Fecha de publicación: Mié, 20/05/2015 - 16:12

DIRECTORA DE ‘CANTA BOGOTÁ CANTA’ HOMENAJEADA EN FESTIVAL INTERNACIONAL

María Teresa Guillén, la Directora de ‘Canta Bogotá Canta’ -, uno de los proyectos más destacados de la política educativa de la Bogotá Humana, fue ovacionada en el XXIV Festival de Coros Integración realizado el pasado 16 de mayo en Bogotá, en un sentido homenaje como reconocimiento a su trayectoria y aporte a la formación coral en Colombia.

Descubra en esta entrevista de dónde nace la fuerza formadora de esta Directora coral, rebelde de vocación, y cómo se transforma la vida de niñas, niños y jóvenes a través de la coral escolar más grande de la ciudad.

En su vigésimo cuarta versión, el Festival Internacional de Coros Integración reunió en Bogotá a 33 coros locales, nacionales e internacionales en seis escenarios de la ciudad y otorgó a María Teresa Guillén, en representación del Instituto Departamental de Cultura de Cundinamarca, una placa de ¨reconocimiento por su aporte a la actividad coral en Colombia y su apoyo a los proyectos de formación en dirección y técnica vocal aplicada al canto coral para niñas, niños y adultos.¨

Dicha distinción la comparte ahora la gran maestra de ‘Canta Bogotá Canta’ con otros 15 reconocidos compositores y arreglistas colombianos destacados en este Festival, como Arnulfo Briceño (galardonado en el año 2000), quien compuso la música y letra del himno del departamento del Meta: ¨Ay, mi llanura¨

Desde 2013, María Teresa Guillén ha orientado el Centro de Interés de Coros Escolares: ¡Canta Bogotá Canta!, liderado por la Secretaría de Educación del Distrito, una de las iniciativas más destacadas de la política educativa de la ciudad, en la Jornada completa y/o Única ‘Currículo para la Excelencia Académica y la Formación Integral 40x40’.

“Bendita sea la rebeldía”

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Cuando la directora y corista colombiana María Teresa Guillén nos dijo que era rebelde por excelencia, le prometimos tener una conversación personal para comprobar qué tan cierto era. Y se la cumplimos.

Ella es la actual encargada de hacer vibrar 1700 voces de niñas, niños y jóvenes de colegios distritales en un proyecto que tiene voz propia. ‘Canta, Bogotá, Canta’, el Centro de interés de coros escolares que busca la auto regulación y la sintonía de las voces de la juventud capitalina con sus corazones y su identidad colombiana.

Detrás de sus logros como directora de la Ópera de Colombia, la ‘Schola Guido DArezzo’, el Coro Nacional Colcultura y el Quinteto Vocal Guillén Becerra, se esconde un bachillerato lleno de tropiezos, una lista de más de 7 colegios en su paso por la escuela y un examen de validación para salir graduada.

Pero eso no es todo. También nos confesó que cantar es una experiencia liberadora para los ruidos que producen las grandes ciudades como Bogotá, una religión para rebeldes que quieren encontrar su propia esencia y que se usa para el servicio propio y el de los demás.

¿Dónde cree que empezaron sus síntomas de rebeldía?

En mi casa. Mi papá fue, por supuesto, un rebelde y nos dio buen ejemplo en ese sentido. Él fundó la Filarmónica de Bogotá, que fue como una afrenta contra la Orquesta Sinfónica Nacional, porque tenía como objetivo salirse del Teatro Colón e involucrarse con la gente en las clínicas, las cárceles, los hospitales y darles la oportunidad a los nuevos músicos que querían ejercer la profesión. Creó muchos problemas pero lo logró, y con ese ejemplo ¿qué se iba a esperar de sus hijos? (risas).

Que usted fuera rebelde por herencia y por excelencia…

Por supuesto. Viajábamos mucho por las decisiones de él. Eso me llevó a siete colegios en los que nunca hubo paz. No encajé mucho en el sistema educativo tradicional y eso me hizo académicamente diferente, hasta el punto de terminar validando mi bachillerato. Pero también porque aprendí formación coral desde muy pequeña y por eso siempre estuve metida en cosas de grandes; en grandes conciertos, en grandes discusiones de músicos sobre lo que necesita el país para su crecimiento musical. A mis 20 años ya tenía historia coral profesional como directora y como cantante.

Como directora coral ha escuchado miles de voces en toda su carrera. ¿Cree que hay ruidos que no dejan escuchar las de los niños y los jóvenes de una ciudad como Bogotá?

