Fecha de publicación: Vie, 24/04/2015 - 11:58

DESDE MARRUECOS HASTA BOGOTÁ: ASÍ SE VIVE UNA ‘EDUCACIÓN SOBRE RUEDAS’

A bordo de una casa rodante, la familia Atmani enseña a sus tres hijos los conocimientos más importantes sobre la vida y la cultura. Su experiencia llegó a un colegio oficial de la ciudad, en donde encontraron niñas y niños curiosos e interesados por conocer cómo es vivir y estudiar recorriendo el mundo.

Mehdi, y sus hermanas Maya y Meissa, recordaron con un poco de nostalgia sus primeros años escolares, en los que aprendían junto a otras niñas y niños de su edad. Esa sensación llegó al observar la manera en que comparten los estudiantes del colegio Nicolás Buenaventura, quienes los recibieron con la alegría y el calor propios de la cultura colombiana.

Esa nostalgia desapareció cuando estos tres hermanos, originarios de Marruecos, captaron la atención de otros niños al compartir algunas historias del viaje que realizan junto a sus padres Anouar y Malika Atmani y que inició desde el norte de África hasta Europa. Luego, en Bélgica, tomaron un buque hasta las costas de Uruguay, en donde iniciaron esta travesía terrestre en una casa rodante que los trajo por Sudamérica hasta tierras colombianas.

En agosto cumplen dos años de salir de Casablanca, su ciudad natal, para viajar por el mundo a conocer nuevas culturas, al tiempo que desarrollan todo su proceso educativo. Según Anouar, el papá de esta familia de cinco personas, el objetivo es que la educación gire en torno a los valores familiares, y junto a su esposa, Malika, participen activamente en la formación de sus hijos.

Aunque sus tres pequeños no asisten al colegio, desarrollan un proceso de educación en el hogar, en el que asisten a clases impartidas por docentes a través de una plataforma virtual. Maya afirma que aunque no hay que ir a un salón de clase, estudian bajo un cronograma, pero eso sí, siempre bajo la orientación de sus padres.

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Su viaje es mucho más que una experiencia turística. La idea es que la formación académica esté acompañada de un intercambio cultural que contemple la exploración del sistema educativode los lugares que visitan. Por eso, llegaron a este colegio, ubicado en la localidad de Suba. Allí disfrutaron de un almuerzo en el comedor escolar y asistieron a una clase, en donde terminaron siendo los maestros que al mismo tiempo tenían mucho que aprender.

De inmediato los estudiantes se interesaron por sus visitantes y empezaron a intercambiar preguntas. Malika les preguntó qué sabían de Marruecos y quedó impresionada por las respuestas: “un país ubicado al norte de África”, “su gobierno es una monarquía”; datos ínfimos, pero que según su experiencia de viaje, pocos niños conocen.

Meissa, su hija mayor, les contó que viajaban en una casa rodante, lo cual despertó la curiosidad de los niños que les preguntaron por los lugares que habían conocido, los paisajes que más les habían gustado, e incluso, les preguntaron cómo financiaban su viaje.

Anouar les contó que ahorraron por muchos años y alquilaron su casa para poder mantenerse a lo largo del viaje. Anouar era director de empresas y Malika consultora en recursos humanos, pero el sueño de viajar y cambiar su estilo de vida, los llevó a hacer una pausa en sus labores para hacer realidad esta experiencia itinerante.

Maya les explicó que al igual que ellos, estudia toda la mañana hasta entrada la tarde y también debe resolver exámenes para evaluar lo aprendido durante cada trimestre. La diferencia es que lo hace por Internet, y con la ayuda permanente de sus padres.

De esa modalidad educativa, afirmó que lo mejor es que no debe estudiar sobre culturas a través de libros y cartillas, pues lo hace a través de una experiencia de primera mano, con aprendizajes al aire libre en el campo, los pueblos y las ciudades que visita.

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“Quisimos unir la educación académica con la educación familiar, que es algo que en nuestro país no es fácil de encontrar en el colegio”, afirma Anouar, quien considera que la experiencia académica de sus hijos tiene un valor incalculable, pues conocen sobre diversidad cultural, religiosa y étnica y aprenden en carne propia cómo se organizan las sociedades en el mundo.

Después de una hora de intercambiar relatos de su vida viajera y tener un abrebocas de cómo experimentan la escuela los niños de Bogotá, Mehdi, Meissa y Maya accedieron a la petición de los estudiantes de dejar como recuerdo su nombre escrito en árabe en cada cuaderno.

Antes de despedirse Mehdi resaltó que esta es una de las comunidades de niñas y niños más alegres que había encontrado y señaló que son buenos trabajando en equipo, ya que al llegar al salón, notó que se encontraban muy organizados desarrollando una actividad académica por grupos pequeños.

Por su parte, Anouar y Malika se sorprendieron y destacaron las similitudes entre su tierra natal y Colombia, pues los consideran países nuevos, con democracias en formación, en donde la religión es base importante del núcleo familiar. Al tomar una fotografía de los tejados de un barrio aledaño al colegio, Anouar aseguró que es un paisaje muy parecido al de Marruecos, que refleja una sociedad en construcción, con casas apeñuscadas y muchos barrios populares.

Esta bella familia viajera continuará en Colombia por cinco meses más y seguirá su camino hacia Centroamérica. Luego darán de nuevo el salto a Europa, pues su intención es completar cinco años viajando para retornar a Marruecos donde retomarán su vida en casa, con la tranquilidad de haber visto su sueño hecho realidad.


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