oficiales para prevenir la deserción escolar, fueron algunas estrategias que desplegó el Distrito para garantizar, en un año de incontables retos, la educación con calidad y bienestar.
Pero, detrás de grandes logros, siempre hay grandes seres humanos. Y, en este caso, no podrían ser otros que las maestras y los maestros.
Jairo Ramírez es uno de ellos. Es el rector de El Hato, Olarte, La Argentina, El Curubital y Los Arrayanes, cinco instituciones rurales ubicadas en la localidad de Usme que atienden estudiantes desde la primera infancia hasta el grado séptimo y que este año fueron reconocidas en la ‘Gala de los Mejores’ por tener los mejores índices en permanencia y aprobación escolar en tiempos de pandemia.
¿Cómo lo logró? Hablamos con él de esta experiencia de éxito para la educación oficial de la ciudad.
Secretaría de Educación: ¿Cuál es el balance que hace de este año atípico en los colegios en los que usted está al frente?
Jairo Ramírez: A pesar de las adversidades y de los obstáculos puedo decir con seguridad que fue un muy buen año escolar porque logramos mantener el número de estudiantes que era nuestra principal preocupación cuando inició la pandemia.
Fue un año de oportunidades. Los estudiantes aprendieron a ser más responsables, más creativos y hasta más puntuales. Hoy solo nos queda la satisfacción de haber hecho un gran trabajo y por adaptarnos a una situación para la que nadie estaba preparado.
¿Cómo logró cifras tan positivas en permanencia y aprobación escolar durante la pandemia? ¿Qué estrategia implementó?
La clave fue la adaptación. Una vez empezó la pandemia, junto con los docentes llegamos a la conclusión de que debíamos hacer un doble esfuerzo. Primero, teníamos que estar muy pendientes de cada uno de los procesos de los estudiantes para evitar fenómenos de deserción. Pero, además, era fundamental motivarlos día a día para que el trabajo en casa no se convirtiera en una pesadilla. Para ello, adaptamos el modelo educativo y al final nos dio resultados.
¿En qué consistió ese cambio del modelo educativo para mantener el interés, no solo de los estudiantes sino también de sus familias?
La primera semana de cuarentena los docentes elaboraron guías por cada materia. Para eso, por cada taller, se tenían que imprimir un montón de fotocopias por estudiante y, además, las madres y padres de familia debían desplazarse al colegio para recogerlas.
En ese momento entendimos que ese no era el camino y decidimos cambiar el modelo educativo a lo que llamamos el ‘Taller unificado’ que en su más amplio concepto significa construir conocimiento a partir de problemas de la vida cotidiana.
Entonces, definíamos un problema y los estudiantes debían abordarlo desde las diferentes áreas. Sin guías, sin fotocopias y con un acompañamiento permanente de los docentes, que acudieron a aplicaciones como Whatsapp y a las llamadas telefónicas para seguir muy de cerca el avance de cada niña y niño.
¿Por qué este ‘Taller unificado’ mantuvo el interés de los estudiantes por continuar con sus procesos académicos?
Porque no era aburrido ni acartonado. Le voy a poner un ejemplo. El primer problema que le planteamos a los estudiantes fue: ‘¿Qué incidencia tiene la pandemia en nuestra vida?’. Entonces, para la materia de español los estudiantes debían llevar a cabo una lectura sobre el coronavirus. Para matemáticas llevaban las estadísticas de los contagios, recuperados y hacían operaciones con las cifras que el gobierno daba a conocer a diario. Para ciencias profundizaban en ¿qué es un virus?, ¿qué es una bacteria?, ¿cuál es la diferencia? Para sociales debían investigar sobre la historia de las pandemias, y así sucesivamente. Eso es lo que los docentes llamamos un currículo interdisciplinario.
Pero no solo eso. También incluimos a las familias en este modelo educativo. Había ejercicios en los que los estudiantes debían ayudarle a su mamá a preparar el almuerzo o acompañar a sus papás en las labores de la finca para que después lo describieran en una hoja o grabaran un video y lo enviaran por Whatsapp a los docentes. Entonces, todo giró en torno a las actividades cotidianas, lo que generó una construcción del conocimiento a partir de realidades.
¿Qué viene ahora para el colegio que usted lidera? ¿Cómo se imagina que va a ser el 2021 y qué han planeado para el próximo año escolar?
Uno de los propósitos es fortalecer la metodología de los ‘Talleres unificados’, porque le dio una validez al postulado de nuestro modelo educativo, que es trabajar el conocimiento de una forma integral, de una forma interdisciplinaria.
Creemos que la educación debe avanzar. No es dictar las materias por separado como si fueran islas, hay que unificar el conocimiento. Con esto buscamos volver a las niñas y niños competentes para desarrollar problemas de vida. En ese orden de ideas, el año entrante continuaremos con este modelo pedagógico.
Este fue un año de profundos cambios. Las casas se convirtieron en colegios, las mamás, papás y abuelos en profesores, las clases se hicieron de manera virtual. Con todo lo vivido durante el 2020, ¿cuál fue la principal lección que le quedó a usted como docente y rector?
Yo debo reiterar que este fue un año de oportunidades. Aprovechamos la pandemia para implementar un nuevo modelo pedagógico que nos trajo muy buenos resultados. De ahí creo que la principal lección que me dejó este año atípico fue confirmar que la educación debe procurar formar al estudiante, desde la primera infancia, para que resuelva problemas de la vida cotidiana y, sobre todo, problemas emergentes.
La pandemia nos dijo que el mundo no esta quieto, el mundo tiene cambios y debemos enseñar a nuestras niñas y niños a adaptarse y a ofrecer soluciones a los problemas.
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