Fecha de publicación: Mar, 21/07/2015 - 17:04
EL MARAVILLOSO EFECTO DEL TEATRO EN LOS NIÑOS DE CIUDAD BOLÍVAR
El proyecto ‘Por el derecho a enamorarnos’ trasformó la formación de las niñas y los niños de primera infancia del colegio Manuela Beltrán- El Paraíso. El arte, la creatividad y la sensibilidad son protagonistas en este exitoso proceso. Bogotá educa para ser feliz creciendo feliz.
En una mañana cualquiera, el frío y la cotidianidad del colegio Manuela Beltrán – El Paraíso se ven interrumpidos por acordes de guitarra y risas infantiles. Provienen de uno de los salones de este colegio de Ciudad Bolívar, de donde se asoma un niño sosteniendo una ‘A’ gigante hecha en papel y adornada con colores y escarcha. Al entrar al aula, se puede ver que no es una clase normal. Los pupitres están apilados a un lado y el grupo de niños se congrega alrededor del maestro que rasca emocionado la guitarra.
En el salón de al lado se puede apreciar una escena similar. Los niños no tienen libros o cuadernos, ni miran somnolientos el frío tablero. En sus manos empuñan papel, tijeras y colores y con mucha emoción le dan forma a cocodrilos, pulpos, medusas y una gama multicolor de animales acuáticos.
No es un día especial, no es un festival artístico ni unos talleres especiales para distraer a los niños. Es la jornada cotidiana de este colegio, que le apostó a convertir el arte, el teatro y las lúdicas en aliados estratégicos para formar integralmente a las niñas y los niños de preescolar.
“Si estamos viendo clase de español con los chicos, el músico se inventa una canción para aprender cada una de las vocales. Si estamos viendo ciencias naturales, el artista plástico hace un taller de máscaras para que los niños conozcan los animales acuáticos. No es lo mismo hacer una máscara de un cocodrilo, estudiar sus formas para plasmarlas en una obra, que ver al mismo cocodrilo en un libro. Estas actividades involucran a los niños activamente en lo que están aprendiendo, los atraen y les ayuda a entender mejor las temáticas mientras juegan”, dice la coordinadora Astrid Martínez, una las maestras responsables de que el arte, el teatro y la creatividad hayan cambiado la forma en la que se educa a las niñas y niños de primera infancia.
‘Por el derecho a enamorarnos’, es el nombre de esta iniciativa que en este plantel educativo impulsa el derecho a la educación pública, gratuita e integral para la primera infancia a través del juego, la exploración, el arte, la literatura y el teatro.
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“No es el juego por el juego, no es el dibujo y la plastilina para matar el tiempo. No. Todas las actividades que hacemos aquí tienen una clara intencionalidad pedagógica que nace de un profundo trabajo de investigación y diseño de currículos”, complementa la coordinadora Martínez.
Aunque al principio hubo resistencia por parte de los padres de familia, que no entendían cómo el teatro, la danza y la música podían mejorar la educación de sus hijos, poco a poco las artes y las lúdicas fueron ganándose su espacio y hoy tienen un lugar de preferencia en la formación integral de los 250 niñas y niños, de entre 3 y 5 años, de educación inicial de este colegio.
Cambiar el paradigma de que la educación se restringe al tablero y a los libros ha sido solo uno de los retos que profesores y directivos de este colegio han tenido que encarar. “Alguna vez un padre se quejó que no les poníamos tarea a los niños, que sus hijos solo venían al colegio a jugar. Yo le dije, usted tiene toda la razón, nosotros venimos aquí a jugar. Las tareas se aprenden, pero el enamoramiento hacia el colegio y el aprendizaje se inculcan”, comenta Astrid.
En ese sendero de búsqueda de nuevas alternativas para brindar una formación integral para el buen vivir a las niñas, niños y jóvenes de Bogotá, los profesores del colegio Manuela Beltrán- El Paraíso se encontraron con los artistas del Teatro La Baranda. Gracias a la implementación de la política educativa de Bogotá, el ‘Currículo para la Excelencia Académica y la Formación Integral 40x40’, lograron vincular a varios teatreros de este centro cultural para que, con el constante apoyo de directivos y docentes, apoyen con su experticia la labor de educar a los niños del Distrito.
El maravilloso efecto del teatro en los niños
La pequeña Valentina Duque es testimonio vivo de los beneficios que trae el teatro y las artes para las personas, más si se trata de niños de la primera infancia. Esta niña sonriente y desenvuelta, que acaba de cumplir los 5 años, según sus maestros y tutores es una persona completamente diferente de la que llegó a la institución a principio de año y da cuenta del maravilloso efecto que surten las artes escénicas en las personas.
“Valentina es una niña con déficit cognitivo y parálisis leve. Cuando llegó, no hablaba, no se relacionaba con los demás. Ahora, después de estos meses en el colegio, es una niña que grita, corre, molesta y eso para mí eso es magia, es magia que se hace a través de la escuela y a través del arte”, recuerda la coordinadora Astrid, quien no para de destacar los efectos positivos que trae el teatro a los niños en formación.
