Fecha de publicación: Jue, 31/12/2015 - 12:01
EL COLEGIO PÚBLICO QUE CREÓ CON BASURA UN MUSEO DE HISTORIA NATURAL
Cocodrilos, cóndores y hasta dinosaurios en tamaño real conforman el primer museo escolar e itinerante hecho con residuos, que recorre la ciudad para reflexionar sobre las consecuencias de la mano del hombre en la naturaleza. Esta es la Jornada Completa de Bogotá.
La cabeza de un dinosaurio asomándose por la carrocería del camión, delata que ahí viene el museo itinerante del colegio Confederaciones Brisas del Diamante de Ciudad Bolívar. Del vehículo de donde sobresalen la cola de un cocodrilo y las plumas negras de algún ave gigante, se baja el profesor Johny Sánchez, el director de este museo de historia natural, que recorre colegios y exposiciones para llamar la atención sobre las consecuencias de la mano del hombre en la naturaleza.
Con voz de mando, el maestro organiza la ‘desempacada’ de cada una de las piezas que componen su exposición viajera. Por el tamaño de las figuras y la calidad en los detalles, cuesta creer que estos modelos están hechos en papel y pintura, por lo que el proceso de embalaje y empacado debe ser riguroso para evitar accidentes al transportarlos.
El poderoso Ultraraptor, primo hermano del letal Velociraptor (ese feroz espécimen que persigue a los niños en la cocina en la película Parque Jurásico), con sus imponentes 4.20 metros de largo, encabeza la legión de animales - algunos ya extintos, otros en vía de extinción –, algunos pequeños y desconocidos como la rata canguro y el diablillo espinoso australiano, y otros de gran tamaño como el rinoceronte y el cocodrilo, pasando por el autóctono cóndor de los Andes que impresiona con la envergadura de sus alas.

Desde el tronco del gigante rinoceronte y el caparazón de la tortuga, hasta el detalle de las delicadas plumas del cóndor andino, todo fue diseñado y modelado por los estudiantes utilizando como principal insumo el papel, las cajas de cartón y las bolsas plásticas en las que vienen los refrigerios escolares, que se apilaban por montones en las cafeterías de la institución al terminar la jornada escolar.
Porque, como dice el profe Johny, “sería ilógico hacer un museo que exalta la naturaleza gastando recursos y desperdiciando materiales. Por eso usamos material reciclable, y mire, con un poquito de trabajo, convertimos esos ‘desechos’ en figuras para nuestro museo. Entonces, cualquier cartelera que sobre, venga; cualquier caja, tráigala para acá que nos sirve. Nosotros mismos seleccionamos el material que queda aquí en las salones y en la cafetería del colegio y lo reutilizamos para nuestras obras”.

Los asistentes empiezan a agolparse alrededor de la exposición, los grandes se impresionan con el tamaño de las piezas y los pequeños se asustan con los afilados dientes de los depredadores. Unos hacen fila para tomarse una selfie con el rinoceronte y otros tratan de meter la cabeza en las fauces del cocodrilo, mientras Andrés Vargas, uno de los expositores, explica el origen de cada una de estas especies y el fatídico destino que le correspondió por culpa de los excesos del hombre contra la naturaleza.
“Es increíble que nosotros los humanos, con lo pequeños y débiles que somos, pongamos en peligro a especies de gran tamaño como el oso polar o el cóndor de los Andes por culpa de la contaminación que lanzamos a los ríos y a la capa de ozono y por el mal uso que le damos a los recursos naturales”, le dice a la multitud este estudiante de 10º, que tiene el orgullo de decir que con sus propias manos ayudó a construir este pequeño museo de historia natural que recorre la localidad de Ciudad Bolívar llevando un mensaje de cuidado por ambiente.
Mejorar el aprendizaje y reciclar, dos pájaros de un solo tiro
Buscando una forma de hacer la clase de ciencias naturales más entretenida y participativa, el profesor Sánchez y varios de sus estudiantes de noveno y décimo grados del colegio Confederaciones Brisas del Diamante, decidieron ‘darle vida’ a los animales y plantas que estudian en los libros y empezaron a modelar con papel reciclado y pintura volcanes, sistemas solares, células y cuanta cosa se les ocurrió.
“De ahí salió la idea de hacer el dinosaurio. Dijimos: ‘Qué chévere hacer un dinosaurio con todos sus detalles, pero más chévere aún hacerlo de tamaño real, escala 1 a 1’. Entonces conseguimos el papel, los plásticos y la pintura y nos pusimos a trabajar. Yo siempre he tenido ese gusto por las manualidades, pero nunca había hecho nada de este tamaño”, recuerda el profe Johny.

