Fecha de publicación: Mié, 23/09/2015 - 11:58

HONGOS COMESTIBLES PARA LUCHAR CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA ESCUELA

Una maestra de la educación pública de Bogotá creó un proyecto que motiva a sus estudiantes a interesarse por temas ambientales tan importantes en la actualidad, como la seguridad alimentaria y el cambio climático. Un proyecto que llevaron al Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima en Francia. Esta es la Jornada Completa de Bogotá.

La orellana es un tipo de hongo comestible con un alto contenido nutricional y un gran número de propiedades medicinales. En busca de algo para sembrar en su huerta escolar, la profesora Luz Marina Ríos encontró este integrante del Reino Fungi, tan atractivo y exótico que logró captar el interés de sus estudiantes, quienes pasan más horas en el colegio explorando el fascinante mundo de la investigación y la ciencia.

Dos salones del colegio Marruecos y Molinos son los cuartos oscuros donde pasan la mayor parte del tiempo escolar. Más allá de ser los lugares donde se cultivan las orellanas, estos salones son el centro de sus investigaciones. Allí descubrieron que este hongo es más fácil de cultivar que el champiñón y más económico que la carne o el pollo.

Estas y otras propiedades que se han revelado en sus diversos estudios sobre la orellana, los convirtió en promotores de un alimento poco conocido, pero muy benéfico para la salud y el medio ambiente.

La orellana les ofrece una oportunidad de negocio que, aunque lo han pensado, no es lo que trasnocha a la profesora Luz Marina. Para ella es más importante ofrecer a sus estudiantes una motivación para investigar, una alternativa para pasar más horas en el colegio aprendiendo voluntariamente. Así es como esta maestra, es una de las cientos de docentes que aportan a la nueva etapa de la formación integral que ofrece la Jornada Completa de Bogotá.

“Este proyecto es para mí un laboratorio biológico y un laboratorio donde se forman seres humanos”, afirma la maestra, quien añade que aunque es autosostenible desde el punto de vista comercial, lo que más le interesa es promover la autosostenibililidad biológica y de la biodiversidad.

Palabras que están en la cabeza de estudiantes como Samuel David Quiceno, quien representó al país en el Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima, un evento que se desarrolló en Toulouse (Francia), en donde fue ponente líder en la propuesta de agricultura urbana y tuvo la oportunidad de explicar, ante un auditorio de personas de nacionalidades diversas, el mágico mundo que descubrió con sus compañeros a través del cultivo de orellanas.

En aquel escenario mundial, animó a muchos jóvenes de su edad a buscar la forma de cambiar el mundo. Él tiene claro que las orellanas son un gran aporte, pues entre otras cosas, explica que este hongo tiene la capacidad de mitigar el cambio climático. “Producir un kilogramo de carne requiere de 120 litros de agua, pero con esa cantidad, podemos producir 45 kilogramos de orellanas”, afirma Samuel, quien ve en este alimento una alternativa para mitigar la hambruna que ataca a gran parte de la población mundial.

Pero lo que más apasiona a Samuel es ver a compañeros de su mismo grado como Karen Gutiérrez o incluso, a los más pequeños como Oliver Simón, estar tan comprometidos como él en el objetivo de introducir la orellana dentro de los hábitos alimenticios de su comunidad, pues todos se volcaron a posicionarlo como un alimento que ofrece múltiples beneficios a la humanidad.

A Oliver y a las decenas de niños que están iniciando les dicen ‘primordios’, lo más pequeño, el primer asomo de la orellana. A pesar de estar en grado 6º, Oliver está lleno de información sobre el producto que cultiva: “la orellana contrarresta las células cancerígenas, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y es antiinflamatorio”, afirma el pequeño Oliver, sin dejar de resaltar que es un alimento delicioso que se puede preparar salteado, en pasta, en ensalada e, incluso, en ceviche.

Karen, por ejemplo, sueña con el momento en que se generen cadenas de producción en las que ella y sus compañeros guíen el cultivo. “Como se produce fácilmente, podríamos orientar el proceso de emprendimiento de un gran número de familias”, señala Karen y subraya que el grupo está preparado y dispuesto para dictar talleres y enseñar a quienes estén interesados.

La profe Luz Marina forma estudiantes dispuestos a cambiar el mundo. Jóvenes que tienen un discurso científico y que se están formando como líderes sociales, gracias a esos pequeños pero grandes cambios que se generan en las aulas de los colegios públicos de Bogotá. Esta vez, desde la agricultura urbana. “Es cierta esa frase de que el futuro está en nuestras manos: aquí demostramos que desde un colegio, podemos aportar a un futuro sostenible”, afirma la maestra, quien forma a sus ‘primordios’ con una pasión indescriptible. 

Orellanas en 11 simples pasos

Los estudiantes de la profe Luz Marina nos enseñan a cambiar el mundo con la producción de orellanas. Un hongo comestible con tantos beneficios que es irresistible no probarlo. Anímese a conocer este proyecto del colegio Marruecos y Molinos de la localidad Rafael Uribe Uribe.

Bryan Gamboa y sus compañeros, nos explican el paso a paso del cultivo de orellanas.

Se debe comprar un kilo de semilla de Pleurotus pulmonaris. Es una espora que se alimenta de trigo antes de su proceso de siembra.

Se prepara un sustrato con la siguiente fórmula: por 10 kilos de aserrín, se utilizan 6 kilos de viruta, 4 kilos de salvado de trigo, 200 gramos de cal y 200 gramos de azúcar. Se mezcla de manera homogénea.

El proceso se desarrolla en un cuarto oscuro, con una temperatura de entre 20 y 25 grados centígrados y una humedad de entre 70 y 80%.

Cocción. En una olla grande, el sustrato debe hervir por 3 horas en agua. La mezcla emite un olor agradable, a madera dulce.

Escurrido. Se deja enfriar el sustrato y posteriormente, se introduce en costales que se suspenden en ganchos para escurrir por 24 horas.

Siembra. Se desinfecta una mesa con alcohol. Se vierte el sustrato y se hacen unas canaletas. Entre las canaletas se esparce la semilla de trigo en la cual, está la espora de orellana. Posteriormente, se revuelve. En adelante, la espora se alimentará de este sustrato.

Incubación. La nueva mezcla se introduce en bolsas plásticas a las que se les abren agujeros.

Por esos agujeros saldrán los primordios. Las bolsas se ubican en un cuarto más oscuro con calefacción para aumentar la temperatura a 25 grados. En incubación duran entre 15 y 20 días y se hace un proceso de aspersión (se les aplica agua con un espray) de mínimo 2 veces al día.

Fructificación. Las bolsas se cuelgan en el techo de un cuarto en el que disminuye la temperatura a 15 grados, por lo que reciben un choque térmico. Allí estarán reposando entre 8 y 15 días más.

Finalmente, se retira el hongo de las bolsas, se colocan en platos de icopor, se forran con papel transparente y están listos para su consumo.

El residuo del sustrato puede ser utilizado en una huerta, para la alimentación de lombrices y la fabricación de compostaje y humus para las plantas.


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