Fecha de publicación: Jue, 28/05/2015 - 15:53
#GRACIASPROFE JUAN FRANCISCO VELASCO
A este profe, diseñador gráfico y estudiante de una maestría en educación, lo mueve la docencia para romper paradigmas. Así, hace de su clase de artes un laboratorio en el que sus estudiantes tienen una gran misión: construir el mundo.
Gané un concurso de la Bienal de Venecia cuando tenía 20 años. Tuve que escoger un tema de ciudad y representarlo a través de las artes gráficas. Yo escogí la problemática de insalubridad generada por la gente que hace sus necesidades en la calle. Diseñé unos carteles que tenían el dibujo de un orinal de tamaño real, y los pegué bajo los puentes del barrio Venecia. La iniciativa tuvo mucho éxito, pues la gente se arrepentía de orinar cuando veía el orinal pegado a la pared. Lo que no pensé al participar, es que iba a ganar mucho más que un concurso.
En retribución por participar, tenía que dar una clase en un colegio público. Ofrecí una clase de diseño gráfico en el colegio República de Italia (que actualmente hace parte del colegio Venecia). Mientras les enseñaba a los niños a hacer grabados en fomy, descubrí que la docencia era una posibilidad de vida.
Lo pensé una semana entera porque no quería ser profesor como ‘escampadero’. Yo tenía la premonición de que si me inscribía, pasaba la convocatoria. A pesar de que en el primer examen mi nota no fue muy alta, logré un cupo. Yo creo que mi punto a favor fue que en la entrevista convencí a los jurados de que mi interés no era simplemente dictar una materia, sino formar ciudadanos. Nuestra labor es mostrarle al estudiante el camino para que se le mida a construir el mundo.
Mis primeros tres años los viví en el colegio La Belleza. Fue una gran escuela para mí porque era una comunidad muy vulnerable. Allí me di cuenta que la labor docente es con toda la comunidad. Esa experiencia me preparó emocionalmente para guiar en cualquier situación que afecte el desempeño académico.
Un día llevé a un grupo de niños a ver la escultura de ‘El Pensador’ de Auguste Rodín. No era una exposición subsidiada por el colegio, por lo que la cuota era de $5 mil pesos. Los 25 niños que pusieron la cuota eran los más indisciplinados y los que iban a perder el año. Por eso, el rector no los quiso dejar asistir. Pero ellos tenían tantas ganas, que me arriesgué y los llevé por mi cuenta.
La Ley 115 habla de la autonomía docente. Para mí eso implica salirse, en algunos casos, de lo convencional. Era importante que mis estudiantes fueran a la exposición porque yo les puedo dar horas de cátedra sobre el artista y no voy a captar su atención. En cambio, si ven las esculturas, lo van a disfrutar y van a aprender.
Después de esa salida, pintamos ‘El Pensador’ en una de las paredes más altas del colegio. Los niños se apropiaron de su espacio, aprendieron a quererlo. Ese fue el resultado de acercarlos a realidades que, para muchos, están muy lejos de la gente humilde. Pero pensar de esa forma es convertir al colegio en un agente excluyente. Por eso el docente debe estar por encima de esas creencias y romper paradigmas.
Esa fue la semilla del proyecto ‘Construyo mi colegio’, que germinó en el Colegio Venecia. Al llegar a esta institución me encontré con la problemática de que llevaba varios años en obra negra. Los estudiantes querían protestar tomándose la Avenida Boyacá, que queda a una cuadra. Me pidieron que liderara la protesta a lo cual, yo accedí, pero lo iba a hacer a mi estilo.
Les enseñé la frase: mi derecho termina cuando comienza el derecho del otro. La idea era demostrarles que protestar es importante, pero bajo dos preceptos: sin vulnerar los derechos de los demás y haciendo propuestas.
Ese día los invité a ver la película ‘La estrategia del caracol’ de Sergio Cabrera. Al final de la película destruyen una casa como protesta, pero yo les dije: en vez de destruir el colegio ¿Por qué no lo construimos?
Construimos un aula con cajas de cartón bajo una de las plantas que estaba en obra negra. Pero todo lo planeamos muy bien. Incluí el proyecto dentro de mi currículo, por lo cual los estudiantes aprendieron a hacer planos y medidas, en virtud de nuestra aula. Necesitamos mil cajas para construir un aula de 50 metros cuadrados.
Tardamos 6 meses recogiendo el material y 15 días construyéndola. Con el tiempo construimos otra aula de cartón y, en esa última, dicté clases por casi dos años. Por allí pasaron niños de grados 7º, 10º y 11º. Incluso, el profesor de música me la solicitaba porque era un aula con muy buena acústica. Actualmente, la nueva sede del colegio ya se entregó y cuento con un salón amplio y en óptimas condiciones para desarrollar mi clase.
Esa experiencia fue muy valiosa porque nos acercamos al tema ecológico. Los niños aprendieron a reutilizar el material reciclable para hacer nuevos elementos o crear arte. Dentro de esa aula, hicimos un globo terráqueo gigante con ladrillos ecológicos y plantas que muchos estudiantes aportaron. Simbólicamente, quise pasar del concepto de construir el colegio a motivarlos a construir el mundo.
“Yo comienzo en la docencia”. Es la respuesta que doy cuando me preguntan a qué me dedico. Es una frase que tiene una implicación muy distinta a la que escucho de muchos profesores que dicen “terminé en la docencia”. Con esa expresión quiero decir que el mismo oficio nos implica estar en permanente formación. Es el comienzo del camino; siempre estoy empezando y eso hace que mi día en el aula no sea fatigante, al contrario, siempre lo disfruto.
Entrevistado por David Amaya Alfonso
Viernes, 20/02/2026 - 12:47:17
Bogotá inaugura colegio Alexander Fleming y lanza estrategia ‘Redes sociales hoy: manejo inteligente’
Leer más
Martes, 17/02/2026 - 21:10:51
Bogotá avanza en el fortalecimiento de la convivencia escolar y ciudadana
Leer más
Lunes, 16/02/2026 - 18:12:13
Con nuevas aulas, se fortalece la atención escolar en el Hogar Masculino El Redentor
Leer más