Fecha de publicación: Lun, 30/11/2020 - 08:40

10 recomendaciones para fortalecer la salud metal y el bienestar emocional de niñas, niños y jóvenes

Las actuales circunstancias de cambio en las rutinas y hábitos por efecto de la pandemia por covid – 19, demuestran la importancia de volver la mirada a un tema de alta prioridad para las familias y las comunidades educativas: el bienestar socioemocional.

La Secretaría de Educación, en alianza con la Universidad Nacional, adelanta un estudio de caracterización para conocer la situación de la salud mental y bienestar psicosocial de niñas, niños y jóvenes de la capital durante el asilamiento. Esta población fue y continúa siendo una de la más afectadas por la suspensión de clases presenciales. 
La caracterización sobre el bienestar emocional se realizó a través de una encuesta que respondieron estudiantes de secundaria y media, así como madres y padres de niñas y niños de preescolar y primaria. En total, fueron 10.462 muestras que evidencian los impactos emocionales del aislamiento preventivo.

Algunos de los resultados muestran que más del 60 % de los estudiantes sentían alegría, motivación y tranquilidad por estar casa y con su familia. Prueba de ello es que la mayoría disfrutó el tiempo en familia y fortaleció los vínculos afectivos. Sin embargo, el confinamiento también incentivó otras expresiones emocionales.

De acuerdo con el estudio, algunos estudiantes manifestaron sentirse aburridos, desmotivados, cansados, sin energía, con el temor a estar solos y angustiados por el futuro. Asimismo, experimentaron dificultades en la atención y concentración, problemas para dormir, desmotivación hacia el cuidado y presentación personal, así como tristeza por el distanciamiento que tuvieron con sus amigos, entre otros resultados.

Frente a esta realidad, surgen varios interrogantes. ¿Qué espacios se deben fortalecer para cuidarlos? ¿Cuáles serían buenas prácticas para el autocuidado y el cuidado común? ¿Cómo mejorar la salud metal y el bienestar emocional de los estudiantes? ¿Cómo generar ambientes saludables? 

La familia es uno de los ejes principales para robustecer los vínculos afectivos y promover educación socioemocional, allí se pueden promover diferentes “recetas mágicas” que contribuyen al bienestar. Por eso, diferentes expertos en el tema, comparten 10 recomendaciones para fortalecer la salud metal y el bienestar emocional de niñas, niños y jóvenes. Conózcalas.

Maestra y estudiantes

1.    Compartir tiempo real

Es importante compartir los alimentos juntos en el hogar, así como desarrollar proyectos-actividades en común (que interesen a todos los miembros). De igual forma, hacer trabajo colaborativo para atender los oficios de la casa.

2.    Tomar decisiones en conjunto

Es fundamental escuchar los sentimientos, opiniones y expectativas de niñas y niños. Para Daniel Tobón, médico y director de Escalando Salud y Bienestar, “a partir de la escucha se establecen acuerdos en el que cada miembro comprende la situación actual y evita imponer puntos de vista”. Los horarios y las rutinas se flexibilizan, reconociendo las preferencias de cada uno, su estado emocional y sus necesidades.

3.    Comunicarse de manera afectiva y efectiva

Esta capacidad implica el intercambio de opiniones, deseos, propuestas, sentires y saberes para construir y transformarse a partir de la conversación. De acuerdo con las recomendaciones dadas en el ciclo de conversaciones sobre salud mental adelantado por la Secretaría de Educación, “en el espacio de comunicación están presentes la curiosidad, la apertura, la flexibilidad, el asertividad y el cuidado”. Por eso, comunicarse es fundamental para el empoderamiento y la transformación de realidades.

Por su parte, Rafael Cendales, psicólogo y experto en Gestión del Conocimiento de Red PaPaz, señala que se debe proporcionar información clara y sencilla, adaptada a la edad, “en estas circunstancias de pandemia, de picos que suben y que bajan, de situaciones económicas difíciles, padres, madres y cuidadores deben evitar hablar de rumores o de información que no tienen verificada. Esto genera ansiedad en las niñas y niños y en toda la familia”.

