Fecha de publicación: Vie, 28/05/2021 - 05:41
Conjugar la vida con el verbo ‘musiquiar’
La vida de la maestra Ruby Duarte es una interminable conjugación de instrumentos y sonidos con el propósito de enamorar a sus estudiantes del diálogo, la reconciliación y el respeto. Por eso, cuando se les pregunta en qué andan, siempre responden ‘Musiquiando ando’.
#MiProfeMiHéroe
La profe Ruby lleva la música en la sangre. Su abuela, María de los Ángeles Ramírez, una mujer campesina y cafetera, se escapaba a tocar el tiple a las verbenas populares de los campos. Tocaba el tiple de manera autodidacta y cantaba torbellino. Su madre, María Leticia Ramírez, es dueña de una voz inspiradora y melodiosa.
Así que ese fue su entorno al crecer: una abuela rebelde y apasionada por los instrumentos y una madre con una dulce y armoniosa voz.

A los 12 años, siendo estudiante del colegio Nuestra Señora de Fátima, Ruby tenía en sus manos la decisión que le cambiaría la vida: a qué se dedicaría el resto de sus días.
Fue en aquel momento que apareció en su vida Fabio Martínez, quien actualmente ejerce como profesor de la Universidad Pedagógica. “Él encontró en mí un ser humano por ahí escondido que no conocía su talento. Él me descubrió”, recuerda Ruby.
En grado sexto, Ruby conoció a este profesor que, literalmente, le cambiaría la vida, en medio de un curso llamado Exploración vocacional, donde se reunían aproximadamente 55 a 60 personas.
Quizás eso fue lo que más la impactó. “Él logró verme. Un ser humano, que entra a un aula con 60 personas, logró ver a alguien allá en la última fila y me dijo: eres inmensamente talentosa, ¿qué vas a elegir? Yo me acuerdo que mi mamá me había dicho: tienes que estudiar secretariado, contabilidad o dibujo técnico para tu futuro. Él abrió mi cuaderno y recuerdo que me dijo: Dios te ungió para ser música, eres maravillosa música. Esas palabras para mí fueron un cambio”.
Ruby pasó de ser una niña tímida, introvertida e insegura a encontrarle un sentido al por qué y para qué estudiar. Ella atribuye al profesor Martínez haberle dado el regalo de la música, regalo que precisamente quiere transmitir a sus estudiantes y los integrantes del proyecto ‘Musiquiando ando’, una experiencia que tiene 210 participantes del colegio Técnico Benjamín Herrera, entre estudiantes de 3 sedes y 2 jornadas, exalumnos, jóvenes y niños de la comunidad.
Esta es una propuesta que busca que la música sea la mediadora y la plataforma para llevar a los estudiantes a encontrar aprendizajes significativos alrededor de la construcción de paz, de convivencia, que les permita desarrollar valores y competencias socioemocionales.
En 2012, la profe empezó el proyecto a raíz de una clara necesidad del colegio: la mediación de los conflictos y quiso brindar un espacio extracurricular en donde los estudiantes hicieran un buen uso del tiempo libre. “Yo vi que no existían espacios lúdicos y pensé que era una buena excusa para liderar un trabajo alrededor de la convivencia. Para mí, aunque trabajáramos en sedes diferentes, todos pertenecemos a un mismo lugar, a un mismo entorno y con un mismo contexto”, recuerda la profe Ruby.
Los problemas logísticos no se hicieron esperar, pues la escasez de instrumentos y la dificultad para recibir dotación se hacía cada vez más evidente. Sin embargo, en el año 2016, la Secretaría del Hábitat hizo una donación de alrededor de unos 90 instrumentos.
En aquel momento, Ruby vio la necesidad de buscar asistencia, pues sola no daba abasto con el ejercicio académico. Hizo la gestión interinstitucional con la Universidad Pedagógica donde presentó el proyecto ante la decanatura de la licenciatura en Música para solicitar docentes en formación y practicantes. Los nuevos integrantes entraron a un mundo de música en el que los principios dialógicos, de convivencia y vínculos afectivos entre estudiantes y docentes eran la prioridad.
