Fecha de publicación: Vie, 24/04/2015 - 14:32
LOS NUEVOS ÁNGELES DEL CENTRO DE BOGOTÁ
En la localidad de Santa Fe, una zona de Bogotá marcada como insegura y hostil, hay un jardín donde los sueños se moldean con plastilina: ‘Los Ángeles’, un jardín especializado en arte que transformó la vida de 220 niñas y niños. Bogotá educa para ser feliz creciendo feliz.
Jean Paul, un pequeño de 4 años, mira concentrado los ladrillos que componen las escaleras de su jardín. Está afuera porque le molesta el ruido que producen sus compañeritos en el salón de clases, que bailan y cantan sin parar al ritmo de una pegajosa canción infantil.
La profesora Claudia Ramírez se acerca y le pide que vuelva al salón. En los dos años que lleva en el jardín, ha aprendido a conocer a sus estudiantes, los quiere, y por eso sabe que a Jean Paul no le gusta estar en espacios cerrados por mucho tiempo y tampoco le agrada quitarse su cachucha porque, según el, es en ella donde “guarda todos sus poderes”.
También conoce a la perfección el gusto de Jean Paul por los rompecabezas, el diseño de figuras con fichas, los dibujos y toda actividad creativa que estimule sus habilidades artísticas, pues en este jardín del Distrito el enfoque artístico y lúdico de las actividades es esencial en la formación de las niñas y los niños.
Jean Paul es uno de los 220 niños que cursan preescolar en el jardín ‘Los Ángeles’ del colegio Antonio José Uribe. Un espacio luminoso e impecable que acoge y estimula los juegos y los sueños de los niños del barrio San Bernardo, y que contrasta con las dificiles condiciones sociales y de seguridad de esta zona del centro de Bogotá en la localidad de Santa Fe.
Al entrar, quedan atrás las calles sucias, la inseguridad y el consumo de drogas que se perciben en este populoso sector del San Bernardo. Es un mundo diferente, donde Jean Paul y sus compañeros de prejardín, jardín y transición, diseñan, construyen, pintan y dejan volar su imaginación.
El arte y la lúdica, un enfoque diferente
“Aquí uno aprende a conocer a los niños y a encariñarse con ellos. Por ejemplo, con Jean Paul nos hemos hecho muy cercanos, él es un niño genial, muy inteligente. Tiene su personalidad y es claro para nosotros que las clases formales no llaman su atención, que lo que le gusta es crear, expresarse a través del dibujo y las figuras de plastilina”, cuenta la profe Claudia, quien se ha encargado de identificar y estimular este tipo de habilidades estéticas y artísticas en sus pequeños estudiantes.
Mientras las niñas y los niñis de prejardín arman con figuras de madera diferentes estructuras como casas, edificios, carros, etc., el profesor Fabio Astudillo saca de su bolsillo un muñeco pequeño y les dice que es el inspector de obra y va a pasar por todos los puestos revisando las construcciones.
Karen, la primera de la fila, sonríe al ver la figurita que se posa sobre la construcción que armó y le describe al ‘inspector de obra’ los componentes de su casa. “Tiene dos baños, una sala, una cocina grande y cuatro cuartos para que todos los de mi familia vivan”, dice mientras recibe la aprobación.
“En este espacio la imaginación es el insumo principal. Cogemos los cuentos y empezamos a armar nuestra propia historia. Si aparece un perro, los niños le ponen el nombre, así con todos los personajes. A partir de ahí, entre todos, tejemos una nueva historia donde las posibilidades son infinitas y los niños son los protagonistas. Aquí la literatura, el arte y la expresión están presentes en todas las actividades que diseñamos para los niños”, comenta el profe Fabio, docente de expresión corporal con más de 14 años de experiencia en trabajo con niños.
Él, junto a Claudia y los otros docentes del jardín, han logrado enseñarles a sus pequeños estudiantes aprendizajes fundamentales para su vida diaria, a través de los dibujos, las figuras de plastilina y las representaciones teatrales.
Entre juegos y risas se les enseña a jugar sin agresividad, a compartir los juguetes, a seguir normas e instrucciones, a dar y recibir afecto, entre otras.

“El trabajo con estos niños ha sido maravilloso. Hemos conseguido disminuir los índices de agresividad en los niños que, por el contexto del sector, son muy físicos, no controlan sus impulsos, se golpean cuando juegan. Uno tiene que ponerles límites, pero esto debe hacerlo de una forma amable y cariñosa”, dice Fabio.