“Buscamos unas fotos y estudiamos la anatomía del Ultraraptor e hicimos el diseño. Todos participamos. Mientras unos se dedicaban a seleccionar el material, otros iban modelando el tronco del animal con los tubos de Pvc. Durante dos meses le dedicamos tiempo de la clase y varios descansos hasta que logramos terminarlo con todos sus detalles”, continúa el docente.
“La idea es que ellos, los estudiantes, y todos los que ven nuestra exposición, vean los animales en tamaño real, en todo su esplendor. Así logramos impactar al espectador y hacerlo entender lo dañino que ha sido nuestro comportamiento hacia la naturaleza, tanto que hemos logrado acabar con animales así de gigantes”, concluye este docente, que le apuesta a la innovación y a la participación como método para mejorar los aprendizajes en las clases.

Después del dinosaurio, el modelado de animales les quedó gustando y al gigante prehistórico le siguieron el cóndor de los Andes, el cocodrilo, el rinoceronte, la rata canguro, el diablo espinoso, el delfín rosado y otros más.
Cuando completaron varias figuras, y ante la insistencia de docentes y estudiantes, salieron a compartir su trabajo a la comunidad. Ya han exhibido su obra en varios colegios de la localidad y este año, en el Foro Feria Distrital de las Educaciones Alternativas, Óscar Sánchez, Secretario de Educación del Distrito, elogió su talento para hacer modelos y apoyó su proyecto para convertir su exposición itinerante en el primer Museo Escolar de Historia Natural hecho con material reciclado.
Las ventajas del aprendizaje participativo
Aunque a Angie Rodríguez nunca le interesó particularmente la biología ni el modelado, hoy es una de las alumnas más pilas en esta clase gracias a su vinculación al proyecto ‘Las Ramas Rotas de la Vida’.
De manera fluida y concreta, Angie explica a la perfección porqué el calentamiento global afecta directamente la cadena reproductiva de los canguros australianos y los pone en vía de extinción, y cuenta con lujo de detalles cómo el Anomalocaris se extinguió luego de ser el máximo depredador del período cámbrico.
“Cuando uno lee las cosas ahí en los libros no se le queda nada, todo lo que he aprendido es haciendo los modelos con el profe Johny. Construyendo estas especies uno se ve obligado a estudiar lo que pasó con esos animales para que se extinguieran, y así entender que debemos cambiar nuestro comportamiento, sino vamos a acabar con más y más creaturas hermosas como estas”, comenta.
Para otros estudiantes como Jorge Montero, este proyecto ha sido ‘un llamado de atención’ sobre el papel del hombre en la historia y su incidencia sobre la contaminación del planeta. “Esta experiencia ha sido muy importante para mí, porque de esta forma didáctica he podido entender cómo el ser humano puede llegar a ser tan destructivo para el planeta y las otras especies. Todo lo que hacemos tiene repercusiones en el mundo y ha llevado a la extinción a varios animales y tiene a muchos otros en vía de hacerlo. Por eso es importante entender”, comenta.
Ese sentido de pertenencia con la naturaleza, esa generación de conciencia hacia el cuidado del ambiente, es lo que promueve la ciudad con proyectos como este. Se trata de formar ciudadanos responsables que estén en sintonía con las necesidades del entorno. Una de las grandes apuestas de la Jornada Completa de Bogotá, la política de formación integral que busca transformar a la sociedad, hacerla más humana y más incluyente, a través de la educación pública.
“Es sorprendente ver cómo todos los días se hacen cosas maravillosas en localidades estigmatizadas como Ciudad Bolívar. Por ejemplo estos muchachos y su profesor, que volvieron un problema para el colegio como lo era el manejo de las basuras, en la materia prima de un proyecto tan maravilloso como el del Museo de Historia Natural”, apunta Raúl Hortúa, rector de la institución que destaca los aprendizajes múltiples que surgen de iniciativas como el mini museo de historia natural.
“Con proyectos como este lo que logramos es generar ciudadanía ambiental, es promover una cultura del cuidado del medio ambiente a través del respeto y el conocimiento. Así, de esta manera, es que en realidad generamos una verdadera conciencia por cuidar lo que tenemos, que si no lo valoramos no lo vamos a poder disfrutar mañana”, concluye.
El proyecto ‘Las Ramas Rotas de la Vida’ sigue en constante evolución y transformación. Ahora el profe Jhony y sus muchachos trabajan en la construcción del manatí, el tiburón blanco y otros modelos, con el anhelo de que su sueño siga creciendo y su proyecto recorra toda la ciudad, y por qué no, el país, llevando su mensaje de cuidado por la naturaleza y de respeto por todas las especies del planeta.
“Ya hemos pasado mucho tiempo gastando y destruyendo, es hora de que empecemos a devolver”, concluyen los muchachos del profe Johny, unos verdaderos ‘eco artistas’ con conciencia ambiental.
Por Nicolás Rodríguez
Fotos: Julio Barrera
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