Cada vez más gente se sumaba a esta iniciativa, sin importar sedes ni jornadas. El colegio Técnico Benjamín Herrera empezó a dejar de lado las riñas y a priorizar la música. Las melodías se tomaron las sedes y los corazones de estudiantes, docentes y padres de familia.
El proyecto permite a las niñas y niños explorarse y reconocerse. Tienen la posibilidad de tocar el instrumento que tengan en mente, cantar e incluso ser parte del mundo administrativo del proyecto: la prioridad debe ser la felicidad de cada uno de los estudiantes. “No me gusta que sientan que es una cosa rígida. Los niños necesitan mucha motivación y mucho cambio de dinámica porque una propuesta forzada o una camisa de fuerza es desmotivadora”, cuenta.
Ruby, los demás docentes y 210 niños que hacen parte de ‘Musiquiando ando’, se preparan por meses realizando un montaje que incluye un repertorio que se va consolidando poco a poco para, al final, hacer el ensamble de la orquesta en un solo montaje musical. “Ahí es donde realmente se refleja todo el trabajo social. Se muestra cómo cada uno de nosotros hace parte de un todo. La última vez fuimos tantos que no cabíamos en el auditorio y nos tocó buscar una cancha de fútbol para que el público pudiera acceder porque en el auditorio no cabíamos”.
Ruby Esmeralda se considera una mujer afortunada, pues a lo largo de su vida ha sido parte de importantes proyectos. Ha sido docente de la Universidad Antonio Nariño, miembro del coro de la ópera del conservatorio, pudo ser partícipe de un inmenso concierto con 600 niños en escenario en el teatro Cafam y trabajó de la mano de Antanas Mockus en el proyecto Jóvenes tejedores de sociedad, que llevó literatura, danza contemporánea y, por supuesto, música a localidades como Sumapaz y Usme.
Desde el año 2010 hace parte del Distrito y siempre ha contado con espacios en los que ha liderado propuestas de gran impacto. Se considera, en gran parte, directora coral, pues siempre ha soñado con el trabajo colectivo y mancomunado, no solo en un escenario como artista, sino como educadora y promotora de actividades en las que todos tengan una función y se sientan importantes dentro del ejercicio. Han sido muchos los trabajos que recuerda con pasión, pero definitivamente, ‘Musiquiando ando’, le ha traído enormes y gratos recuerdos y anécdotas.
Ruby tiene claro que el éxito no se mide en dinero, sino en felicidad. Por eso, la pregunta clave a sus estudiantes siempre es: ‘¿Dónde sientes que eres feliz?’. “Cuando se bajan de un escenario, les digo: ¿Cómo te sentiste? Y cuando me responden: ¡Feliz! les digo: pues este es tu lugar, sigue y serás feliz”.
La profe recuerda con especial aprecio la historia de Julieth, ya que sus padres no apoyaban su decisión de estudiar y vivir de la música. Sin embargo, Ruby siempre fue una fiel creyente del talento de su estudiante y hoy en día, afirma con orgullo, Julieth está calificada como una de las mejores sopranos del mundo, después de haber estado becada en Inglaterra, tanto en su pregrado, maestría y doctorado. “Ahora les pregunto a sus padres: ¿qué piensan? No canta en un bus, pero sí en Italia y Francia. Ellos apenas se ríen”.
Y si bien este es un caso de éxito internacional, para Ruby los casos que más llenan su corazón de alegría y satisfacción los ha visto de primera mano en los niños que hacían parte del mundo del consumo y pandillas y a quienes la música les cambió la vida.
Ruby vive con su esposo Guillermo Plazas, músico y docente, su hijo Daniel Santiago de 25 años, y su hija Ámbar Samira 4 añitos. Los 4 hacen parte del proyecto y todo este amor y gusto musical se ha dado naturalmente, pues “siento que lo que se impone no gusta”. Ruby vive feliz y rodeada de música, familia y con el corazón lleno de satisfacción al ver que su pasión ha cambiado las vidas de muchos estudiantes.
Por Vanessa Molina Fotos Guillermo Hernández Zorro - Fox
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