Fecha de publicación: Vie, 15/05/2015 - 09:35
EL CIRCO DE LA PAZ
Un maestro de la educación pública de Bogotá es el director del Circo del Sol de la localidad de Santa Fe. O mejor, del ‘Circo del Sol Solecito’, integrado por niñas y niños de primaria, quienes les rinden un homenaje a las víctimas del conflicto en Colombia con arte y malabares.
“Los paramilitares se enfrentaban a muerte con los guerrilleros y el pueblo quedó en medio del fuego cruzado. Todos corrieron hacia la iglesia y allí fueron bombardeados con un cilindro. Ese 2 de mayo de 2002, en un pequeño pueblo del Pacífico colombiano llamado Bojayá, 119 personas fueron asesinadas”.
Estas líneas, cargadas del dolor profundo que aún siente el país por las víctimas de esta y tantas otras masacres, son las que animan a un grupo de niños que no superan los 12 años a probarse como acróbatas, como gestores de paz.
Al oriente de la ciudad, en una zona también marcada por la violencia, el barrio Girardot de la localidad Santa Fe, ellos maquillan sus rostros y suben al escenario para iluminarlo todo.
Son los malabaristas, los pequeños actores del ‘Circo del Sol Solecito’, quienes tomaron el nombre más famoso del mundo, le pusieron su sello y se propusieron actuar para no olvidar.
‘Homenaje a las víctimas de Bojayá’ es el título de su obra, compuesta por tres actos donde se combinan la música y las acrobacias con la reflexión y la memoria. Un espectáculo circense que surgió de la curiosidad infantil y la profunda preocupación de un maestro por detener el olvido. Él es Daniel Ortiz, un convencido de que no solo es posible, sino necesario, explicarle a un niño lo que significa la guerra.
Una catarsis al estilo circense
En su clase, la de educación física, el profe Daniel puso toda su creatividad para hacer del circo un verdadero laboratorio de paz en el colegio Jorge Soto del Corral. Un espacio donde se libera el miedo y se ponen a prueba los sentidos y el corazón.
Las condiciones del entorno de las niñas y los niños, lo hicieron posible. “Como aquí en el centro los niños ven tantos zanqueros y malabaristas, me pidieron que les enseñara a montar monociclo y hacer malabares. Ahí se me ocurrió la idea de organizar un show donde el tema central fuera el conflicto armado colombiano”, dice el profe Daniel, quien logró armonizar en su clase el desarrollo de las habilidades motrices y la generación de conciencia y memoria.
“El profe nos organizó en tres grupos. Unos eran guerrilleros, otros paramilitares y otros la gente del pueblo. Como éramos los de la comunidad, la regla era que no nos podíamos defender, entonces nos tocó irnos para el otro patio para que no nos agredieran. Ahí el profe nos explicó que eso es lo que les pasa a los desplazados de la guerra”, dice Alicia Rodríguez, una dulce niña de 11 años que en medio de su inocencia infantil reflexiona sobre la violencia y la paz.
Los ejemplos son sencillos pero poderosos. Narraciones con las que ‘Circo del Sol Solecito’ enseña a los niños que las huellas del conflicto no están solo en los campos de batalla en el Chocó o en Cauca. Están en todos, incluso en una ciudad donde la gente se empeña en creer que la guerra no existe.
“Es increíble que aquí en Colombia sepamos a la perfección lo que pasó en las Torres Gemelas, sabemos cuándo fue, cuántos murieron, qué pasó. Mientras que poco o nada sabemos de las masacres de Bojayá y del Salado, de la Toma del Palacio de Justicia y otros hechos de nuestra historia nacional”, comenta este joven e innovador maestro de la educación pública de Bogotá.
La función inicia con una animación hecha con dibujos de los estudiantes donde ellos mismos, con sus voces, narran lo sucedido el 2 de mayo de 2002 en Bojayá, Chocó. Luego, uno a uno van saliendo al escenario, representando a los actores del conflicto: los paramilitares, los guerrilleros y las víctimas y dialogan e interactúan en medio del montaje circense.
Los 14 niños que componen el grupo conocen a la perfección todos y cada uno de los detalles del espectáculo que debutó en la gran carpa de la pasada Feria del Libro de Bogotá. Ellos mismos se maquillan y diseñan su vestuario y conocen a la perfección todos los detalles técnicos y narrativos del show que tiene una duración de 30 minutos.
José Steven Ramírez, de 10 años, es uno de los más entusiasmados con el proyecto. “El circo nos permite contarle la gente lo que pasó en Bojayá para que esto nunca se olvide y no vuelva a ocurrir”, dice José, quien maneja con habilidad los aros y las clavas en circo de paz.
“No se trata de firmar el acuerdo de La Habana y ya, se trata de generar conciencia y de construir, con estos niños pequeños, un nuevo paradigma para el país. Si un niño entiende que está mal discriminar a un compañero en el colegio, cuando esté grande va a ser una persona menos violenta porque entiende el daño que puede causar”, comenta el profe Ortiz.
Educar para la paz,
La paz se construye desde el salón, la casa y los pequeños actos cotidianos.Esa idea guía al profe Daniel Ortiz, quien logró forjar un cambio al interior de su comunidad a través del movimiento, los malabares y el espectáculo.
“Estos chicos, por el entorno tan difícil en el que viven, son muy agresivos. Hay violencia en sus juegos y en su manera de relacionarse y por eso trabajamos el respeto por el otro, las consecuencias de la violencia en el show. Así entienden, desde su perspectiva, porqué es necesario cambiar estas dinámicas violentas”, reitera el profe.
Desde pequeños actos como no decirle ‘negro’ al alumno que llegó desplazado y no burlarse de su acento y su manera de hablar, los niños del Jorge Soto del Corral han empezado a abrir su mente hacia la tolerancia y el respeto.
“En vez de molestar a los desplazados debemos ayudarlos, hacerlos amigos y jugar con ellos porque son niños que no tienen la culpa de lo que les ha pasado”, dice Alicia, quien sueña con un país en paz “donde todos tengamos casa, comida y trabajo”.
Cuando el profe Daniel escucha esas opiniones de boca de niños tan pequeños siente que su trabajo ya rinde los primeros frutos porque los chicos comienzan a entender que el conflicto que aqueja al país debe dolernos a todos y que el ejercicio de construir memoria y no olvidar es tarea de grandes y chicos.
De hecho, el ‘Circo del Sol Solecito’, que es una de las Iniciativas de Transformación de Realidades (Incitar)con las que las comunidades están gestando pequeñas grandes revoluciones, fue galardonado el año pasado con el primer puesto en los Premios a la Investigación y la Innovación Pedagógica, por su sentido de construcción de paz.
Sin embargo, lo verdaderamente importante ha sido ver cómo los niños se apropian de las temáticas y se esfuerzan por llevar un mensaje a toda la comunidad educativa. “Me gusta mucho el circo porque le estamos rindiendo un homenaje a las víctimas y le damos un mensaje a los papás de que debemos vivir en paz”, dice José Ramírez, quien se emociona cada vez que tiene un auditorio numeroso en frente. “En la obra del año pasado que fue sobre el desplazamiento, vinieron más de 1000 personas y fue súper chévere”.
En el centro de Bogotá, en un colegio público, este grupo de pequeños cirqueros están transformando realidades. Así se construye la paz que todos anhelamos.
Por Nicolás Rodríguez Chaparro
Fotos Juan Pablo Duarte
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