Fecha de publicación: Mié, 18/02/2015 - 15:54
APRENDER LO QUE QUIERES Y TE GUSTA: EN BOGOTÁ EL SUEÑO YA ES UNA REALIDAD
La educación pública de la capital es pionera en una experiencia que les permite a los jóvenes de 10º y 11º ir tras sus sueños y moverse por distintos colegios aprender lo que les interesa. Escoger: una palabra que para ellos es sinónimo de ser libres.
Desde hace tres años, cientos de jóvenes han sido testigos de la trasformación de la educación media en los colegios oficiales de Bogotá. Las historias de estos futuros profesionales solo se podrían resumir en las palabras “educación para la buena vida”.
¿Por qué? Porque ahora pueden elegir lo que quieren aprender para emprender su camino hacia la vida profesional. Lo que les gusta, los entusiasma y los mueve. Este es el fin que persigue la actual política educativa de Bogotá que ofrece formación integral para el saber, pero también el ser.
Pero hay todavía más para estos futuros profesionales. En la ciudad, 276 colegios oficiales ya ofrecen a los jóvenes de 10º y 11º un modelo de educación integral, diversa y homologable con la educación superior. Pero la experiencia que vive la localidad Rafael Uribe Uribe de Bogotá es realmente única.
Cuatro colegios públicos se articularon para ofrecer a sus estudiantes una amplia variedad de énfasis vocacionales, en la que los jóvenes van a donde está lo que les interesa: mecánica automotriz, tecnología, finanzas, deportes o arte. En elegir está el placer.
Este proyecto, conocido como ‘Circulación Interinstitucional’, corrobora que “la educación sucede cuando responde a los intereses de los seres humanos” como afirma el Secretario de Educación del Distrito, Óscar Sánchez. “Uno aprende lo que le gusta y lo que le interesa. Por lo tanto, es indispensable que las niñas, niños y jóvenes tengan acceso a una educación basada en la realidad” agrega el alto funcionario.
Tal ha sido el impacto del programa de circulación en los 13 barrios que participan en este proyecto piloto, que cada vez son más los colegios que manifiestan su interés de unirse: hoy ya son 7 instituciones las que ofrecen formación para la buena vida.
Esta son algunas historias de estudiantes que cumplen su sueño de hacer lo que quieren hacer.
Nicolás y la biónica, un compromiso social
A Nicolás Arrieta le encantan las matemáticas y sueña con aprender a ponerlas al servicio del ser humano. Quiere ayudar a su primo, quien sufre de una enfermedad que día a día le afecta la movilidad de sus piernas.
Aunque su colegio, el Restrepo Millán, ofrece 4 énfasis a sus estudiantes, ninguno se adapta a los intereses de Nicolás, un estudiante cuya personalidad, su aspecto impecable y su voz grave y pausada, lo develan como un joven que sabe muy bien lo que quiere para su futuro.
Él no duda en afirmar que su sueño hubiera tenido un vacío de dos años, de no ser porque en grado 9º asistió a una feria educativa (que organizan los colegios articulados en el programa de circulación), en la cual se enteró de que sus expectativas se podían cumplir en el colegio Manuel del Socorro Rodríguez, una institución pública que queda a apenas 5 cuadras de la suya.
Allí se inscribió en el énfasis de ‘Mantenimiento de automatismos industriales’, un área muy cercana a la Mecatrónica, con la que aprende a programar objetos físicos con base en funciones que se envían desde un computador. Es decir, está teniendo su primer contacto con el mundo de la robótica.
Su primera gran satisfacción llegó después de programar la secuencia de una pista de carros que transitan bajo órdenes codificadas previamente en un computador. Para este y otros proyectos en los que se ha embarcado junto a jóvenes de diversos colegios, aprendió a utilizar programas como Solid Works, MP LAB y Proteus.
“Estoy construyendo mi sueño de ser un ingeniero mecatrónico”, afirma este estudiante quien cree que el éxito del programa es que asisten las personas que verdaderamente quieren recibir estos conocimientos. “Estudiar por placer, no por obligación, así es que se forman las personas”, sostiene Nicolás.
Es muy probable que en unos años Nicolás esté trabajando en un laboratorio de ciencia y tecnología, creando piernas y brazos robóticos, microchips que reestablezcan funciones perdidas por el cerebro, o toda suerte de objetos electrónicos que le hagan la vida más fácil a personas como su primo.

Según datos de la Dirección de Educación Media y Superior de la Secretaría de Educación del Distrito, de los 388 colegios públicos de Bogotá, 276 cuentan con programas de Educación Media Fortalecida, que se desarrollan durante los grados 10º y 11º, y permiten a los estudiantes acumular créditos homologables en el SENA o en universidades adscritas al Pacto por la Educación Superior.