Pero ¿cómo es que el teatro y las artes escénicas pueden ayudar a las niñas y niños a enamorarse de los contenidos académicos y de la escuela? La respuesta, según la coordinadora Martínez, radica en el hecho de que el teatro “es una herramienta que nos ayuda a relacionarnos positivamente con los demás, a conocernos a nosotros mismos, a expresarnos y es un espacio creativo que estimula la imaginación de los niños y el gusto por aprender”, reafirma.
La imaginación y la creatividad son los puntos donde confluyen, se unen y se alían las artes y los conocimientos académicos. Con una orientación adecuada y una guía pertinente, la expresividad del teatro y el gusto por dejar volar la imaginación se transpolan al quehacer académico, a los contenidos de las clases y se traducen en ‘amor por la escuela’.
“Tenemos una maestra maravillosa de La Baranda que se llama Ella. Ella es una mujer mágica, es una narradora oral de la Guajira con una historia de vida muy bonita. Ella tiene una capacidad para fascinar con su discurso y transportar a los niños hacia el mundo de la imaginación. A través de su cuerpo y de su expresión hace sentir a los niños que están en ese mundo que ella crea, entonces es fascinante porque hace que los niños se metan en el cuento y que disfruten y jueguen mientras aprenden los contenidos académicos tradicionales”, cuenta la coordinadora Astrid.
Acompañando a la narradora, hay todo un ‘contingente’ de especialistas del arte, músicos, teatreros, profesores de danza, artistas plásticos y otros profesionales que acompañan el proceso de convertir las clases tradicionales en un espacio de juego y exploración.
Todo esto para cumplir la meta de la ciudad: ofrecer educación inicial pública y de excelencia desde la primera infancia, con un currículo integral y una jornada completa, basada en tres pilares fundamentales. El juego, la exploración del medio, la literatura y, por supuesto, el arte.
Cultura para construir ciudad
La sensibilidad, el amor por el conocimiento y la capacidad para entender a los demás, son valores que se cultivan con actividades como el teatro y las artes y que abren un sinnúmero de escenarios de aprendizaje en espacios como la escuela. El impacto de iniciativas como ‘Por el derecho a enamorarnos’ cruza los muros del colegio y origina transformaciones en los docentes, los padres y las familias de los estudiantes.
“En este proceso todos los de la comunidad hemos aprendido a enamorarnos del teatro y las artes. Los del Teatro La Baranda nos invitan a obras, nos muestran la cartelera y nos dan facilidades para ir a las funciones, que a veces por los costos no son muy accesibles. Tanto directivos y maestros nos hemos involucrado a fondo con el arte escénico, todo eso para cambiar ese concepto de que el teatro es pérdida de tiempo, que el arte no cultiva”, agrega Astrid.
Los padres están encantados con el proyecto. No solo porque sus hijos pasan más tiempo en el colegio, sino porque desde que el arte llegó a sus vidas sus perspectivas han cambiado. “Un día un papá me dijo que le gustaría que su niña fuera actriz o cantante, porque él siempre quiso y nunca tuvo la oportunidad. El Teatro La Baranda permite, a través de eso que están aprendiendo los hijos, que los padres vivan sus sueños”, complementa la coordinadora.
Aliados estratégicos para una educación de calidad
Gracias a la Jornada Completa de Bogotá, más de 80 profesionales del Teatro La Baranda han llegado a 40 colegios del Distrito, donde instruyen a maestros y estudiantes a amar las artes escénicas y a convertirlas en un vehículo para lograr transformaciones sociales.
Esta alianza entre la Fundación Teatro La Baranda y la Secretaría de Educación del Distrito, que ha logrado llevar el arte escénico a los sectores menos favorecidos de la ciudad y con esto impactar positivamente las vidas de miles de niños, niñas y jóvenes. En otras palabras: lograr con educación pública de excelencia disminuir la segregación social.
“El trabajo artístico para los niños les genera sentido de pertenencia, que es muy importante en una ciudad tan grande como esta que no lo tiene. El sentido de pertenencia les ayuda a sentirse que aquí en el colegio están como en casa. Uno cuida su casa, uno quiere su casa, uno protege su casa y estas cosas se dan a través del arte. Con procesos como estos se hacen mejores ciudadanos”, recalca Fernando Santanilla, profesional de las artes escénicas que se metió de cabeza en esta alianza teatral – pedagógica.
La sensibilidad es una virtud muy importante en la formación de los individuos y los ciudadanos, por eso tanto artistas como docentes se empeñan en abrir espacios para estimular estas habilidades emocionales en los niños, que les dan herramientas para la vida diaria y los forma como ciudadanos que saben sentir, que saben ser felices y convivir con los demás.
Aunque el proyecto de utilizar el arte escénico como herramienta para educar ha sido un éxito indiscutible, es un proceso cambiante que se enriquece constantemente por los aportes de los niños y de los maestros, que valoran el trabajo artístico y se esfuerzan para vincularlo de forma activa en la vida académica.
Por eso, la apuesta es romper paradigmas, borrar etiquetas y meterle corazón y sensibilidad a la educación, y el teatro y las artes son una herramienta para lograrlo.
Por Nicolás Rodríguez Chaparro
Fotos Julio Barrera
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