Fecha de publicación: Lun, 21/09/2015 - 12:37
BOGOTÁ EDUCA PARA LA PAZ
Formar ciudadanos de excelencia, esa es la prioridad de la educación pública de la capital. Por eso, gracias a más de 2 mil iniciativas ciudadanas, los estudiantes de los colegios públicos de la ciudad están transformando sus realidades. Conozca cómo desde las artes, los deportes, la ciudadanía y la convivencia, hoy Bogotá construye comunidades educativas que le apuestan a un país en paz.
La educación pública de Bogotá se une a la celebración del Día Internacional de la Paz, con un merecido reconocimiento a maestros, estudiantes y padres de familia que, a través de las Iniciativas Ciudadanas para la Transformación de Realidades (Incitar), generan pequeñas grandes revoluciones en sus comunidades y promueven acciones que contribuyen a la construcción de paz desde las escuelas y comunidades.
¡Desde los colegios públicos de Bogotá, nosotros saludamos la paz!

“Los paramilitares se enfrentaban a muerte con los guerrilleros y el pueblo quedó en medio del fuego cruzado”. Estas líneas, cargadas del dolor profundo que aún siente el país por las víctimas de la violencia, son las que animan a un grupo de niños que no superan los 12 años a probarse como acróbatas, como gestores de paz.
Esto es posible gracias a Daniel Ortiz, un maestro de la educación pública de Bogotá, que dirige el ‘Circo del Sol Solecito’, integrado por niñas y niños de primaria del colegio Jorge Soto del Corral, quienes les rinden un homenaje a las víctimas del conflicto en Colombia con arte y malabares.
Lea la historia completa del ‘Circo del Sol Solecito’

La educación pública de Bogotá ha hecho historia apostándole al yoga como una estrategia para construir paz y fomentar capacidades ciudadanas. En 2014, 1.046 estudiantes, docentes, padres de familia y egresados del colegio Rodrigo Lara Bonilla impusieron una marca Guinness Record en la práctica simultánea de yoga y de percusión corporal.

Recientemente, este número ascendió a 2.200, con la participación de estudiantes de 15 colegios oficiales, que se dejaron contagiar por este ejercicio de concentración mental, meditación y conexión con los principios de una disciplina que genera nuevas prácticas de convivencia escolar.

La paz también tiene forma de historieta. Así lo comprueban a diario los jóvenes del colegio Marruecos y Molinos, que utilizan las artes gráficas como herramienta para enseñar a solucionar conflictos en esta comunidad educativa al sur de Bogotá.
Bajo el nombre de ‘JAK’, este colectivo aprendió a usar el poder de la imagen para enviar mensajes de paz y darle pinceladas de sana convivencia a esta institución educativa de la localidad de Rafael Uribe Uribe.

En la localidad de Ciudad Bolívar nació ‘Caminos de Paz’, un proyecto para sanar las heridas de la guerra. Allí, 30 niñas, niños y jóvenes del colegio Antonio García luchan por devolverle la razón de vivir a las víctimas del conflicto armado, construyendo senderos que ayuden a remediar el dolor y el sufrimiento que padecieron las familias desplazadas que hoy viven en el sur de Bogotá.

Con arte para la paz, un colegio público de Bogotá se tomó el barrio Egipto. Se trata de un grupo de jóvenes de la localidad La Candelaria, quienes descubrieron en el grafiti una herramienta para transformar su entorno y construir memoria.
Con ganas, creatividad y mucho trabajo, los jóvenes de ‘Huella Inteligente’ involucran el arte y las expresiones urbanas en los procesos de formación, convencidos de que desde la escuela se puede aportar al territorio y a la comunidad para hacer de su barrio un lienzo vivo de sana convivencia.

Una filmadora y unos cuantos micrófonos de solapa son lo único que necesitan los estudiantes del colegio República de Colombia para cumplir su misión: captar con su lente ‘la esencia de la paz’.
La idea se la ‘craneó’ el profe Nelson Borda, convencido de que sus estudiantes son los nuevos videógrafos de la paz, capaces de cambiar pensamientos, conciencias y demostrar que con la guerra no se gana nada. Con cámara al hombro, ellos se la juegan por la reconciliación y la transformación de realidades.
En el colegio Orlando Fals Borda, de la localidad de Usme, 25 estudiantes utilizan el milenario arte del tejido para ‘hacerle el quite’ a la violencia. Entre punto y cadeneta, con hilos, agujas y canutillos, el proyecto ‘Kunturi’ trenza las ilusiones para construir una comunidad en paz, más tolerante y donde todas y todos tengan espacio.
‘Kunturi’ significa ‘enviado por los ancestros’ en el vocablo quechua. Por eso, este colectivo de niñas y niños tejedores sigue rescatando la cultura de sus antepasados para “cortar malos ratos y deshilar en el viento los sin sentidos para ser una comunidad de vida, alegría y paz”.

Hace 44 años, el tchoukball fue declarado como deporte de la paz por la UNESCO. Esta práctica también llegó a los colegios públicos de Suba, Usme y Tunjuelito, donde demostró que el deporte es uno de los mejores caminos hacia la reconciliación, con un claro mensaje de que lo importante no es ganar ni hacer campeones, sino contribuir a la construcción de una sociedad más armoniosa.
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