Fecha de publicación: Vie, 24/04/2015 - 12:20
EN ESTE JARDÍN DEL DISTRITO, LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS APRENDEN A ‘VOLAR’
Conozca cómo el amor, las familias y cientos de libros, han permitido que los pequeños de preescolar abran las alas de su imaginación. Bogotá educa para ser feliz creciendo feliz.
Para las niñas y los niños de que descubren el mundo junto a la maestra Mileyin García, los libros son pasaportes para soñar. Instrumentos únicos que les permiten compartir grandes aventuras con sus familias y con los que ella les enseña a ‘volar’: a despegar su imaginación con cuentos, narraciones e historias únicas en las son protagonistas.
La labor de esta maestra del colegio oficial Bravo Páez, ubicado en la localidad Rafael Uribe Uribe, va mucho más allá de enseñar a las niñas y los niños menores de 5 años a conocer las letras y a recitar los párrafos de las páginas.
Va más allá porque tiene una convicción: sus pequeños estudiantes son novelistas, cuentistas y narradores potenciales. Ella les ayuda a descubrir, desde su primera infancia, que las historias, los dibujos y las palabras son esenciales para la expresión del ser humano.
Por eso, sus clases en los grados de jardín y transición son una aventura literaria en la que está invitada toda la familia. Y allí, inmersos en cientos de páginas, dibujos y letras, niñas y niños se enamoran de los personajes que leen y crean.
El amor es un elemento fundamental en su objetivo. Y desarrollarlo requiere de una alta dosis de unión familiar. “Creemos que los niños aprenden a leer y a escribir en el colegio, pero desconocemos que en sus casas tienen un acercamiento con la lectura de imágenes, sean animadas o escritas”, afirma la profesora.
En sus actividades, la maestra motiva la interacción de padres de familia, quienes van al colegio a leer con sus hijos y se convierten en un apoyo fundamental para su producción creativa.
Ella ya logró que, una vez por semana, las familias acompañen a sus pequeños a la biblioteca del colegio para leer un cuento o investigar algún tema. A lo largo del año escolar, estos niños elaboran un libro de cuentos donde el principal insumo son sus vivencias cotidianas.
De esta manera, Mileyin implementa en sus clases los cuatro pilares fundamentales con los que la educación oficial de Bogotá orienta el aprendizaje de 85 mil niñas y niños que cursan su etapa de Educación Inicial en los colegios del Distrito: el juego, la literatura, el arte y la exploración del medio.
Autores de su propia historia
Al igual que sus demás compañeros, Jade Jiménez, una niña de 5 años, escribe un libro compuesto de cuentos cortos sobre situaciones que pasan en su vida.
Recientemente, escribió un cuento llamado ‘Los monstruos mágicos’, que según su mamá, Sandra Gaitán, permitió explorar la imaginación de su hija.
“Decidimos que los protagonistas debían ser animales, pero animales inventados por nosotras mismas”, explica Sandra, quien por medio de preguntas, incitó a su hija a definir las características de los personajes y las situaciones que les pasaban a lo largo de la historia.
Este ambiente en el que está creciendo, hace que Jade sea una niña inquieta que permanentemente utiliza piedras como tizas, para dibujar en el suelo los personajes más extraños. Esos que están descritos por palabras en uno de sus primeros cuentos.
“Juntas creamos un mundo diferente. Nuestro propio mundo que nos permite salir de la monotonía”, expresa la joven mamá quien, además, aprovecha la experiencia para percibir las habilidades y falencias que presenta su hija y buscar formas de potenciarlas o superarlas, según sea el caso.
Jade escribe su libro desde hace varios meses, y ya cuenta con más de 20 escritos y dibujos que ella misma plasma, pues su mamá tiene muy claro que su labor es apoyarla y darle toda la confianza para que deje volar su imaginación.
Enseñando a amar los libros desde sus primeros años
Su corta edad es lo de menos cuando se trata de transmitir conocimiento. Para la maestra Mileyin, la mejor forma de que sus estudiantes de jardín y transición exploren su medio, es enseñando lo aprendido a niñas y niños que empiezan a conocer la escuela en el grado de pre jardín.
Cuando entran al salón, lo hacen con un cuento bajo su brazo. Se sientan en el piso y les leen a los más pequeños una historia corta, cargada de ilustraciones y gráficas. De esta manera, se convierten en los guías de su primer acercamiento con la literatura.
“Lo que más me gusta de esta actividad es que, en muchas ocasiones, los niños son más receptivos cuando son guiados por otros niños” afirma la profesora Mileyin, quien implementó esta actividad para que sus estudiantes comprendan desde muy temprana edad, que hacen parte de una sociedad que necesita de sus aportes.
Pequeñas acciones como la manera en que abren con delicadeza el libro que contiene la lectura del día, o el respeto que tienen por las reglas de la biblioteca, son evidencia de que los estudiantes de esta maestra, expresan su amor con cada palabra que leen o escriben. Todo esto, de la mano de sus seres queridos que se convierten en gestores de un proceso creativo que de seguro, llegará algún día a la estantería de las principales librerías.
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