Totalmente. En nuestro trabajo, los músicos sabemos que sin silencio no hay música. Y la ausencia de ese silencio nos tiene descuadrados a los habitantes de las ciudades grandes. Hay muchos ruidos en diferentes direcciones. No solo el ruido físico como el pito de los carros, los motores o la música puesta a unos volúmenes que ni siquiera el oído humano está diseñado para aguantar. También hay una cantidad de ruidos de invasión de pautas culturales que se pretende que todos debemos apropiar como nuestras y realmente no son nuestras.

Hay mucha invasión de músicas y de maneras de pensar, de hacer y de comunicarse que necesariamente no son nuestras y tal vez que no nos permiten ni siquiera entender cuáles son las nuestras. Hay tanto bombardeo de ruido que no hay silencio para pensar precisamente quien es uno.

¿Por qué aceptó el reto de enseñarle a cantar en coro a los jóvenes de una ciudad como Bogotá?

Porque la Secretaría de Educación me hizo el ofrecimiento de participar en su programa ‘Currículo para la excelencia académica y la formación integral 40x40’ para ofrecerle a los niños la posibilidad de elegir el canto, y acepté emocionada. Pero en líneas generales porque creo profundamente en la formación implícita del trabajo coral con los jóvenes. No es solamente musical y de montaje de un repertorio de canciones, sino tiene unos componentes de formación absolutamente poderosos y verificables durante todo el proceso.

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¿Cuáles son esos componentes?

En el coro se aprende a convivir. El tema de yo soy mejor o peor desaparece. A lo que invita el coro es a descubrir mi belleza, qué es lo mejor que puedo aportarle a un trabajo de grupo. La sonoridad de conjunto está construida desde la individualidad y desde el potencial de desarrollo del individuo: desde su voz que es la manera más pura, cercana y afín de expresión.

Entonces no es solo cantar una canción para que suene bonito, sino usar mi voz hablada como medio de expresión y mi voz cantada como algo mucho más poderoso.

“Mi sueño personal es hacerle ver a la gente que cantar es uno de los placeres grandes de la vida. Un placer que no se debe perder ningún ser humano y cantar en un coro con mayor razón”.

Nos habló de lo que se aprende a través del canto, pero ¿qué se desaprende?

Se desaprenden los malos hábitos. Los egos falsos. Cuando uno entra a un trabajo en equipo y entiende como se trabaja en equipo, se desaprende un vicio, un mal hábito de creer que yo existo sin los demás. Se desaprende la falta de compromiso consigo mismo porque los resultados que obtengo yo no solamente me afectan a mí sino que también van a afectar a las personas con las que convivo.

También se desaprende ser indisciplinado. Se aprende la disciplina cuando sé por qué hago silencio en determinado momento o por qué aprendo a llegar puntualmente a mis ensayos sin que nadie me lo tenga que decir. Yo solo ya entendí por qué es importante para mí y para el grupo.

¿Es probable que esos malos hábitos estén relacionados con la violencia que viven los estudiantes dentro y fuera de los salones de clase?

Sí y mucho. Uno aprende en estos trabajos corales que no se impone nada a punta de violencia, sino a punta de interiorizar y de sentirse comprometido con los demás, claro está sin que ese trabajo de equipo quiera decir despersonalizar. Por el contrario, es el afianzamiento de mi personalidad en todas sus bondades y en todo su potencial para trabajar en equipo y eso es muy bello.

No se necesita estar en pandilla, no se necesita agredir; los niños aprenden a auto regularse y eso es bien importante. Los niños que entran a las pandillas en las que se golpean unos con otros de alguna manera necesitan amarrarse a un grupo para poder sobrevivir dentro de un ambiente hostil para ellos.

¿Cuál es el sello que hace único al proyecto ‘Canta, Bogotá, Canta’?

El sello de hecho ya lo tiene de entrada porque todos los artistas son las niñas y niños de los colegios de Bogotá. Casi siempre los niños están sentados como público y en este caso los adultos son el público y los niños son los artistas.

Por otro lado, me empeñé en traer un poco la música de varias regiones del país. Hay canciones de la región norte, del pacífico y del atlántico. También hay del centro del país y de la parte de los llanos orientales. Vamos a cantar el himno nacional de Bogotá y de Colombia porque si tenemos himnos que representan nuestra identidad debemos aprender a cantarlos.

“La música es un concepto cercano de lo que para mí es Dios. Es algo que se va haciendo poderoso porque se encuentra. Uno lo tiene todo el tiempo al frente de la nariz pero no lo ve y la música lo lleva a uno de la mano y lo mete en ese otro yo. Cuando alguien se vuelve así se transforma, se vuelve impecable”

Una de sus reseñas habla de su especialidad para encontrar la identidad vocal de un coro ¿de qué se trata esa búsqueda?

