Fecha de publicación: Vie, 29/05/2015 - 16:53

#GRACIASPROFES EDITH VERNAZA Y OSWALDO ROCHA

Edith y Oswaldo son dos Maestros Ilustres. Así fueron reconocidos y galardonados en el Premio Compartir al Maestro 2015, gracias a su proyecto ‘L@s Frid@s, un viaje al corazón’ en el que combinan el arte y la docencia para sanar corazones y salvar vidas.

‘L@s Frid@s, un viaje al corazón’ nace a partir de la vida de un estudiante, atravesada por el dolor. Él, padecía de una dermatitis severa que había convertido su piel en un campo minado de heridas a punto de estallar, y a su vida en una espantosa travesía donde el dolor era el único protagonista. Fue ahí cuando vimos la necesidad de hacer cambios dentro de las prácticas académicas: si el arte no les permitía a los estudiantes expresar todo ese dolor, nuestra clase no tenía sentido.

Ahí llegamos a Frida Kalho. Es Edith la que a través de la historia de esta artista mexicana empieza a mostrarles a sus estudiantes que nadie está exento del sufrimiento. A veces los chicos tienden a creer que alguien del común no es capaz de hacer lo que hacen los artistas, los ven como superhéroes. Pero cuando se pone a Frida al nivel de ellos, comienzan a ver la cosa totalmente distinta porque descubren que antes de ser una mujer reconocida mundialmente, era un ser humano con adversidades que se formó como artista a partir del intenso dolor que soportó a lo largo de su vida.

Y así, comenzamos a plasmar el dolor de nuestros estudiantes en piezas de arte.Empezamos en 2013 con 36 estudiantes de grado 9º, jornada mañana y tarde. Vestidos con telas recicladas, sesiones de fotos, diarios bordados y esculturas de yeso, han sido algunas de las experiencias que hemos recogido en estos años. Fueron estas vivencias las que no llevaron a la segunda parte de este proyecto, que quizá ha sido la más importante: el viaje al corazón. 

No todos enfrentamos el dolor de la misma manera. Hasta esa parte del proceso habíamos entendido que, como Frida, todos teníamos adversidades, conocíamos nuestras historias de dolor y habíamos encontrado en el arte una forma de expresar ese sentimiento. Sin embargo, como docentes, debíamos resignificar ese dolor porque solo cuando se sanan las heridas es posible volver a soñar, tener un proyecto de vida y seguir adelante.

Al usar el dolor como herramienta creadora, la vida de nosotros y la de nuestros estudiantes cambió para siempre. Cuando te atreves a escuchar y a ver lo que no es obvio las prácticas tradicionales cambian, hace que uno se vuelva un profesor distinto, y por eso Oswaldo y yo estamos convencidos de que, como docentes, debemos darle un protagonismo a lo humano. Ese, para nosotros, debe ser el propósito de la escuela.

En Los Comuneros Oswaldo Guaysamín, ser una Frid@ es motivo de orgullo. Para nosotros, una Frid@ es una persona que se levanta del dolor, que es capaz de soñar, de tener un propósito y un sentido de vida. Es un ser humano que puede ser feliz a pesar del dolor por el que pueda estar pasando. Por eso para nosotros, ser docente es ser una Frid@.

Con Edith hemos demostrado que es posible trabajar entre jornadas. Ella está en la tarde, yo en la mañana, pero siempre hemos encontrado la forma de trabajar juntos. Ha sido una bonita experiencia, pues todos nuestros estudiantes nos conocen, nos respetan y nos ven como sus docentes, dentro y fuera del salón. También ha hecho que el proyecto se arraigue en el colegio. Empezamos con un grupo base, pero ahora todo el colegio quiere participar. Siempre hay un estudiante golpeando la puerta del salón para decirnos, “profe ¿puedo ser una Frid@?”.

La fachada de nuestro salón es azul rey, como la casa de Frida. Siempre hemos pensado que nuestro salón es un laboratorio de construcción colectiva. Siempre que vayan va a estar lleno porque los estudiantes encuentran allí un espacio para crear, para pensar o simplemente para compartir.

Arte + resiliencia + perdón = herramienta para el posconflicto. Esa es la ecuación que resume todo este camino que hemos recorrido. Cuando empezamos, no había nada escrito, todo se fue dando de acuerdo a las necesidades de nuestros estudiantes, y eso nos demostró que cuando se rompe ese concepto de que el docente es el único que tiene el conocimiento, se logran cambios profundos, que pensamos, es una pequeña contribución que podemos hacer desde la escuela al posconflicto porque cambiamos corazones, sembramos esperanzas y generamos transformaciones profundas, reales y verdaderas en todos estos chiquitos.

“Ojalá hubiera tenido una profesora como tú”. Fue lo que me dijo una persona luego de terminar una conferencia a donde fuimos invitados a compartir esta experiencia, y ahí es cuando uno se da cuenta de lo que puede impactar un maestro en la vida de alguien, eso es una responsabilidad muy grande. Soy consciente de que no me las sé todas, pero trabajo día a día para que mis estudiantes se acuerden de esta maestra, aún cuando sean ancianitos.

La docencia cambió completamente mi vida. Fui formado para ser artista, pero el ser profesor en un colegio del Distrito me mostró un abanico maravilloso de posibilidades que puso el factor humano de primero en mi lista. Ahora sé que mi mejor obra de arte es el trabajo pedagógico desde el aula.

Haber sido reconocidos como Maestros Ilustres en el Premio Compartir al Maestro fue una experiencia maravillosa. Solo tres docentes de todo el país reciben este premio, por eso para nosotros es de gran orgullo haber sido los únicos de Bogotá que este año fueron galardonados. Fue un aval para seguir adelante, una ventana para mostrar que en los colegios del Distrito sí existen proyectos de calidad, y un motivo más para ratificar que el arte salva vidas de estudiantes, docentes, y de todos aquellos que se quieran dejar afectar por él.

Entrevistados por Paula Andrea Fuentes

Fotos Archivo particular

 


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