Fecha de publicación: Jue, 21/05/2015 - 15:37
#GRACIASPROFE SILVIA ROCÍO PABÓN SUÁREZ
Por cada millón de habitantes, en Colombia solo cinco realizan estudios doctorales. De esta reducida cifra hace parte esta maestra del colegio José Joaquín Castro Martínez de la localidad de San Cristóbal. Una convencida de que una educación pública y bilingüe sí es posible.
Uno nace con el don o el perfil que va a tener cuando sea grande, y el mío siempre fue ser maestra. Yo le enseñaba a mis compañeritos a leer y a escribir, siempre tuve esa característica de dar y ayudar a los demás a través de la enseñanza. Por eso decidí ser maestra: es imposible ejercer este oficio sin vocación.
En la escuela fui una persona muy introvertida y tímida. Odiaba las matemáticas porque tuve maestros que me decían que las matemáticas no eran para las niñas, así que creo que los docentes pueden llegar a ser decisivos en la vida de los niños.
Llevo en mi corazón a mi profesora de primero elemental. Fue ella la que con amor me motivó a desarrollar mis habilidades orales para romper mi inseguridad y mi timidez. Siempre la recuerdo porque, quizá, si ella no me hubiera animado tanto, de pronto mi vida hubiera sido distinta.
Desde pequeña me ha fascinado el inglés. El aprender una segunda lengua, además de ayudarte al desarrollo de la memoria y a retener información a largo plazo, te abre la puerta al conocimiento universal que siempre valdrá la pena conocer. Por eso disfruto ser profe de inglés.
Me encanta estudiar y siempre estoy haciendo algo. Soy licenciada en educación con énfasis en filología, idiomas (inglés y español) y literatura. Me he ganado varias becas, entre ellas una para participar en un programa intercultural en inglés, tengo una Maestría en Lenguas Extranjeras, y actualmente estoy realizando un Doctorado en Educación en la Universidad de Los Andes con apoyo de la Secretaría de Educación del Distrito.
Detrás de un idioma hay un pueblo y una cultura diferente a la tuya que debes aprender a conocer para que exista una sana convivencia. A eso se le llama competencias interculturales que, para mí, deben ser el eje del bilingüismo. No basta con aprender a manejar una segunda lengua, también es necesario enseñar a entender y a respetar la dignidad y la diferencia del otro. A eso le apuesta mi tesis doctoral, a elaborar un diseño curricular de competencia intercultural comunicativa, que haga del bilingüismo una experiencia interdisciplinaria que involucre todo el área del saber ser del individuo y las competencias comunicativas del idioma extranjero.
No es fácil estudiar y trabajar al mismo tiempo. Requiere de muchos esfuerzos como dormir poco, sacrificar fines de semana y tiempo con la familia e incluso hacer maromas para que el dinero alcance. Sin embargo, creo que vale la pena porque sueño con que todo este esfuerzo se traduzca en proyectos de investigación que aporten a la educación bilingüe en Bogotá.
Como maestros, tenemos la obligación social, moral y ética de estar en continuo aprendizaje. Cuando un docente se forma y participa en procesos académicos contribuye más en la formación de sus estudiantes, que un profesor que nunca se capacita. Solo así podemos hacer un aporte real a la educación pública. Hacía allá es que deben apuntar todas nuestras investigaciones de maestría y doctorados.

Como profesora de inglés pienso que las Aulas de inmersión deben continuar. Pienso que no debe verse como una actividad extracurricular porque cuando eso ocurre, esas iniciativas llegan y se van. En estas aulas, los cooperantes pueden dar muchas cosas a los niños y ellos a su vez aprenden en cantidad. Lo que no se debe olvidar, es que un proceso de bilingüismo no se da de la noche a la mañana, debe recorrerse un largo camino que debe evaluarse constantemente para que sea exitoso y arroje buenos resultados.
Sí creo que es posible una educación pública y bilingüe. Claro, no es un proceso fácil, se necesita tiempo y procesos serios de evaluación constante, no se va a dar de un momento a otro, pero vale la pena apostarle a esta iniciativa, pues nuestros niños merecen tener herramientas para enfrentarse a este mundo cada vez más globalizado.
Cuando un individuo está con Dios y hace las cosas por convicción no le teme a nada. A mi lo único que inquieta un poco es no dar lo mejor de mi para apoyar y aportar en la transformación de las vidas de los niños que tengo a mi cargo.
Muchas veces como docente uno se siente solo y eso da mucha tristeza. En más de una ocasión he pensado en retirarme, pero sigo aquí por mis niños porque si uno está en esta profesión es por el don de servicio, y el docente debe perfilarse para servir no para ganar plata porque en esta profesión se gana de todo menos dinero.
A veces me preguntan ¿tú con doctorado y sigues en un salón de clase?, y mi respuesta siempre es: SÍ. De lo contrario, ¿qué sentido tiene? ¿Dónde está la razón de tu formación académica si no es en los niños? Por eso es que uno estudia: para darle más herramientas a nuestros estudiantes. Quiero seguir dictando clases y desarrollando proyectos de investigación.
Creo en la educación pública. Sé que hay muchas barreras por romper, pero podemos hacer y mucho porque nuestra educación es autónoma y democrática, y ese es un privilegio con el que no todos cuentan.
Elaboró: Paula Andrea Fuentes
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