Fecha de publicación: Mié, 16/09/2015 - 16:51
CAPOEIRA, EL ARTE MARCIAL QUE SE TOMÓ LOS COLEGIOS PÚBLICOS DE BOGOTÁ
Conozca más de esta danza de la liberación que hace parte de la formación integral que reciben niñas, niños y jóvenes en los colegios oficiales de la capital. Esta es la Jornada Completa de Bogotá.
Más que un círculo del combate, la roda en el colegio Rafael Uribe Uribe, es un círculo de amistad donde los estudiantes ponen en práctica lo aprendido en capoeira. Las patadas, los puños y otros movimientos corporales, se convierten en una forma de comunicarse; de preguntar y responder en una danza que los libera de sus miedos y de sus problemas. Así lo define Daniel Felipe Ramírez, un estudiante que encontró en este arte marcial la mejor manera de expresarse.
“Hacemos lo mismo que hacían los esclavos africanos en Brasil después de sus arduas jornadas de trabajo”, cuenta Daniel, quien hace la analogía con el origen de la capoeira en la época colonial. “Aquí se ejercitan, aprenden historia, aprenden portugués y aprenden a convivir”, afirma Handam Yaset Hosman, el profesor de baja estatura pero de cuerpo macizo, que llegó a este colegio a entregar un conocimiento que ha adquirido a lo largo de más de 10 años de entrenamiento.
Mientras los dos oponentes hacen medialunas, mandan patadas y esquivan ataques, los integrantes de la roda aplauden al ritmo del berimbau y el pandeiro. Entre más rápido van las palmas y la música, el combate se hace más intenso. Aunque la idea no es lastimar al oponente, a veces se va una patada o un puño a la cabeza. Todos saben que son gajes del oficio y todo se queda en una disculpa cordial.
Porque aquí nadie viene a pelear. Las 85 niñas y niños que llevan 6 meses practicando capoeira, vienen a divertirse, a ser felices y a aprender sobre el dominio del cuerpo. Aunque es un mecanismo de ataque y defensa, el profesor Handam se ha encargado de enseñarles que la capoeira no tiene nada que ver con la violencia.
“Al contrario, es un deporte con el que aprenden a compartir y a fortalecer su círculo social”, explica Handam, cuyo proyecto, precisamente, se llama ‘La Capoeira como una herramienta pedagógica”. Estrategia que llegó gracias a la Jornada Completa de Bogotá, que se implementa a través de la política educativa del Distrito ‘Currículo para la Excelencia Académica y la Formación Integral 40x40’ y que beneficia actualmente a 229.866 estudiantes en 113 colegios públicos de Bogotá.
La capoeira es uno de los centros de interés de profundización de los aprendizajes en el saber y el ser que ofrece la Jornada Completa de Bogotá a los estudiantes, entre otros 202 en áreas como ciencias, deporte, ciudadanía, matemáticas, donde eligen lo que quieren aprender de acuerdo a sus intereses.
La ginga
En toda roda que se respete, los oponentes deben gingar. La ginga es uno de los movimientos básicos donde se conjuga la danza y la posición de combate. Los capoeiristas bailan de lado a lado, moviendo piernas y brazos hacia adelante y hacia atrás.
Es un movimiento que hay que entrenar constantemente. Antes de ir a la roda, niñas y niños entrenan en unas largas hileras donde corrigen sus movimientos y sueltan las caderas. De este vaivén, salen poderosas patadas que se pueden materializar en medialunas, barridos y otros movimientos.
La evolución
Muchos estudiantes, como Laura Abella, se metieron a capoeira por pura curiosidad y con miedo al fracaso. Afortunadamente ganó la curiosidad de aprender algo nuevo que nunca se había ofrecido en el colegio, y al ver un mínimo de evolución, se dejaron enganchar.
“No era que yo no pudiera. Descubrí que esto es de mucha disciplina”, afirma Laura, una niña que aparte de las cuatro horas que tiene a la semana de capoeira en el colegio, afina los movimientos en sus tiempos libres.
“No espero sacar a los mejores capoeiristas del mundo, pero sí a jóvenes con grandes capacidades motrices, seguros de sí mismos y con mucho criterio para tomar decisiones”, asegura Handam, sobre la que, a su juicio, es la verdadera evolución que busca en sus estudiantes.
Eso sí, hay que decirlo, muchos de ellos tienen madera para la capoeira. Con los pocos meses que han practicado, tienen mucho para mostrar. Por eso su maestro explica que el primer semestre fue motivacional y la segunda etapa que están cruzando, es mucho más estructurada e intensa, por lo que todo se fundamentará en la técnica.
“Sentir que puedo hacer cosas que antes no podía, es algo que me da mucha motivación”, expresa Juan Esteban Moreno, una opinión que comparten sus demás compañeros, quienes ahora tienen un fuego en sus ojos que de seguro, los llevará a aprender y a ser expertos en lo que se propongan. Por ahora, esta disciplina marcial se convirtió en su danza de la liberación.
Por David Amaya
Fotos Julio Barrera
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