Fecha de publicación: Mié, 30/09/2015 - 16:51
‘COMEDOG’, EL PRIMER RESTAURANTE CANINO LIDERADO POR ESTUDIANTES
En la capital hay cerca de un millón de perros callejeros. En este colegio oficial de Usme, un maestro y sus estudiantes implementaron el primer dispensador público de comida para peluditos sin hogar. Una historia con mucho corazón para decir ¡guau!
Desde que Pirata, un perro sin hogar, de esos que habitan las calles de Usme, llegó a las puertas del colegio Almirante Padilla, su vida cambió. Tanto como cambió la de maestros, estudiantes y familias de esta localidad del sur de Bogotá.
De esto está seguro el profe Wilmar Herrera, quien creó el proyecto ‘Comedog en mi colegio’ cuando conoció a ese pequeño de cuatro patas y pelaje blanco con manchas negras, que pasó de esquivar carros y hacerle el quite al hambre a ser el ‘chico’ más popular de este colegio público de la capital.
“Pirata llegó muy maltratado y como empecé a darle comida se apegó mucho a mí, tanto que se convirtió en la mascota del colegio. Sin embargo, me di cuenta de que muchos perritos llegaban en el mismo estado, pero darles comida como Pirata era difícil, entonces empecé a buscar por internet alguna idea para hacer algo por todos esos perros”, explica el profesor Wilmar, quien tras visitar cientos de páginas web, encontró una que le llamó poderosamente la atención.
Se trataba de Gozques, la fundación que desde hace más de cuatro años lidera la actriz Jimena Hoyos. “Me di cuenta que ella tenía una especie de comedero para perros, entonces le escribí un correo pidiéndole indicaciones para que nosotros pudiéramos hacer uno aquí”, recuerda el docente, que para ese entonces ya contaba con el apoyo de varios estudiantes.
Lo que no se imaginaron Wilmar ni sus alumnos, fue que Jimena contestaría rápidamente aquel correo con una noticia que dejó a todos sorprendidos: conmovida con la historia de Pirata, Jimena decidió donarle al colegio Almirante Padilla un dispensador público de comida para perros de la calle.
“Cuando el profe Wilmar me escribió y me dijo que su interés era fomentar la compasión en sus estudiantes, ahí me dio en el clavo. Yo me asocié hace poco con Juan Manuel Montoya, un veterinario que vive en Barranquilla para modernizar un dispensador para alimentar perros de la calle que yo había hecho años atrás, copiándome de un modelo que vi en un barrio en Grecia. Entre los dos mejoramos el modelo y de esta unión entre Comedog, el proyecto de Juan Manuel y la fundación Gozques, mejoramos los dispensadores de comida que ahora hay en varios lugares del país, entre esos el del profe Wilmar”, comenta Jimena quien contactó al maestro capitalino con Juan Manuel Montoya, fundador de Comedog.
A los pocos días, Montoya llamó al profesor Wilmar y en cuestión de días, el dispensador estaba en las instalaciones del plantel educativo. La alegría fue colectiva y con el aval del rector Wilson Suárez, el profe Wilmar, Pirata y el grupo de estudiantes que integran el comité ambiental del colegio, realizaron la primera jornada de donación de alimento.
“La hicimos en la entrega de boletines, fue muy bonito ver a los otros compañeros, a los profesores y a los padres de familia unidos por esta causa, eso nunca había pasado, realmente nos ha cambiado a todos, por eso es que creemos en este proyecto que ahora hace parte de nuestro Proyecto Ambiental Escolar (PRAE)”, dice Johan Valencia, estudiante de grado 11º del Almirante Padilla.
Fortalecer valores como la solidaridad, el respeto y la tolerancia, disminuir los niveles de agresividad en la institución y ayudar a mejorar el entorno, son algunos de los logros que ‘Comedog en mi colegio’, ha conseguido en este tiempo, hecho que llena de orgullo al profe Wilmar.
“Cuando uno como docente entiende que la escuela no puede estar ajena a las necesidades de su comunidad y se integra a ella, se logran los verdaderos cambios. Por eso creo que aquí no solo le estamos dando comida a los perros, estamos ayudando a tomar conciencia y transformar la realidad de nuestro entorno”, dice Wilmar mientras acaricia a Pirata.
Una vecina del barrio se acerca a saludar a Pirata. ¿Cómo sigue? Pregunta. “Mucho mejor, le faltan tres quimio y ya sale de eso”, responde Wilmar. La mujer sonríe y continúa su camino.
“Es que descubrimos que Pirata tiene cáncer, entonces hicimos una colecta entre todos los del colegio para pagarle las quimioterapias. Tiene una cada ocho días y aquí nos turnamos para llevarlo al veterinario y cuidarlo cuando sale. Todos estamos pendientes de él, incluyendo los vecinos del barrio”, explica el profe Wilmar a lo que Johan, su estudiante agrega, “Los animales lo único que despiertan son buenos sentimientos ¿no?”.
Mucho más que alimentar perros
Todos lo saludan, le dan golpecitos en la cabeza o en su lomo y él, como si conociera los beneficios de sus encantos, responde a los elogios con un contoneo de melena o un pegajoso lengüetazo que se detiene abruptamente cuando a lo lejos se escucha la voz de Wilmar, el profe de matemáticas que lo rescató de las calles.
Rápidamente, Pirata atraviesa el patio de juegos para posarse en el pecho de Wilmar, que tras sacudirse con el saludo perruno, responde con una cálida sonrisa y un “camine a trabajar”.
