Fecha de publicación: Lun, 13/07/2015 - 17:00
EL AVE FÉNIX TIENE SU NIDO EN USME
El grupo Fénix es mucho más que un grupo porras. Es el orgullo del colegio Federico García Lorca y el ejemplo perfecto de que una disciplina deportiva es capaz de transformar vidas. Esta es la Jornada Completa de Bogotá.
Cada 500 años, en la mitología egipcia, un ave con plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, se consumía en el fuego para luego resurgir de las cenizas. Su nombre era Bennu, pero los griegos la bautizaron Fénix. Es una leyenda, pero su historia, símbolo de fuerza y poder, se mantiene vigente al sur de Bogotá, donde un grupo de estudiantes, diariamente se reinventan para crear la mejor versión de ellos mismos.

Son las ocho de la mañana y Yeraldine Cardona, una linda niña de 14 años, se acerca con afán al portón del colegio Federico García Lorca. Aunque faltan cerca de cuatro horas para que empiece su jornada escolar, ya está en su colegio, pues es la hora de hacer lo que más le gusta: entrenar con uno de los equipos de porras más famosos de Usme, el grupo Fénix.
Uno a uno empiezan a llegar sus integrantes, adolescentes que no superan los 17 años, pero que ante los ojos del profesor Edison González, siguen siendo los mismos pequeños que conoció cuando apenas iniciaban la primaria.
“Conozco la personalidad de todos, sé cuando están tristes, preocupados o alegres, no me pueden decir mentiras. Ellos confían en mí y yo en ellos”, comenta este docente de educación física que hace 9 años decidió darles a sus estudiantes una opción diferente a los deportes tradicionales, para no solo explotar sus habilidades físicas, sino también, poder brindarles un espacio que los alejara del ocio, la calle y los problemas.
“Muchos de los chicos que ves aquí eran famosos por su indisciplina y problemas de convivencia (…) todavía son populares, pero ahora lo son gracias al deporte”, agrega este profesor que hizo de la gimnasia, los pompones y las coreografías, poderosas herramientas de transformación social.
Y es que Edison sabe de lo que habla. Además de ser licenciado en educación física, es juez y entrenador de cheerleader certificado internacionalmente. Su pasión es el deporte y las porras y toda esa energía se la ha contagiado a sus estudiantes, quienes “llueva, truene o relampaguee, nunca faltan a los entrenamientos”.
Las historias detrás de los giros y las acrobacias
“¡Listos todos!”, dice con fuerza Yeraldine, que ya vestida con su uniforme de cheerleader, dirige la coreografía que el año pasado los coronó como subcampeones distritales en la categoría juvenil del Festival de Porras de Bogotá, evento organizado por el Idrd, y que se ha convertido en uno de los más importantes de la ciudad.
“También quedamos de subcampeones en la categoría infantil y ocupamos el cuarto lugar en la pre infantil. Aunque lloramos mucho por no ganar, estamos orgullosos de lo que hemos alcanzado porque fuimos el único colegio distrital que llegó hasta esas instancias”, señala el profe Edison mientras supervisa de cerca el entrenamiento liderado por Yeraldine.
Mientras las niñas realizan arriesgadas pirámides y coordinados movimientos coreográficos, los niños ejecutan complejas secuencias gimnásticas que explican porqué han llegado tan lejos.
“Muchos piensan que esto se trata solo de animar a un equipo de fútbol o de baloncesto, y no es así. Es un deporte altamente competitivo al que se le debe entregar todo para ser el mejor. A mí me encanta, no solo por la gimnasia, sino también por la humildad y la fortaleza de salir adelante que el profe nos ha enseñado”, comenta Yeraldine.
Junto a ella, está Mayron Salamanca, otro de los integrantes del equipo, que desde su llegada se ha destacado por su flexibilidad y fuerza.
“Yo soy problemático, si me buscan pelea yo la sigo, aunque desde que estoy en porras le he bajado resto. Es que uno aquí se concentra mucho, la gimnasia exige bastante de uno, entonces uno quiere dar más y más, y eso me gusta, no sé, me siento como libre y tranquilo”, dice Mayron.
Son precisamente este tipo de historias las que conforman el adn de este Fénix que sobrevuela con destreza el cielo intenso de la media luna del sur, y que acoge bajo sus alas a todos sin excepción.
“Generalmente los que tienen más energía, son los más hiperactivos e indisciplinados – explica el profesor Edison -. A esos son a los primero que invito a participar en Fénix porque aquí pueden canalizar toda esa energía en algo positivo como lo es el deporte”.
Con la voz entrecortada, el profe Edison confiesa que en este difícil proceso no todo han sido momentos felices. Recuerda con nostalgia a uno de los mejores gimnastas que ha tenido bajo su tutela. ‘Best Man’, así se hacía llamar aquel joven que llegó a ser campeón suramericano de porras individual, pero que se retiró del equipo “por las malas amistades”. También a Víctor Ramírez, quien a pesar de que tuvo que abandonar el colegio por serios problemas familiares, regresó años después para contarle que había logrado ingresar a la Selección Colombia de Gimnasia.
“Me dijo que siguió fortaleciendo las habilidades que había aprendido en el grupo de porras, y que se aferró a eso para salir adelante. Eso me llena el alma. Puede que no pueda salvarlos a todos, pero si al menos los puedo alejar de la calle teniéndolos más tiempo en el colegio, creo que con eso habré cumplido”, recalca Edison.
El ave Fénix muere, renace y crece
Aunque el sueño del profe Edison siempre fue llegar a la mayor cantidad de estudiantes posible a través de su grupo de porras, solo hasta hace poco más de tres años pudo hacerlo posible.
“Yo siempre entrené a mis muchachos en mis ratos libres, es decir, por la mañana porque soy profesor de la tarde, pero no podía tener muchos grupos porque no tenía el material que necesitaba. Por eso cuando llegó la Jornada Completa de Bogotá todo cambió. Con ayuda del rector inscribimos el grupo de porras como centro de interés y con eso logré fortalecer este proceso que hoy en día es orgullo del Federico García Lorca”, relata Edison.
Actualmente, el grupo Fénix forma a cerca de 100 niños, niñas y jóvenes desde segundo de primaria hasta noveno de bachillerato. El proyecto ha crecido y ahora son los chicos que empezaron el proceso con el profe Edison los que se encargan de guiar a los que están iniciándose en esta disciplina.
“Me motiva mucho guiar a los chiquiticos que están empezando porque cuando los veo me acuerdo de mis inicios en este deporte y multiplicar todo esto que he aprendido me llena muchísimo”, dice Yeraldine.
Como lo destaca el rector de esta institución, Marcos William Salamanca, el grupo Fénix ha sido un gran ejemplo para todos los estudiantes del colegio y un gran representante de la localidad en la escena deportiva. “Siempre los he apoyado en todo porque creo que el deporte es un salvavidas para esta juventud que está expuesta a problemáticas de drogadicción, pandillismo, embarazo adolescente, entre otras”.
Haciéndole honor al ave mitológica de la que tomaron su nombre, los cheerleaders del grupo Fénix se reinventan para llegar con más bríos al próximo campeonato distrital. La pasión por lo que hacen es el fuego que los impulsa a ser cada vez mejores, no tienen miedo a caer porque saben que cada derrota solo los hace más fuertes. Este año, aseguran, volarán hasta el primer peldaño del podio, el lugar que solo está reservado para los mejores.
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