Al trato afectuoso y humano del jardín ‘Los Ángeles’, se suma el compromiso de los docentes de brindar una formación integral que fortalezca no solo el saber de los pequeños, sino también el ser.
Este objetivo, que es prioridad en todas las colegios públicos de Bogotá, pasa del papel a la práctica gracias a la política educativa de la ciudad: el Currículo para la Excelencia Académica y la Formación Integral 40x40, donde niñas y niños desarrollan competencias ciudadanas a través de la lúdica, el arte y el juego.
Julián Correa, el coordinador académico de la jornada de la tarde del colegio, comenta que ninguna de estas actividades, entre las que se cuentan el dibujo, las artes plásticas, la expresión corporal y la actividad física, son para “matar el tiempo”. Todo lo contrario.
“Las artes y el deporte nos ayudan en el proceso de formación de las niñas y los niños. Las actividades lúdicas, además de entretener y motivar a los menores, les ayuda a desarrollar habilidades corporales y cognitivas (…) es que la educación no tiene porqué ser aburrida”, asegura Julián.
Los padres no ahorran elogios a la hora de resaltar las virtudes de un sistema de enseñanza donde el arte tiene un lugar protagónico. “Mi hijo en la casa coge las ollas y los platos para hacer su propia batería. Dice que quiere ser roquero y mi sobrina también está muy entusiasmada porque está aprendiendo mucho con la filarmónica. Me gusta mucho que les enseñen este tipo de cosas, que son diferentes a lo convencional, porque eso les abre la mente y les muestra otras posibilidades”, dice Rosa Liliana Rojas, madre del pequeño Jéfferson y tía de la inquieta Gisselle.
Y por supuesto, los más felices con este enfoque lúdico-artístico son los niños. “Me gusta mucho dibujar y me gusta ir a la ludoteca a sentarme en las colchonetas y a leer un libro de Pepa Pig más bonito”, cuenta Melanie, una pequeña que antes de entrar al jardín permanecía largas horas frente al televisor o acompañando a sus padres al trabajo.
Ahora, crece, aprende y crea en 12 salones completamente dotados, una ludoteca y un patio de recreo donde lo único importante es ser niño.
¡Aquí se aprende en todas partes!
La hora del almuerzo es un espacio pedagógico más en el jardín. Antes de ingerir los alimentos, los niños tienen que lavarse las manos, sentarse en orden y utilizar adecuadamente los cubiertos.
Constantemente, no solo para los niños sino también para sus padres, se hacen talleres y campañas de promoción de alimentación sana, higiene personal, cuidado de las niñas y los niños, entre otros, que sirven para que los padres y madres de familia aprendan a cuidar de la mejor manera a sus hijos.
“Me ha gustado mucho la formación que les dan a los niños aquí en el jardín. Mi hija, que tiene 3 añitos, ha aprendido mucho. Se ha vuelto muy independiente. Va al baño sola y ahora es más ordenada con sus cosas”, comenta Leidy Paola Ruiz, la madre de la pequeña Heidy Dayana, que disfrazada de mariquita baila concentrada una canción que enseña a cuidar el agua y los animales.
El cuidado, el cariño y la intención de ir más allá de los contenidos académicos, han hecho de este jardín un espacio de aprendizaje continuo donde sus niñas y niños no son un número más en una lista, sino una personita única que recibe atención personalizada para fortalecer sus habilidades y trabajar en sus necesidades. Aquí nadie quiere faltar a clase.
“A mi hijo le gusta mucho el colegio, antes tenía que obligarlo para ir. Me gustan mucho los profesores que son muy amorosos, los tratan muy bien y les enseñan cosas diferentes que les abren la mente. Además, los profes nos hablan a nosotros los papás, nos dicen que hay que respetar a los niños, hablarles bien. Estamos muy contentos”, dice Rosa Liliana.
Se llega la hora de la salida y los padres se forman en la entrada de la institución para recoger a sus pequeños que se niegan a dejar inconclusas sus pequeñas obras de arte para irse a su casa. Sin embargo, saben que mañana será otro día para crear, aprender y dejar volar su imaginación.
“El apoyo de la Administración Distrital y el trabajo de nosotros los docentes, son esfuerzos que van a arrojar resultados a largo plazo en estos niños que serán los hombres y mujeres del mañana. Darles oportunidades como estas hace que algo adentro de ellos se transforme”, resume el coordinador Julián Correa.
Aunque los niños se han ido, el trabajo no se detiene. Los profes preparan sus clases del día siguiente, los de servicios generales limpian cuidadosamente hasta el último rincón, pues todos están unidos por una causa común: el bienestar de los pequeños artistas del Antonio José Uribe.
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