Fecha de publicación: Mar, 19/05/2015 - 15:39
#GRACIASPROFE PATRICIA NOVOA
Es una maestra excepcional: licenciada en español y francés y líder de una ‘revolución literaria’ que se lleva a cabo en la Escuela Normal Superior Distrital María Montessori. Esta es la historia de una profe que ama las palabras y, con ese amor, hace que sus estudiantes descubran la magia de leer y la chispa para escribir.
Desde los 15 años empecé en la docencia. Estudié en un colegio público en el que me formé como normalista. Por eso siento que he recorrido un largo camino como maestra. He dictado en todos los grados y, hoy en día, estoy a gusto enseñando a los chicos que pronto recorrerán mi camino.
Mi clase de español es una aventura literaria. En el año 2010 propuse dividir la clase y ahora tenemos taller de lectura y escritura y taller de formación literaria. Fue una decisión acertada porque en los talleres de literatura los estudiantes exploran muchas formas para expresarse, encuentran una inspiración que a veces no sale a flote cuando se mezcla con el estudio de la lengua. En ocasiones, los chicos piensan que no saben escribir, pero cuando unos los pone a hacer ejercicios desde la literatura, se sueltan mucho más.
Con palabras, reconstruimos nuestra historia literaria. Me senté a escribir la mía, como si fuera una estudiante más. Recordé que mi gusto por la literatura infantil empezó a los 5 años. En esa época mi papá negociaba con artículos de segunda mano y llegaron a la casa unos libros antiguos que yo leía y releía. Aún conservo esas viejas ediciones.
Lo que más me gusta es la literatura infantil porque es algo esencial en la primera infancia. Hace varios años, le propuse a una maestra que abriéramos un espacio académico en ese tema y ahora tenemos el seminario taller de literatura infantil. Por estos avances, estoy por comenzar una maestría en esa área.
Después llegó la revista ‘Revolución Literaria’, una aventura editorial en la que participa toda la comunidad educativa. Es la evolución de un periódico que teníamos, que recibía mucha información de carácter literario. Por eso decidimos crear un espacio propio para estudiar, compartir y crear literatura.
No tenemos nada que envidiarle a las grandes publicaciones. Imprimimos en un buen papel, tenemos excelentes portadas. Las ilustraciones son muy buenas, realizadas por los mismos estudiantes. También toman las fotografías y podemos corregir hasta 10 veces un texto antes de publicarlo. Siempre les digo que nuestro proyecto debe tener calidad literaria.
Acabamos de publicar nuestra quinta edición. Normalmente, hacemos un tiraje de 500 ejemplares pero, en esta ocasión, solo pudimos publicar 250 porque la Imprenta Distrital –que nos imprimía gratis- tuvo inconvenientes logísticos y no pudo hacer el trabajo. Pero a esa situación le vimos la oportunidad e ideamos un ejercicio de lectura familiar, que finaliza rotando la revista a una nueva familia.
Siempre tenemos un escritor invitado que en la quita edición fue Silvia Castrillón. Los estudiantes construyeron las preguntas y en una sesión de diálogo grupal, le hicieron la entrevista. Lo interesante de este ejercicio es que nos acercamos a los autores que siempre leemos; nos demuestra que no son inalcanzables.
Traemos escritores que se desempeñan como talleristas de acuerdo al tema en el que se especialice cada número de la revista. En este caso, la edición tiene un espacio para cuentos breves, por lo cual, los chicos asistieron a un taller con un especialista en ese género. El tema para el próximo número será la poesía.
Con orgullo puedo decir que estoy formando maestros y escritores. El chico que hizo la editorial de esta edición, va a entrar a estudiar Estudios Literarios en la Universidad Nacional. Otra niña estudia Lengua Castellana en la Distrital y otra más, quien era la que tomaba las fotografías de los artículos, va a estudiar Medios Audiovisuales. Lo importante es que independiente de la profesión que escogen, me doy cuenta que este proyecto marca sus vidas y desarrollan una sensibilidad que los conecta de manera distinta con su entorno.
El colegio me quedó debiendo mucho. Si de pequeña hubiera tenido acceso a los espacios adecuados, seguro mi camino sería más amplio. Por eso me esfuerzo por entregarle a mis estudiantes todo de mí. Trato de darles el acercamiento literario suficiente para que lleguen más lejos de lo que yo he llegado.
Es una responsabilidad que tenemos todos los docentes, sobre todo los de educación pública. El maestro de escuela pública tiene una responsabilidad muy grande, no podemos ser mediocres.
Me levanto en las mañanas y soy feliz porque mi recompensa llega cuando camino por la calle y mis estudiantes me saludan y me cuentan sobre sus logros académicos y laborales y me dicen “gracias”. Nunca pensé que me sintiera tan orgullosa de ser maestra como me siento ahora.
Entrevistada por David Amaya
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