Fecha de publicación: Jue, 21/05/2015 - 17:31

‘¡HELLO, BIELORRUSIA!’

En un colegio público de Bogotá, los estudiantes de primaria viven una gran aventura: conocer el mundo, hacer amigos extranjeros y aprender inglés sin salir de su salón de clases. Solo necesitan hacer clic.

El salón se llena de rostros expectantes ante una pantalla que les brinda una ventana a otra cultura, a un lugar extraño pero interesante en el que hay otros niños que manifiestan el mismo asombro.

Bielorrusia. ¿Dónde queda ese país? Están a punto de descubrirlo y no esconden su alegría. Se han escrito cartas con niñas y niños de un colegio de este país de la Europa Oriental y es el momento de conversar. En inglés, aunque unos hablan español y los otros ruso. Un clic y terminarán las dudas.

Esta es la última etapa del proyecto de la profesora Dora Inés Mesa, quien utiliza las Tecnologías de las Información y Comunicación (TIC) para hacer de sus clases de inglés un espacio en el que sus estudiantes conocen otras culturas y aprenden las ventajas de hablar una segunda lengua. Como dicen por ahí: no todo el mundo habla inglés, pero sí en todo el mundo se habla inglés.

Dominic García, Lina Vargas y Jairo Cifuentes son tres de los más de 50 niños del colegio José Manuel Restrepo que, a su corta edad, tienen amigos en Corea del Sur, Nueva Zelanda y Bielorrusia. Desde luego, saben que para conservar estas amistades, deben concentrarse en mejorar su vocabulario en este idioma extranjero universal.

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En sus años como maestra de idiomas, la profesora Dora descubrió que la mejor forma de captar el interés de sus estudiantes es generarles una motivación. Por eso, decidió contactar a maestros de otras partes del mundo, con el fin de establecer un intercambio virtual en el que estudiantes de dos países se conocen, al tiempo en el que ejercitan lo aprendido en clase de inglés.

Es así como sus niñas y niños, la mayoría habitantes de la localidad de Puente Aranda, sostienen conversaciones con niños de otros lugares del mundo, y aprenden sobre nuevas culturas y costumbres.

“Utilizamos la metodología del Tándem, que consiste en un intercambio lingüístico entre hablantes nativos de lenguas diferentes”, explica la profesora Dora, quien implementó este proyecto a partir de su tesis de maestría, en la que demuestra cómo este tipo de experiencias comunicativas mejoran la competencia lingüística y la actitud de sus estudiantes hacia el aprendizaje de otro idioma.

El comienzo de una nueva amistad

El inicio de este intercambio virtual tiene toda una metodología que se desarrolla durante varios meses. En esta ocasión, el turno es con un colegio de Bielorrusia y lo primero que hacen las dos maestras es pedirles a sus estudiantes que escriban cartas en inglés para intercambiarlas con los niños del otro país.

Antes de ver y hablar con sus amigos foráneos, niñas y niños redactan su carta en inglés y se las entregan a su maestra para escanearlas y enviarlas a la otra profesora, vía correo electrónico.

Toda la dinámica despierta en los estudiantes una curiosidad por saber cómo es esa persona que están a punto de conocer: sus facciones físicas, el tono de la voz. La profesora Dora aprovecha todas estas reacciones para incitarlos a que documenten la experiencia escribiendo en inglés en una cartilla que, uno a uno, empiezan a llenar.

Al recibir las cartas, las leen y junto a la profesora, corrigen los errores de ortografía y sintaxis que encuentran, para luego devolverlas a su remitente inicial. De esta misma forma, ellos reciben las cartas que inicialmente enviaron, con sus respectivas correcciones.

“Lo importante de este ejercicio es que en el afán de saber qué les escribieron y si su destinatario les entendió, ellos mismos generan la necesidad de reforzar su inglés en el tema que presentan mayor debilidad”, afirma la profesora Dora, sobre un proyecto que logra derribar miedos y bloqueos mentales que muchas veces se apoderan de los estudiantes cuando aprenden inglés de una manera tradicional.

Dominic, Lina y Jairo intercambiaron sus cartas con tres niñas, por lo que tenían expectativas similares: “según lo que escribieron en las cartas, pensamos que eran niñas muy lindas, pues dijeron ser altas, rubias y de ojos azules”, cuenta Dominic. A su vez, Jairo esperaba preguntarle a su nueva amiga por la mascota que mencionaba en la carta y por sus avances en el deporte que practica.

Cuando es el momento de estar frente a la pantalla, el nerviosismo se apodera de todos los estudiantes, quienes se amontonan para tener la mejor vista de lo que está por suceder.

La profesora Dora llama a sus estudiantes, uno a la vez, para sostener una conversación de unos minutos con la niña o el niño con quien intercambiaron cartas. Después de romper el hielo, los estudiantes hablan con mayor fluidez y la timidez se convierte en una curiosidad por preguntar más y más, pero que deberá satisfacerse en un nuevo encuentro porque es el turno de otro compañero.

Hasta el momento de su encuentro, Lina supo que la persona con la que intercambió cartas era una niña, pues la extraña escritura de su nombre no le permitía identificar su género. Eso sí, desde el primer momento, se produjo empatía entre ambas niñas, que a pesar de esta separadas por dos continentes, se prometieron continuar con la comunicación vía internet, para cultivar la amistad al tiempo en que mejoran su inglés.

Un viaje sin salir del salón

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Para Lina, la posibilidad de conocer personas tan lejanas y sobre sus culturas es la mejor manera de aprender una segunda lengua. “Es más educativo y menos aburrido porque entre ambas, nos vamos corrigiendo”, asegura esta estudiante, mientras espera con ansias el siguiente encuentro virtual.

A Jairo y a Dominic esta experiencia los impulsó a fijarse el objetivo de aprender muy bien inglés para poder viajar a conocer el mundo. “Quiero mantener comunicación con las personas que he conocido para un día irlas a visitar”, afirma Jairo, un niño que con solo 8 años, maneja un amplio vocabulario en inglés.

Esta propuesta novedosa le garantiza a la profesora Dora que sus estudiantes continúan su formación académica con sólidas bases en inglés, por lo cual no tendrán las limitaciones que muchas personas mayores tienen a la hora de entablar comunicación con personas de otros países o en el momento de profundizar sus conocimientos en esta lengua.

“Lo que más me interesa es que los niños entiendan que lo que aprenden en el colegio lo pueden aplicar en su realidad, en su vida cotidiana”, manifiesta esta docente, quien permanentemente le imprime a su proyecto nuevos elementos que lo hace más divertido para sus estudiantes.

Por David Amaya Alfonso

Fotos Julio Barrera

 


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