Fecha de publicación: Vie, 28/05/2021 - 05:20

Bodas de oro

La profe Miriam empezó a enseñar en el Distrito en el año 1971, cumpliendo el sueño que tuvo desde que era niña cuando jugaba a la profesora con sus hermanos. Hoy, 50 años después, se retira luego de haber trabajado por la educación de Bogotá y por el colegio La Gaitana, del que fue rectora desde su fundación. Esta historia es un homenaje a su vida como educadora.

#MiProfeMiHéroe

Cuando la rectora Miriam Tarquino llegó por primera vez al barrio La Gaitana en la localidad de Suba, el colegio estaba ubicado en una casa de dos pisos en la que también funcionaba la Junta de Acción Comunal.

Corría el año 1994 y, para ese entonces, el colegio solo ofrecía cuatro cursos por jornada desde el grado sexto hasta el grado noveno. La profe Miriam empezó teniendo a cargo 160 estudiantes y, 27 años después, terminó al frente de una institución con más de 2.000 alumnos.

El pasado mes de marzo le llegó la resolución que ponía fin a 50 años de vida en las aulas, cinco décadas de enseñanza, toda una vida educando. “Aunque creo que me faltaron muchas cosas por hacer, pienso que es momento de retirarme, de que llegue alguien nuevo, con otras ideas y otros liderazgos”, dice con un tono de voz que no esconde la nostalgia.

Se va y no se va, afirma rotundamente, porque, aunque oficialmente dejará de ser la rectora, seguirá muy pendiente del colegio y estará lista por si algún día la comunidad educativa requiere de su apoyo.

Todo esto me lo cuenta mientras damos una vuelta por las instalaciones del colegio La Gaitana. Lo recorre con un sentido de pertenencia inigualable. Aunque ya no está al frente de la institución, le preocupa un rayón en una puerta o la altura del césped. Los detalles para ella son importantes. Ha construido y decorado el colegio como si fuera su hogar, si es que realmente no lo es.

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Desde niña soñó con ser maestra. A los 7 años jugaba al pizarrón con sus hermanos y se creía el cuento de que ellos eran sus estudiantes. Por eso no fue casualidad que terminara su bachillerato en el Instituto Pedagógico Nacional siendo normalista.

En el año 1971 pasó el concurso para ser docente del Distrito y su primera experiencia fue como profesora de primaria de una pequeña escuela ubicada en la localidad de San Cristóbal. “Yo era tan joven para esa época que muchos de los estudiantes de la escuelita a la que llegué tenían mi edad o eran incluso mayores”, recuerda.

De esa manera inició su camino en la educación, una labor que luego realizó como maestra de secundaria en los colegios Marco Fidel Suárez y Jorge Eliécer Gaitán y, posteriormente, como coordinadora en los colegios Simón Bolívar y Laureano Gómez.

Así transcurrió su vida hasta el año 1994, cuando pasó a ser rectora sin buscarlo y gracias esas señales que solo brinda el destino. “Me llamó un amigo y me preguntó si me iba a presentar al concurso de rectores y le dije que no, que ya se estaba acabando el plazo y no tenía tiempo de alistar todo el papeleo. Al final me convenció de hacer por lo menos el intento y, contra todo pronóstico, alcancé a completar los documentos justo el día que se vencía el plazo”, relata.

Ese día hubo protestas de madres comunitarias por la avenida carrera 30, una manifestación que la dejó atrapada en un trancón minutos antes de que cerraran el banco en el que debía realizar el pago para poder presentar el concurso.

Llegó a la entidad financiera a las 3:02 minutos de la tarde, cuando ya estaba cerrada. “Me faltaron 120 segundos, pensé en ese instante. Y cuando ya me iba a ir, una persona que estaba adentro me dijo que me hacía el favor de pagarme lo que necesitaba. Le pasé el papel y la plata por ese pequeño espacio que hay entre las puertas de vidrio. Pude pagar, presentar el concurso y el resto es historia”, recuerda.

27 años al servicio del colegio La Gaitana

Hay dos temas que enorgullecen a la profe Miriam más que cualquier otra cosa. El primero es su forma de enseñar. Cuenta que en su colegio siempre estuvieron prohibidos los gritos porque los detesta.

“Cuando un estudiante cometía una falta y lo llevaban a rectoría le pedía que dibujara o escribiera algo mientras le bajaba la rabia. Al final conversábamos sobre lo ocurrido y llegábamos a acuerdos. Acá no era negociable que alguien alzara la voz. Los problemas se solucionan hablando y más desde la academia”, recuerda sentada en la silla del que fue su escritorio por 27 años.