De los 22 colegios distritales de la localidad Rafael Uribe Uribe, 20 ofrecen Media Fortalecida y son cada vez más los interesados en entrar al programa de Circulación Interinstitucional. La oferta académica se maneja a través del SENA y otras Instituciones de Educación Superior que, en la mayoría de los casos, asignan los docentes a los programas que se dictan en los colegios.
De acuerdo con Manuel Tabares, referente de Educación Media Fortalecida de la SED para esa localidad, lo más complejo de poner a los estudiantes a circular entre colegios era la adaptación de Proyectos Educativos Institucionales diversos y de los manuales de convivencia.
“El chico debe acogerse a la normativa del otro colegio”, explica Tabares, quien asegura que al final el interés del estudiante por ir en contra jornada a estudiar lo que le gusta, fue más fuerte que la idea de aceptar algunas reglas del nuevo colegio.
Jean Paul y la recreación, una cuestión actitud
El carácter aplomado de Nicolás contrasta con la personalidad extrovertida de Jean Paul Martínez, otro de sus compañeros del colegio Restrepo Millán que hace su énfasis en el Manuel del Socorro Rodríguez pero, en este caso, en el programa de ‘Recreación’.
Jean Paul practica taekwondo y las tardes en las que no está entrenando, está cursando las materias de su énfasis. Escogió Recreación porque le gusta manejar grupos, dirigir actividades deportivas y trabajar con niños. Después de un año de clases, aprendió a utilizar el timbre de su voz de acuerdo con cada público que debe dirigir; a manipular pinturas corporales para actividades lúdicas, y a mantener a la gente enganchada con cada actividad grupal.

Jean Paul es una persona sociable por lo cual la experiencia de asistir a otro colegio, al contrario de generarle timidez, la tomó como la oportunidad de conocer personas y hacer nuevos amigos.
Ahora que está en grado 11º, enfoca sus energías en graduarse como tecnólogo en recreación en el SENA. Para eso, solo le faltaría un semestre después de graduarse. También piensa entrenar fuerte para ganar su cinturón negro y destacarse en torneos de taekwondo que le permitan sumar puntos y llegar a unos Juegos Olímpicos.
Para la profesora Ángela Prieto, coordinadora de Media Fortalecida del colegio Antonio Baraya, la circulación de estudiantes ha marcado un hito en sus relaciones sociales, al punto en que se ha convertido en un factor que derrumba lo que llama ‘las fronteras invisibles’. “Teníamos miedo de que se presentaran conflictos, que el programa fuera un limitante, pero al contrario: ha sido una oportunidad para unir los colegios”, explica la docente.
Actualmente, el programa de Circulación Interinstitucional impacta la vida de 789 estudiantes de grado 10º, de los cuales 255 optaron por la oferta de énfasis de otro colegio; y a 651 estudiantes de grado 11º de los cuales 120 continuaron con sus énfasis vocacionales en una institución distinta a la suya, en los 7 colegios inscritos. Allí tienen la posibilidad de escoger entre 18 programas distintos a los cuales asisten, en contra jornada, antes o después de cursar las materias básicas en su colegio de origen.
Jorge, Kevin y la tecnología: inseparables
Jorge Mayorga y Kevin Guerrero son amigos de barrio, amigos de colegio y, ahora, compañeros en el énfasis de ‘Desarrollo de software’, al cual asisten en el colegio República de los EE. UU. de América. Ellos estudian en el colegio Antonio Baraya, en la jornada de la tarde, y tres días por semana caminan las 10 cuadras de distancia que hay entre los dos colegios para asistir a su énfasis.
Ambos viven en el Perdomo, un barrio ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar, por lo que deben salir temprano en la mañana, para llegar puntuales a las clases del énfasis. Según Kevin, los profesores del SENA son muy estrictos con la puntualidad, pues les inculcan que es algo fundamental en el ambiente laboral.
Jorge tiene gran afinidad con los computadores y por eso, está metido de lleno en las clases de programación. Kevin, en cambio, nunca fue muy bueno con los computadores, pero quería fortalecer esa debilidad.
Para estos dos amigos que sueñan con ser ingenieros, al comienzo fue raro recibir clases en un salón donde los uniformes de los alumnos son distintos. En las primeras clases, el salón se dividió cual estadio de fútbol, entre mitades con camisetas distintas. Al cabo de un mes, todos se mezclaron y se abrió una oportunidad para hacer nuevos amigos.
El rostro de Kevin es el de un joven feliz. Se volvió bueno en algo que antes no entendía y ésa, para él, es una razón poderosa para demostrarse a sí mismo que puede continuar con una carrera universitaria.
Jorge ratificó su gusto y explica que a lo largo de grado 10º, en el que cursaron su primer año de énfasis, han avanzado en el aprendizaje del lenguaje HTML, lenguaje de casos de uso y lenguaje UML, los tres pilares de la programación en Java, herramienta digital que utilizaron para crear un juego de video de cartas.