Al salir del colegio, justo al lado de la puerta principal, donde los vigilantes prestan su servicio de seguridad, un dispositivo de metal clavado en la pared llama la atención de los transeúntes, en especial la de los más peludos. ¿El motivo? De aquel curioso aparato sale comida, comida para perros.
Un grupo de estudiantes limpian el artefacto con especial cuidado. Pirata se acerca brincando y ladrando. “Vino fue a apurar ¿no?”, dice uno de los estudiantes al perro. Todos sonríen mientras depositan comida en el dispensador, el paso final del procedimiento. En un parpadeo, Pirata clava su hocico para comer y comer.
Detrás de él, una perrita negra de esquelética figura y ojos tristes espera pacientemente. Pirata siente su presencia y se hace a un lado. “Tranquila, ven”, parece decirle Pirata a la perrita que se acerca sigilosamente con el rabo entre las patas, pero que al oler el concentrado empieza a comer.
Unos minutos después levanta el hocico y mueve tímidamente su cola, el profe Wilmar se acerca y la consiente. Ella solo cierra los ojos y se deja acariciar. A los pocos minutos se aleja y continúa su camino por las calles de Usme.
“Por eso es que hacemos esto”, dice Johan Valencia, uno de los 47 estudiantes que junto al profesor Wilmar decidieron unir su amor por los animales y su sentido de responsabilidad con su comunidad para liderar el primer dispensador de comida para perros de la calle de la localidad de Usme. Un ejemplo de lo que la escuela puede hacer, cuando va más allá de un salón de clase.
Por un mundo lleno de ‘patitas’ felices
De acuerdo con Mónica Paola Gómez, coordinadora del centro de Zoonosis de Bogotá, en la capital actualmente hay 1.280.000 animales en la calle (935 mil caninos y 345 mil felinos), siendo la localidad de Usme - a la que se suman Bosa, Suba, Ciudad Bolívar y Tunjuelito –, uno de los sectores donde más se presenta este problema.
Para Gómez, este problema de salud pública, más que el resultado de la indiferencia de la ciudadanía, obedece a la irresponsabilidad de las personas que deciden tener un perro o un gato en sus vidas.
“Un animal en vía pública es maltratado por la inclemencia del clima, está expuesto a accidentes de tránsito y puede ser víctima de un humano intolerante. En fin, son muchos los riesgos que corre. Por eso es importante que haya cultura ciudadana frente al tema y la escuela es un espacio ideal para hacerlo, sobre todo en el ciclo de vida de 0 a 7 años que es donde se pueden cambiar y modificar comportamientos”, asegura Gómez.
Jornadas de sensibilización sobre la tenencia responsable de animales y un programa de reciclaje de tapas plásticas para cambiarlas por alimento para perros, son otros de los proyectos que han surgido alrededor del Comedog del Almirante Padilla, convirtiéndose en un ejemplo para su comunidad.
“Pirata y los perritos que vienen a diario nos han acercado más porque nos hemos dado cuenta que ser indiferentes a un problema no soluciona nada, todo lo contrario. Ahora entendemos eso y por eso buscamos que más personas se enteren de lo que estamos haciendo porque si uno respeta a los animales respeta a sus semejantesy queremos llevar este mensaje a todos en nuestro barrio y a todos los que quieran escucharnos”, señala la estudiante Adriana Beltrán.
Diariamente llegan al Comedog del Almirante Padilla, entre seis y siete perros de la calle. Una vez a la semana, sus estudiantes limpian con dedicación el dispensador, y entre clases y fines de semana llevan a todos el mensaje de cuidar a los animales.
Actualmente, son el único colegio del Distrito en tener un dispensador público de comida para los perros de la calle, pero saben que como ellos, hay muchas comunidades educativas que trabajan para cuidar a los animales. Por eso estarán este próximo 2 de octubre en el ‘VI Encuentro Distrital de Bienestar Animal’, un evento que promueve el empoderamiento y movilización de la comunidad educativa hacia la importancia del cuidado responsable de animales de compañía y fauna silvestre.
“Sabemos que son muchos los colegios, que como nosotros, están trabajando en pro del cuidado de los animales, esperamos compartir experiencias, aprender de ellos y contarles nuestra historia”, asegura el profe Wilmar.
El Almirante Padilla siempre tiene nuevas historias que contar como el caso de ‘el mono’, un imponente can de pelo amarillo que llegó con una puñalada en su pata izquierda. Luego de llevarlo al veterinario y esperar infructuosamente que alguien lo adoptara, la comunidad del Almirante Padilla decidió quedarse con él.
Ahora se llama Tony, aunque se conoce como ‘Poca Lucha’ porque lo único que hace es dormir y buscar que alguien lo acaricie. Uno que otro estudiante quiere que Tony se llame Morgan en honor a Pirata, el perro de pelaje blanco con negro y mirada intensa que dio pie a toda esta historia.
Él, el viejo Pirata ya no se encuentra en este colegio. Una bondadosa familia decidió adoptarlo y brindarle un hogar lleno de amor. Aunque todos los extrañan, saben que siempre tendrá un lugar especial en sus corazones, pues para ellos, fue gracias a este pirata de cuatro patas, que hoy su colegio y su comunidad están ayudando a construir un mundo mejor donde los hombres sean los mejores amigos de los animales
Por Paula Andrea Fuentes
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