Fecha de publicación: Lun, 30/11/2020 - 19:22

‘Del revés al encuentro’, el proyecto de una profe de Bogotá para sanar las heridas del conflicto

Tadiana Escorcia es la mente detrás de esta iniciativa que cambió al colegio José Asunción Silva y al barrio Quirigua. Su experiencia fue reconocida en el marco de la Misión de Educadores y Sabiduría Ciudadana.

Tadiana Escorcia supo, desde sus 4 años, cuando jugaba con sus muñecas, que su sueño y proyecto de vida era la docencia. Siempre quiso ser normalista y, a sus 16 años, luego de haberse graduado, empezó a su recorrido profesional siendo maestra de preescolar.

Estudió la licenciatura en Psicología y Pedagogía en la Universidad Pedagógica Nacional y, al graduarse, consiguió trabajar como orientadora escolar. Desde el año 1999 hace parte del Distrito, pero fue hasta el año 2015 que llegó a ser parte de la comunidad del colegio José Asunción Silva, donde observó cómo algunas niñas y niños, pertenecientes a diversas comunidades, como afrocolombianos, indígenas y campesinos, no eran reconocidos.

Decidió iniciar una investigación horizontal junto a una de sus compañeras maestras, en la que invitaron a dos cursos y a los respectivos padres de familia. Además, realizaron una consulta en la que encontraron que más del 54 % de toda la sede estaba conformada por estudiantes desplazados.

Con esta información, pidieron a las familias contar sus respectivas experiencias y notaron que había una serie de vulneraciones, destierros y desarraigos, que condujeron a Tadiana y los demás profes, a buscar la forma de plantear la escuela de una manera diferente.

 

Uno de los puntos quizás más cruciales, fue notar que estas familias habían vivido un desarraigo, no solo territorial, sino que estaban atravesando por uno cultural. Sus costumbres se perdían y estaban acomodándose a una nueva y completamente diferente a la propia.

Así que Tadiana y sus demás compañeros pensaron en cómo integrar estas importantes tradiciones y mostrar a las niñas y niños la importancia de sus raíces. Fue así como los mismos padres de familia asumieron el rol de “sabedores”. Las familias se convirtieron en un elemento fundamental, pues compartían y contaban a los niños saberes en torno a la naturaleza, gastronomía, artesanías y oralitura.

Identidad cultural

Los estudiantes empezaron a fortalecer sus procesos comunicativos, cognitivos y potenciaron su identidad cultural. Además, a identificarse y entender de dónde venían y qué los relacionaba con cada una de sus raíces. “El niño campesino decía: yo soy campesino porque mi papá labra la tierra, él sabe cosechar”.

Otro de los grandes problemas que identificaron en el colegio fue el del racismo. “Alguno de los estudiantes afro me dijo un día: ‘profe a mí no me gusta mi color de piel’. A raíz de esto, los ejercicios de socialización con los padres de familia e incluso abuelos, ayudaron a las niñas y niños a cambiar su perspectiva y se formó un equipo que se socializó con diferentes cursos y que desencadenó en un trabajo en comunidad.

Este proyecto tenía un objetivo muy claro: darles voz a todos. El proceso de consolidación duró aproximadamente 2 años y hoy se conoce como Del revés al encuentro.

Una exitosa iniciativa que, en 2017, recibió el Premio a la Investigación y la Innovación que entregan la Secretaría de Educación en alianza con el Instituto para la Investigación Educativa y Desarrollo Pedagógico (IDEP) y el premio Martha Arango. En 2018 fue reconocida como una de las mejores escuelas cultoras de paz pues, poco a poco, a través del proyecto, las familias comenzaron a sanar las heridas del conflicto armado interno e, incluso, de las violencias vividas en el hogar.  

Cada vez más profesores decidieron unirse y el pequeño proyecto que Tadiana empezó a construir para sanar a unos pocos, se convirtió en una iniciativa intercultural para toda la institución en la sede de primera infancia.

Artesanal

Y es que este proyecto no solo generó un cambio en la vida de las niñas y niños del colegio, sino del barrio completo. “Al lado de la escuela había un parque que conseguimos que, entre semana, fuera utilizado por la escuela”. La propuesta era ambiciosa, pues lo que quisieron fue construir una casa ancestral o maloca, para restituir a una familia wayuu que se había invisibilizado de diversas formas.

Fueron los mismos padres de familia los encargados de conseguir los materiales y los sábados se empezó a trabajar en la construcción de la maloca. Hoy en día, ese espacio, que antes era de cemento, está lleno de plantas y se ha convertido en un territorio propio, tanto para las familias como para los estudiantes. Allí tejen la palabra, cosen y han aprendido incluso el significado de las trenzas.

Además, el espacio se ha convertido en un lugar de paz y de resolución de conflictos, pues se creó el “círculo de la palabra”, donde se dialoga y se busca solución a cualquier tipo de conflicto existente. Con la comunidad, se empezó a trabajar en ese proceso de sanación, pues el parque se convirtió en el lugar de recreación y esparcimiento para la comunidad.

Tadiana tiene una especialización en Orientación Educativa y en 2015 hizo una maestría en la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad de Antioquia en Estudios en infancias. Sin embargo, su más grande satisfacción ha sido sanar miles de historias y pasados que habían sido invisibilizados durante tantos años y crear en un espacio de sanación, perdón, reconciliación y unión.

¡La educación en primer lugar!


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