Fecha de publicación: Jue, 14/05/2015 - 15:40
#GRACIASPROFE MAXIMILIANO ALZATE
Conozca la historia del profe ‘Max’, docente del colegio Rodrigo Lara Bonilla que puso a Ciudad Bolívar más cerca de las estrellas. Él forma ecologistas, futuros astronautas y jóvenes con ganas de conocer, explorar y cuidar el universo.
Yo estaba en deuda con el medio ambiente. Cuando era niño, en mi tierra natal, en Guatapé (Antioquia) fui un depredador de la tierra. Me la pasaba tumbando madera del bosque sin entender el daño que estaba haciendo, por eso cuando entendí el deber que tenemos como especie de cuidar y preservar la tierra que nos da de comer, volqué todos mis esfuerzos en formar a los estudiantes y a la comunidad para preservar el medio ambiente. Es una manera de pagar esa deuda.
Fui policía durante 22 años, pero me di la oportunidad de ser maestro. Recorrí el país y aprendí muchas cosas de la gente y del territorio. En la institución nos dieron la oportunidad de tomar un curso para ser profesor y me di la oportunidad. Estudié Ingeniería Química y me dediqué a la enseñanza de las ciencias naturales a niños y jóvenes y ya llevo 20 años en este cuento de la docencia.
Los modelos de enseñanza son obsoletos. Llevamos 100 años con el mismo modelo de enseñanza, con los chicos sentados en un pupitre y encerrados en un salón. El alumno es visto como una cabeza que debe ser llenada de información que ni ellos mismos saben para qué sirve. El chico no tiene la posibilidad de crear otros escenarios, otros imaginarios. Por eso hay que salir al parque para poder sentir el pasto, para conocer a los insectos, para alzar la cabeza y mirar al cielo.
De tanto mirar al cielo, se me ocurrió la idea de formar un club de astronomía.Observando el cielo una noche cualquiera me puse a pensar ¿Qué me pongo a hacer en las noches, cómo ocupar de manera positiva el tiempo libre de la gente en la noche? Entonces se me ocurrió formar un club de astronomía. Nos juntamos con varios estudiantes y empezamos a investigar, a observar la riqueza del universo en el firmamento.
Tenemos un observatorio que es la envidia de cualquier colegio privado. El club de astronomía que formamos fue creciendo y hoy es uno de los más importantes del país. El club Phoenix, que hoy cuenta con más de 50 estudiantes, está afiliado al Planetario Distrital, a Maloka, participamos en conferencias y ponencias con expertos de la Nasa de todo el planeta. Con mucho esfuerzo construimos un observatorio con todas las de la ley y vinculamos a la comunidad para que participe de esta aventura sideral.
Si un niño quiere ser astronauta lo puede hacer, ¿por qué no? Lo bonito de los sueños es que no tienen límites. Aquí le enseñamos a los niños que no por ser de Ciudad Bolívar y no por vivir en medio de las limitaciones económicas deben abandonar sus sueños. Tenemos un exalumno que se ganó una beca en Chile y se está formando para ser astronauta. Él es una muestra de que sí se puede.
El alumno debe vivir con los pies en la tierra. De qué sirve que un alumno sepa química, física o historia, si no conoce las problemáticas que afectan a su barrio, su colegio, el pedazo del universo que ocupa. Aquí en Ciudad Bolívar tenemos unas problemáticas ambientales muy serias como la minería a cielo abierto, el vertimiento descontrolado de desechos a las fuentes hídricas, el calentamiento global. Los estudiantes deben conocer el problema, apropiarse de él y contribuir a su solución.
Nuestra especie se caracteriza por ser la más depredadora del medio ambiente y eso tiene que cambiar. Tenemos un movimiento que bautizamos ‘Onigisa Ngai’, que en africano quiere decir ‘ayúdame’, en el que realizamos diferentes actividades que buscan formar a los niños como defensores del medio ambiente. Tenemos una huerta para que los niños vuelvan a la tierra, para que aprendan a cultivar, que se unten las manos de tierra para recuperar esa relación con la naturaleza y con los alimentos.
El estudiante de hoy será el ciudadano interplanetario del mañana. Nosotros como maestros debemos salir de la rutina de sumar y dividir. Tenemos que mostrarle opciones diferentes a estos chicos que tenemos aquí sentados frente a nosotros, porque ellos mañana serán ciudadanos interplanetarios que deben contribuir al cuidado del planeta. Los estudiantes que se encarretan con el cuento se vuelven replicadores y comparten todo este conocimiento con sus familiares, con sus amigos del barrio. Así lograremos un cambio.
Educación pero con acción. Leer de astronomía, disfrutar del placer de observar el firmamento y las estrellas, todo eso es muy bonito pero tiene que estar anclado al conocimiento de nuestro planeta. Debemos pasar de la educación a la acción, que lo que le enseñamos a los niños se traduzca en acciones concretas para el cuidado de la tierra. Que no desperdicien el agua, que reciclen en su casa, que no sean depredadores.
Lo más maravilloso de ser maestro es ver los logros que alcanzan los exalumnos.Varios exalumnos se dejaron contagiar del amor por la tierra. Varios estudiaron ingeniería ambiental, biología, muchos trabajan conmigo y ahora tenemos un nuevo proyecto, hacer un observatorio en Anolaima para que los niños campesinos puedan ver las estrellas. La idea surgió de un sueño que tuve.
El ser humano se enferma cuando no genera conocimiento. Yo pienso ser docente hasta que vea que ya no estoy generando conocimiento, que ya no estoy aportando a hacer del planeta tierra un lugar mejor. Ese es el deber de los docentes, generar conocimiento y replicarlo.
Entrevistado por Nicolás Rodríguez
Fotos Julio Barrera
¿Qué le dirías al profe que más has querido?avioncitosdepapel.co/
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