Yo me enfoco en cada persona, en cada voz. Si yo creo profundamente que esa sonoridad de conjunto es el resultado del empoderamiento del individuo pues me tengo que enfocar en la voz de cada persona. Y la voz de cada persona está ligada a sus procesos de desarrollo no solamente físicos sino emocionales. Hay niños que son muy tímidos y por esa razón su voz no sale y no puede cantar. O al revés. Niños con gran ego porque sus papás les dijeron tu eres el mejor solista del mundo y lo que hay es que a través del canto lograr que él entienda que tiene unas virtudes pero que los demás también las tiene y que él tiene que bajarle al exceso de protagonismo.

¿Se podría decir que cuando una voz se empieza a acoplar a un coro es cuando la persona empieza a sentirse comprendida de alguna manera, sea social, familiar, etc.?

Totalmente. Un coro llamado Bemposta me enseñó que muchos estudiantes llegan al coro con desamores en sus casas o problemas familiares fuertes y en el coro empiezan a ser todos protagonistas principales de cada uno de ellos. Entonces empiezan a ser oídos y entendidos como algo muy importante para el proceso del grupo. El coro también empieza a tener un contenido de construcción y recuperación social que no la entiendo ni la acepto en mí como algo por los pobres. No es algo con sentido de caridad, ni nadie está dando limosnas a nadie. Todos somos importantes para todos y aportamos a la sociedad desde donde podemos.

“Si uno cree que el único objetivo es formar al músico como músico se perdió de la emoción de todo el pastel, porque se comió un pedacito no más. El tema es formar un ser humano completo y no entrenarse en una sola dirección”

¿Qué siente cuando se está enseñando a cantar?

Satisfacción porque cada persona es un reto. El objetivo es encontrar la forma más fácil y placentera de que se anime a cantar en paz, con pasión y sin sufrimiento. Sin necesidad de que sienta que tiene que hacerle demostraciones a nadie, sino simplemente un momento placentero.

¿Qué aporte le deja el canto coral a un estudiante?

El contundente crecimiento de la autoestima. En estos trabajos el  niño o joven participante desde su propia experiencia va enseñándole a su familia, a sus padres que lo que él hace es importante y los empieza acostumbrar a ir a sus conciertos y enamorarse de lo que él hace.

El canto coral invita no solamente al que está cantando. Es un asunto de comunicación grande que involucra al público, a la familia y a los protagonistas directos que son los cantantes del coro. Por supuesto los directores corales o directores de orquesta que lideramos estos procesos no somos nada sin nuestro coro o sin nuestra orquesta.

¿Hay que tener un cierto tipo de voz para pertenecer a un coro?

No. Hay categorías de coros, por supuesto. Pero el eje del canto coral es que es básicamente una práctica vocal colectiva donde se puede ser tranquilamente y felizmente un aficionado. Hoy en día  el planeta entero canta. Mientras estamos hablando hay mucha gente en ensayo de coro cantando por placer, no por obligación. Porque voy al coro después de mis 8 horas de trabajo a pasarla bien. En el canto profesional hay también placer pero mucho rigor y mucha seriedad para hacerlo bien.

¿Qué impacto tiene la formación coral en la vida de un estudiante?

Lo que está comprobado es que los niños pequeños cuando son enganchados en un tema coral y el profesor pudo acompañarlos bien en el proceso, siguen siendo niños cantantes durante toda su etapa escolar, durante su adolescencia y cuando pasan a la universidad buscan espacios para seguir cantando o entran al coro de su empresa. Se mantienen como cantantes de coro como parte de su vida siempre. El que quiso ser músico obvio que tiene sus razones pero el que optó por cualquiera de las otras opciones y fue bien acompañado coralmente, se sostiene en el coro.

Lo que las estadísticas demuestran con más fuerza es que cada vez más las familias y los padres jóvenes están entendiendo lo importante que es la formación musical y artística para un niño así no vaya a ser artista. Por eso es que el proyecto de 40 horas es currículo para la excelencia académica y la formación integral. Ahora, el proceso para que todos entendamos que quiere decir eso y como se aterriza realmente en el momento de clase y de aula es un proceso grande que nos compete a los adultos. Los niños siempre están dispuestos a hacer las cosas bien. Nosotros somos los que frenamos un poco los procesos por ignorancia.

Entrevista: Esteban Pineda

Fotos: Julio Barrera


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