4.    Tener espacios diferenciados para trabajar y estudiar entre los miembros de la familia 

De acuerdo con los expertos, se deben generar rutinas y pautas que permitan al estudiante tener unas expectativas muy claras con respecto a lo que sucede en el día a día. Esos patrones se materializan en las rutinas cotidianas y permiten en los estudiantes tener seguridad de saber: qué es lo que va a pasar, adelantarse y anticiparse a posibles acciones, y reducir la ansiedad. Otro aspecto importante de los espacios, es que permite no estar “encima” de los demás y cada uno está dedicado a los suyo.

5.    Tomar tiempo para descansar 

Además de dormir, elegir actividades que proporcionen bienestar y paz al cuerpo y la mente: bailar, escuchar música, ver una película, dejar pasar el tiempo sin hacer nada en particular, respetando las preferencias de cada uno. Es primordial respetar el tiempo de sueño, tener rutinas, espacios y horarios de sueño.

6.    Hablar de las emociones de manera tranquila y amable

Hay que estar atento a las preocupaciones de niñas y niños, ayudarlos a encontrar formas positivas para expresar los sentimientos. Apoyarlos, desde muy pequeños, a reconocer cuál es la emoción, a ponerle un nombre, a identificar de dónde y por qué resulta, validarla y utilizarla como un espacio hacia la reflexión sobre el desarrollo.

“Se debe dialogar tranquilamente evitando ‘satanizar’ alguna emoción. Las emociones son como mensajeros que nos vienen a entregar un mensaje y, por lo tanto, se deben atender”, destaca el médico Tobón. 

7.    Realizar actividad física en familia

Este escenario ayuda a unir a la familia, pero también a desestresarse, liberar tensiones y favorecer la salud física y mental.

8.    Establecer horarios para las rutinas en casa

El trabajo y el estudio no lo son todo. También se debe destinar tiempo para descansar, divertirse, leer, cocinar, entre otras actividades. “Es necesario incluir espacios para jugar, así como para aprender y relajarse, que puedan identificar situaciones en las que estén concentrados, como en las actividades escolares que tienen. Pero, también, hay unos espacios que en el que pueden estar desconectados de la pantalla, tranquilos, relajados, aprovechando para jugar y divertirse”, comenta Cendales. 

9.    Buscar ayuda cuando es necesario. 

Atender las necesidades de salud física, emocional de las personas, a veces, implica buscar ayuda. Y es mejor hacerlo de manera temprana. Las familias deben hacer uso de los recursos (como líneas de atención) de organizaciones sociales o públicas para atender estas necesidades.

También, es importante autocuidarse. En el ciclo de conversaciones sobre salud mental adelantado por la Secretaría de Educación, se enfatizó en hacer todo lo que esté a nuestro alcance para promover la salud mental y física. Es clave regalarse tiempo para reconocerse. Hay que aprender acerca de cómo se vive cada emoción. ¿Qué me altera? ¿Qué me ayuda a tranquilizar? ¿De qué forma comunico lo que estoy sintiendo? Preguntas para aprender a gestionar las propias emociones.

10.    Generar alianzas entre el colegio y las familias 

El gana-gana de esta unión, es la de promover entornos seguros, saludables y protectores, que tengan en el centro el autocuidado y el cuidado mutuo. Esto implica que el estudiante debe reconocer y gestionar las propias emociones, así como la capacidad de gestionar los conflictos que se presentan de manera cotidiana como oportunidades de aprendizaje.

Para el regreso de clases en 2021, los expertos recomiendan entornos educativos seguros y protectores para las y los estudiantes y docentes, que favorezcan la salud, el bienestar social, emocional y físico, así como el establecimiento de horarios y rutinas.

La entrada de nuevo al entorno escolar tendrá muchos cambios, vivirán otro espacio novedoso y tendrán diferentes horarios de clase. “Esto puede generar alteraciones, por eso, es importante reconocer, validar, acompañar y empezar a generar rutinas seguras y consistentes que ayuden a los estudiantes a disminuir la incertidumbre y ansiedad”, concluye Cendales.

¡La educación en primer lugar!
 

 


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