Fecha de publicación: Jue, 01/10/2015 - 16:36

ROBÓTICA ‘MADE IN BOGOTÁ’: CUANDO LOS PROBLEMAS SON UNA OPORTUNIDAD

Estudiantes del Distrito tienen el chip de la ingeniería en sus venas y la pasión por animar lo inanimado con solo un par de conexiones. Conozca la historia del Club de Robótica del INEM Francisco de Paula Santander, uno de los más reconocidos en la escena escolar de la capital, que este 1º de octubre participó en el taller colaborativo de robótica más grande del mundo.

Para los jóvenes del club de robótica del colegio INEM Francisco de Paula Santander no existen límites a la hora de crear, ni problema que no sea una oportunidad para esbozar la solución a partir de la suma de cuatro palabras: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Son 25 soñadores. Jóvenes que con aluminio, cables, sensores, motores, circuitos y mucha creatividad logran construir grandes obras de arte tecnológico, con la convicción de que la robótica cambió sus vidas para siempre.

Así lo cree Miguel Salcedo, el estudiante que actualmente lidera el club de robótica ‘STEM’. A sus 16 años, piensa, estudia, sueña, juega y crea, en el colegio y en su casa, esos modelos que realizan pequeñas proezas programados a través de un computador.

Dar vida a un montón de piezas inanimadas no es una tarea fácil. Se requiere inteligencia, constancia y audacia, además de herramientas como Arduino, un software libre de programación, y los materiales físicos, para luego aprender haciendo y así construir nuevos conocimientos.

Quien ha hecho posible esta combinación explosiva es Frank González, un orgullosamente maestro de la educación pública de Bogotá, que en el año 2010 dio rienda suelta a sus ideas. “Tuve el sueño de traer la robótica al colegio. Luego nos fuimos dando a conocer a nivel distrital, nacional e internacional y comenzamos a tener mucho éxito, emprendiendo nuevos retos cada año”, recuerda.

“Así como yo, los niños están aquí por amor. La robótica es una pasión contagiada”, asegura el profe, orgulloso de que todos sus estudiantes pasen horas trabajando en los proyectos sin que esto sea una clase o reciban una nota, sino sencillamente por gusto.

Por esto, la robótica es una disciplina transversal en la formación de los estudiantes del Distrito y uno de los centros de interés de profundización de los aprendizajes en el saber y el ser más exitosos de la Jornada Completa de Bogotá, entre otros más de 200 en áreas como ciencias, deporte, ciudadanía, matemáticas, donde las niñas, niños y jóvenes eligen lo que quieren aprender de acuerdo a sus intereses. 

Sepa más: Bogotá es pionera en la implementación de la Jornada Completa en el país

Conexiones que transforman realidades

“Podría pasar 24 horas aquí”, asegura entre risas Miguel, un joven con gafas de marco negro, refiriéndose al salón en donde apenas un tablero y un par de mesas son utilizadas para pulir durante día y noche los robots que los han llevado a competencias internacionales en Estados Unidos y México, entre otros países.

Si a él o a sus compañeros les preguntan para qué sirve la robótica, la respuesta será la misma: para solucionar problemas. En palabras del profe Frank, “nuestro mejor amigo es el problema, si no lo estamos solucionando es porque no estamos avanzando”.

Pero no solo se trata de resolver ecuaciones complejas o plantear diagramas de flujo para direccionar las conexiones, pues en el INEM Francisco de Paula Santander, la robótica ha significado una transformación a diferentes problemáticas que enfrentaban los estudiantes.

Miguel, por ejemplo, bromea con que hace un año, antes de entrar al club, estaba entre ‘los más buscados’ por los coordinadores del colegio. Indisciplinado, no entraba a clases. Era, como su profesor decía, ‘uno más del rebaño’. Lo cierto es que no se sentía motivado ni atraído por las clases del grado 9°.

Concentrado en sostener el cautín para soldar con estaño un alambre, cuenta que recuperó las materias perdidas y empezó el grado 10° con toda la actitud, porque para entrar a robótica, los estudiantes tienen que tener las mejores calificaciones de todo el colegio, además de habilidades en ciencia y tecnología.

“La robótica me reconstruyó”, dice entre risas Miguel. Ahora está entre los primeros puestos de su curso y su promedio está por encima de 4,5. “Esto es lo que a mí me apasiona. Si me ponen un reto, le dedico tiempo, recursos, mente, todo lo necesario para alcanzarlo”, dice con certeza.

Su caso no es el único. En este club de robótica todos participan con un desmedido interés por continuar aprendiendo y creando. “Es como un equipo de fútbol y cada uno tiene una especialidad, sea diseño, programación o electrónica. Uno no puede trabajar sin el otro”, explica el estudiante.

Por eso, este es un club de robótica que forma líderes en valores, como el trabajo en equipo y el respeto por los otros. “Aquí no es uno solo, sino que somos un equipo”, cuenta otro de los jóvenes participantes.

Próxima parada: Japón

Por su talento y reconocimiento adquirido en diversas competencias internacionales, este grupo de estudiantes ha sido convocado para participar en el encuentro Rovorave en Kaga, Japón, en el próximo mes de noviembre.

Esta es una de las competencias de robótica más importantes del mundo, en la que se combina el juego con la innovación a partir de un diseño que deben llevar los estudiantes para compartir con equipos de diversos países de todos los continentes.

El reto es elaborar un robot extintor de fuego, con la capacidad de buscar autónomamente unas velas ubicadas en el campo de juego y apagarlas en un tiempo de tres minutos. Un proyecto al que están dedicados al 100%, sumado a la consecución de los recursos que les permitan desplazarse a más de 14 mil kilómetros desde Bogotá para continuar demostrando que en la robótica los problemas siempre son una oportunidad.

Para Miguel Salcedo, este es uno de los retos más grandes hasta el momento. Según explica, “se requieren al menos cuatro sensores para que detecte temperatura y obstáculos. El diagrama lo hicimos dos programadores en más de tres noches. Ha sido todo a prueba y error, pero es muy emocionante”.

Brandon Pajoy, egresado de esta institución educativa en 2013 y quien continúa vinculado al club, ya ha representado a Bogotá en otros países en cinco oportunidades. “Esto es algo que todavía impacta mi vida diaria. Además de estudiar, vengo en las mañanas, solo por gusto. Muchas de mis metas se han hecho realidad aquí, como la posibilidad de viajar con la robótica y compartir todo lo que logramos”, dice.

Además, este fue uno de los clubes participantes en el taller colaborativo de robótica más grande del mundo que se realizó el 1° de octubre, en el que Bogotá impuso un nuevo Guinnes World Record en Robótica, gracias a una política educativa que le apuesta a esta disciplina transversal para la formación de los estudiantes del Distrito.

 


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