Ninguno cree que el mayor esfuerzo esté en el tema de desplazamiento. Aunque se demoran más de una hora en atravesar dos localidades para llegar a clases, entre los colegios en los que ven el núcleo básico y el énfasis, hay apenas 10 minutos de camino. “No le vemos problema a ese tema, no le prestamos importancia al trancón. Hacemos lo que nos gusta que es lo importante”, afirma Kevin con la certeza de que pronto se graduará, obtendrá su grado como tecnólogo y podrá trabajar para costearse su carrera universitaria.
De acuerdo con Yesid Pinzón coordinador del programa en el colegio Manuel del Socorro Rodríguez, la Circulación Interinstitucional se convirtió en una alternativa para combatir el ausentismo y la deserción estudiantil.
Ofrecer a los estudiantes diversidad de opciones y la posibilidad de explorar nuevos espacios que hacen mella en la rutina escolar, los mantiene conectados con sus sueños. “Ahora, los chicos calculan su proyecto de vida a 5 o 6 años después del bachillerato y eso es un cambio de chip”, argumenta el profesor.
Carol y las finanzas, el sueño de una emprendedora
Desde pequeña, Carol Sanabria creció observando a los trabajadores pegando suelas, cortando cuero, armando moldes y sacando botas y botines para diversos almacenes de zapatos. La fábrica de botas de su familia es el lugar donde tiene puestos sus objetivos futuros.
Ya tiene un aire de empresaria: seria y elegante, esta joven que cursa grado 11º en el Antonio Baraya, es la única de su colegio que tomó el énfasis de ‘Contabilización de Operaciones Comerciales y Financieras’ que ofrece el colegio Quiroga Alianza.
Reconoce que al comienzo le costó adaptarse porque llegó a un salón en el que nadie la conocía, pero esta chica de 16 años es bastante centrada como para pensar que el miedo a lo desconocido desestabilizaría su proyecto de iniciar su carrera. Porque para ella, el énfasis es eso: el inicio de una carrera que, después del tecnólogo, continuará con sus estudios universitarios en comercio y relaciones internacionales, para luego centrarse en incrementar la producción de la fábrica familiar.
La sensación de soledad solo duró un par de días porque la misma dinámica de las clases, requerían de trabajo en equipo. Los docentes les pidieron que formaran empresas y ella, junto a jóvenes de otros colegios, formaron una empresa de tecnología.
La idea es que al graduarse, Carol y sus compañeros tengan los conocimientos suficientes para montar una empresa. “Hemos aprendido desde cosas básicas como sacar una factura, hasta cosas más complejas como el registro en Cámara de comercio, los trámites para la razón social y elementos de productividad”, explica Carol, quien al cabo de su primer año de énfasis, está totalmente encarrilada con la actividad a la que quiere dedicarse el resto de su vida.
María Camila y la danza, historia de amor y vocación
El salón de los espejos es el sitio más amado por María Camila Tovar, Ana María Roso y sus compañeras del énfasis de ‘Danza’. Ellas se quedaron en su colegio, el Restrepo Millán, aunque desde este año, ese énfasis está abierto para estudiantes de los otros colegios del proyecto de circulación que quieran tomarlo.
Ellas bailan y practican coreografías tres veces por semana en el énfasis y utilizan su tiempo libre para practicar movimientos y reforzar las sesiones de estiramiento. Como el colegio se especializa en artes, aseguran que son más de 50 los bailes que han aprendido a lo largo de todo el bachillerato, pero casi la mitad de ellos, desde que optaron por el énfasis dentro de la Media Fortalecida.
De esa diversidad de bailes folclóricos, a María Camila le encantan los ritmos del caribe y las cumbias, porque para ella, exaltan la belleza de la mujer. Ana María prefiere los ritmos afro del pacífico por la fuerza de los movimientos, y el bambuco por la elegancia de las posturas y la conexión que crea en las parejas de baile.
También aprendieron a bailar ballet lo cual les ha dado gran flexibilidad y excelente estado físico. Ahora que están cerca de graduarse, esperan que esta sea la puerta para ingresar a compañías artísticas en las que puedan entregar los conocimientos adquiridos y vivir de bailar. “Esto para mí es una inversión. No es solo bailar por bailar, sino proyectarme para el futuro”, afirma María Camila, mientras recoge su trusa y los vestidos del ensayo que acaba de finalizar.

Son muchas las historias que, como las de Nicolás, Jorge, Kevin o Carol, siguen su curso en los salones y espacios de estos colegios oficiales que hoy gradúan estudiantes felices. Porque, en la mayoría de los casos, los jóvenes tienen claro su futuro, o por lo menos herramientas para conseguir sus objetivos.
“Ya tenemos claro que la circulación debe realizarse dentro de las localidades para que los estudiantes no queden lejos de sus casas y colegios”, afirma Manuel Tabares, quien resalta que es un enorme desafío extender esta experiencia, pero un desafío educativo que la ciudad debe asumir.
Por David Amaya Alfonso
Fotos Julio Barrera
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