El segundo es que vive orgullosa del colegio que ayudó a levantar con el apoyo de toda la comunidad del barrio y de la Secretaría de Educación. “Es que imagínese, llegar acá a dirigir un colegio que tenía como instalaciones la casa de la Junta de Acción Comunal. Había que hacer algo, no me podía quedar quieta”, dice.

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Por esos días del año 1994, la comunidad del barrio La Gaitana cedió el terreno de un parque para que pudieran ser construidas 10 casetas que iban a funcionar como salones de clase. De esa manera, el número de cursos se amplió a 10 por jornada y el colegio empezó a crecer.

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Sin embargo, en el año 1998 la profe Miriam y otros rectores y directores de escuelas de Suba se imaginaron un proyecto. Para ese entonces ningún colegio de la localidad ofrecía los grados de 10 y 11, por lo que decidieron proponerle a la Secretaría de Educación que el colegio La Gaitana prestara el servicio solo para esos dos grados a través de un acuerdo interinstitucional.

“La idea era que mis estudiantes fueran ubicados en colegios cercanos para que acá en La Gaitana pudiéramos recibir a los pelados de la localidad que pasaban a 10 y a 11. Así, sus familias no tendrían que ir a buscar cupo a colegios de otras localidades”, señala.

Pero para ese proyecto necesitaban un mejor colegio, uno de verdad. Aunque las casetas habían significado un cambio positivo para la comunidad educativa, la profe Miriam soñaba con una institución de carne y hueso, como ella lo llama.

Fue producto de esa necesidad de brindarle un cupo a los estudiantes de educación media que a finales de la década de los 90 empezaron las gestiones para la construcción del colegio.

“Fue de las experiencias más emocionantes porque la gente del barrio, los profesores, los estudiantes y yo, por supuesto, estábamos a la expectativa. Recuerdo que uno de los arquitectos habló conmigo y me preguntó cómo quería el colegio y eso para mí significó mucho. Nos hicieron parte de la obra y todos aportamos un grano de arena. Fue un trabajo de comunidad”, recuerda muy emocionada.

Fue así como el año 2000 no solo trajo consigo el nuevo milenio sino también un colegio de verdad para La Gaitana, ese que empezó a funcionar en una casa de dos pisos, ese que luego operó en 10 humildes casetas ubicadas en un terreno cedido por la comunidad, ese que le ofreció un espacio a los estudiantes de 10 y 11 de Suba que no tenían donde terminar su bachillerato y ese mismo que, a partir del año 2002, empezó a recibir estudiantes de todos los grados, desde preescolar hasta 11. 

 

La nostalgia del retiro

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La historia del colegio La Gaitana es la historia de la profe Miriam. Por allí han pasado varias generaciones, muchos profesores, muchas madres y padres de familia, pero ella es la única que ha estado siempre, casi desde el primer día. Vivir en esa zona de Suba y pensar en el colegio La Gaitana es pensar en Miriam Tarquino, casi como un símbolo.

Hoy, cuando está en su proceso de retiro, la nostalgia no deja de invadirla. Dice que cuando se va a recorrer las instalaciones del colegio con un café en la mano se le viene a la mente la película de su vida como educadora.

“Recuerdo mi grado de normalista, luego se me viene a la mente mi primer día como maestra en esa escuelita de San Cristóbal, mi labor como coordinadora, la odisea que fue poder presentar el concurso para rectora, llegar acá, dirigir un colegio ubicado en una casa, luego apoyar la construcción de las casetas, estar presente en la construcción de la primera sede, su inauguración, ver la primera promoción de graduados y todos estos años trabajando por los estudiantes del sector”, expresa.

Han sido 50 años de trabajo, de amor y de pasión por la educación. Han sido cinco décadas de logros, obstáculos y mucha felicidad. Dice que no se arrepiente de nada y que todo valió la pena. Se va orgullosa del colegio que ayudó a levantar con mucho esfuerzo y del equipo humano que conformó.

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“Me voy tranquila porque el colegio queda en buenas manos. Queda en manos de familias comprometidas, de estudiantes magníficos y de maravillosos profesores, educadores sensibles que han sufrido con la pandemia por no poder ver y sentir a los chicos en las aulas de clase, pero que están haciendo su mejor trabajo y serán fundamentales para que el colegio siga creciendo como ha ocurrido desde el año 94”, reflexiona.

De esta manera terminan dos historias: la que usted acaba de leer y la de la profe Miriam Tarquino al frente del colegio La Gaitana. Este es un homenaje a su vida como docente, a su trayectoria, a su trabajo y a su entrega de 50 años por la educación de Bogotá. Gracias profe a usted y a todos los maestros por una labor tan noble, sin lugar a dudas son los verdaderos héroes de nuestra sociedad.

Por Ángel Andrés Aguilar Forero

Fotos Juan Pablo Duarte y archivo particular

¡La educación en primer lugar!


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