Fecha de publicación: Lun, 30/03/2015 - 09:10
MUSICOTERAPIA: LAS DULCES NOTAS DE LA PROFE MARTHA
En el colegio distrital Juan Evangelista Gómez, Martha Patricia Moya encontró en las melodías una ‘receta mágica’ de enseñanza que ya ha sido reconocida internacionalmente. Conozca cómo ‘suena’ la historia de una orgullosamente maestra e investigadora de la educación pública de Bogotá.
Unos cuantos acordes de guitarra llaman a la calma a un grupo de pequeños estudiantes que revolotean sin descanso por entre las mesas de su salón de clase. Lentamente, la melodía apacigua el ruido infantil y le da paso a la dulce voz de Martha Patricia Moya, la profe que enseña español al ritmo de la música.
“La música y el lenguaje se parecen mucho”, dice esta docente del colegio Juan Evangelista Gómez de la localidad de San Cristóbal que desde hace más de 4 años unió su amor por la música y el compromiso con su trabajo para desarrollar un proyecto de aula que le permitiera mejorar las falencias de lectoescritura de los estudiantes de primero de primaria, y de paso ampliara sus conocimientos académicos y espectro laboral.
La solución a este reto la encontró en la musicoterapia, una disciplina que hace de las experiencias musicales un método terapéutico para desarrollar, potenciar o restablecer habilidades físicas, emocionales, psíquicas, sensoriales, sociales y cognitivas del ser humano.
La ‘magia’ de la musicoterapia
“Una persona que tiene problemas para leer, tiene problemas con el ritmo. Por eso cuando aprenden a llevar el compás en una canción también empiezan a leer con mayor fluidez – explica Martha –. Lo mismo ocurre con la melodía y la semántica porque así como la primera organiza sonidos, la segunda hace lo mismo pero con palabras”.
Como lo señala Álvaro Enrique Ramírez, psicólogo, músico y uno de los fundadores del Programa de Maestría en Musicoterapia de la Universidad Nacional, si bien la música por sí sola influye positivamente en los niños, la musicoterapia brinda herramientas extra en procesos de atención, memoria, lenguaje y percepción.
“En primer lugar, es necesario que el maestro tenga formación acreditada como musicoterapeuta. No basta con sólo ser docente de música”, asegura Ramírez, quien también hace parte del equipo Música y Salud, un grupo de avezados expertos que buscan favorecer el desarrollo de la musicoterapia en el país.
Para este profesional que conoce de cerca el trabajo de la profesora Martha Patricia Moya, es enriquecedor que los docentes de la ciudad y del país se interesen por este tipo de temas y por seguir formándose profesionalmente.
“Al ser director de tesis de maestría de Martha Patricia, quien para este trabajo presentó la experiencia que adelanta con sus estudiantes en el Juan Evangelista Gómez, pienso que esta estrategia de mejoramiento de lectoescritra de esta excelente docente, música e instrumentista debe ser replicada en otras instituciones, pues ha demostrado sus enormes beneficios”, dice Ramirez.
Dichos beneficios los corrobora Kevin Franco, un pequeño de 6 años que en la clase de la profe Martha no ha parado de escuchar, cantar y escribir.
“Vamos a jugar al compás de esta canción, cantar, reír la palabra escribiré”, es el estribillo que Martha Patricia entona y que Kevin y sus compañeros escuchan atentamente, pues saben que al final de la frase, la profe les dirá la palabra que deben escribir en sus cuadernos.
“Magia”, dice la profe y Kevin se rasca la cabeza con su lápiz mientras mueve sus labios repitiendo sílaba por sílaba aquella palabra y escribe en su hoja: ‘majia’.
Un compañero, que ve de reojo el papel de Kevin, le da un codazo y le dice casi en tono de regaño “no seas burro, no es con la de jarro sino con la de gato”.
Estas pequeñas diferencias de sonidos entre las letras que más generan confusión, - como es el caso de la g y la j - son las cosas que aprenden los estudiantes de la profesora Martha en su clase casi sin darse cuenta, pues para ellos todo se trata de cantar y jugar.
En el conocimiento está la clave
Desde que Martha Patricia tiene uso de razón ha vivido por y para la música. Su profesor de bachillerato terminó por alentar esta pasión, y fue así como tras pasar por la Fundación Batuta ingresó a la Universidad Central para terminar convirtiéndose en una habilidosa música y excelente clarinetista.
La docencia llegó tiempo después, pero desde que se le cruzó en el camino se le ha convertido en una experiencia a la que ella llama “simplemente maravillosa”.
“Cuando me encuentro con chicos que pasaron por mi clase y que me dicen, ‘profe gracias porque usted fue la que me enseñó a leer’, me pongo muy feliz. Cuando los conocí eran chiquiticos y el hecho de que se acuerden de mí y de que haya logrado algo en ellos, es muy gratificante”, asegura esta mujer de crespos alborotados.
En los 4 años de existencia del proyecto ‘Fortalecimiento de habilidades de lectura a través de la musicoterapia’, son muchos los logros que llenan de orgullo a la profe Martha: más de 400 estudiantes se han beneficiado de esta ingeniosa pedagogía y su trabajo ya ha tenido la fortuna de foguearse en diferentes escenarios académicos.
“Además de participar con el proyecto de musicoterapia en el ‘Encuentro Académico del Festival Artístico Escolar’ - FAE 2014, también estuve en Bolivia en el Congreso Iberoamericano de Musicoterapia y este año también me invitaron para hacer parte del Congreso que será en el mes de junio en Argentina, de verdad espero dejar en alto el nombre de nuestro país”, comenta Martha.
Todas estas experiencias convencen cada vez más a esta docente de la importancia de que las maestras y maestros no sólo del distrito sino de todo el país le metan la ficha a la investigación y a la continuación de sus estudios.
“Un docente que no se capacita, es uno que se queda estancado y por eso también hay malos estudiantes – asegura Martha-. Estoy convencida de que si un profesor decide ampliar su conocimiento, él y sus estudiantes se van a beneficiar en un 1500% porque un alumno siempre se va a motivar más con un docente innovador”.
Viajar por el mundo, hacer un doctorado en Educación artística, tener su propia escuela de música y ser mamá, son solo algunos de los sueños por cumplir que encabezan la lista de esta docente a la que se la ‘montan’ por ser tan tolerante.
Su tiempo libre se le escapa entre su clarinete, sus estudiantes, una que otra lectura y su gusto por el estudio, el mismo que la llevó a ahorrar juiciosamente durante mucho tiempo para poder costear su maestría, hecho que hoy la hace aplaudir la convocatoria de financiación de programas de posgrado de la SED para las maestras y maestros del distrito.
“Cuando estaba estudiando este proyecto no existía y por eso me tocó pagar peso a peso mi maestría, lo que no fue nada fácil. Por eso ahora que se les están brindando estas facilidades a los maestros me alegra porque la educación no son solo muros, sillas y comida: la educación de calidad se logra también con maestros bien capacitados”, concluye Martha, la misma profe que de lunes a viernes se sienta al sur de Bogotá con su guitarra y su dulzura para enseñar jugando.
Elaboró: Paula A. Fuentes Baena
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