Fecha de publicación: Lun, 18/01/2016 - 16:39
LA PROFE QUE LES ‘ECHA EL CUENTO’ DE LA DIVERSIDAD CULTURAL A LOS NIÑOS DE BOSA
Con tejidos indígenas, sombreros vueltiaos, música y bailes, Martha Lucía Ramos transmite el legado multicultural de nuestro país a los estudiantes de preescolar del colegio público Alfonso Reyes Echandía.
A la hora de hablar de racismo o discriminación por etnia, la primera pregunta que llega a la mente de la profesora Martha Lucía Ramos es dónde y cómo surgen estos prejuicios hacia los otros. La respuesta, para ella, está en la infancia.
Por eso, su apuesta es lograr que, desde la educación inicial, niñas y niños reconozcan la diversidad y multiculturalidad propia de nuestro país. No es extraño, al ingresar a su salón, encontrarse con tejidos indígenas, sombreros vueltiaos o trajes de cumbiamberas. Allí se vive, se respira y se siente el legado multicultural colombiano.

De eso se trata el proyecto ‘Somos etnias, somos culturas, somos A.R.E.’, del colegio Alfonso Reyes Echandía de Bosa, que busca que los estudiantes reconozcan la diversidad étnica, racial y cultural desde que empiezan a estudiar en preescolar.
Más que discutir teóricamente sobre la historia del país y su diversidad, esto hace parte de la cotidianidad en su salón, gracias a los saberes que muchos de sus estudiantes, indígenas y afrocolombianos, y sus papás, pueden aportar.
Érase una vez… ¡Palenque de San Basilio!

Un cuento es la creativa herramienta que la profe Martha utiliza para contarles a los pequeños de su salón cómo son las niñas y los niños de la comunidad de Palenque de San Basilio, en el departamento de Bolívar, que acaba de visitar para enriquecer este proceso de educación con enfoque multicultural.
Con su voz animada, les habla de la alegría de los niños afrocolombianos que juegan fútbol con los pies descalzos, los relatos de los abuelos, las enseñanzas del lenguaje palenquero y el significado de las trenzas que se tejen como símbolo de la herencia cultural en la cabellera de las mujeres.
Llenos de inquietudes, los estudiantes alzan la voz para saber sobre la vida en ese territorio lejano del barrio Los Laureles de la localidad de Bosa, donde queda ubicado el colegio. Se preguntan cuál es el significado de Palenque, quiénes son sus habitantes, qué les gusta comer, cómo son sus escuelas y qué hace felices a los niños palenqueros, entre muchas otras cosas.
Martha está atenta para darles respuesta con frases que ponen a volar su imaginación. En esta oportunidad, a diferencia de cuando los han visitado los miembros de las comunidades indígenas, los niños no pueden conocer esta cultura con sus propios ojos, por lo que es la profe quien les narra todos los detalles.
Llega el momento de darle vida a lo que imaginaron durante esta narración oral. Al son de los tambores y de la música palenquera, con ayuda de las manos y unas pinturas, empiezan a surgir sobre el papel las olas del mar, las niñas con sus trenzas y los platos de arroz con coco, pescado y plátano, demostrando que es posible, desde la infancia, conocer “un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra”, como bien dice la canción.

Infancia multicultural
Así como la profe Martha trajo Palenque a Bogotá, también ha logrado que sus estudiantes, en su mayoría de 4 y 5 años, conozcan otros pueblos, etnias y culturas de nuestro país.
A través del arte, los cuentos, la música y el baile, esta orgullosamente maestra y egresada de la educación pública de Bogotá, hace posible un preescolar multicultural, en el que niñas y niños entienden que no existe ‘blanco’, ‘negro’, ni ‘diferente’ que trace una barrera entre sus compañeros.

El proyecto se nutre de las experiencias de cada uno de los estudiantes y sus familias, como cuenta Eunice Esther Polo Castro, la mamá de un estudiante oriundo del departamento del Atlántico. Con la ilusión de compartir sus raíces con Johan, su hijo, ella se encargó de darle vida al Carnaval de Barranquilla en el salón de clases.
“Me encanta que la profe Martha rescate todas las tradiciones de las diferentes culturas que hay en Colombia. Es muy fácil que en la escuela se olviden, más aún cuando los niños crecen lejos de sus lugares de origen o el de sus familias”, asegura Eunice, tras contar la emoción que le produjo bailar vestida de cumbiambera con uno de los estudiantes.
Con actividades como estas, Johan y sus compañeros aprenden sobre los indígenas, los afrodescendientes, y los grupos étnicos raizal y rom. El recuerda, por ejemplo, el día en que los visitó un indígena arhuaco, con quien conocieron las canciones que en su comunidad les cantan los padres a sus hijos, así como otros saberes ancestrales que se transmiten a través de la tradición oral.
Un diálogo de saberes
Detrás de este proyecto de educación incluyente se encuentra una maestra convencida de la importancia de compartir las creencias y tradiciones para proteger la riqueza cultural de Colombia y combatir las prácticas racistas que aún existen en la sociedad.
Cuando era una niña, la profe Martha tuvo una maestra que le contó una historia en la que los indígenas, nativos habitantes del territorio colombiano, eran los protagonistas. “Se llamaba Magdalena. Yo tenía 7 años y soñaba que, cuando fuera grande, iba a luchar por las comunidades indígenas, para hacer valer sus derechos”, recuerda con alegría.

Desde entonces, para ella es fundamental que niñas y niños, desde muy pequeños, conozcan y reconozcan la diversidad del país. “Para lograrlo utilizamos saberes propios de su cultura que son traídos al aula y son plasmados a partir de recuerdos maravillosos. Eso nos hace replantear la forma en que nos relacionamos”, resalta la maestra.
En eso coincide Eunice, madre de familia, para quien este proyecto permite que “los niños desde pequeños conozcan que hay diferentes costumbres y maneras de pensar, pero también reconozcan todo lo que los une: el colegio, el barrio, la ciudad y el país”.
El proyecto ‘Somos etnias, somos culturas, somos A.R.E.’ ya es conocido en la localidad de Bosa, en donde fue seleccionado como ponencia durante el Foro Feria Educativo Local 2015, al tratarse de una experiencia que permite que niñas y niños sientan orgullo por sus lugares de origen, y, además, se emporen de su cultura y su territorio.
Como explica la profe Martha, cada una de las actividades que realiza permiten tejer, desde la ciudad, el legado cultural que niñas y niños deben conservar. “Promoviendo las relaciones entre estudiantes, padres, colegio y comunidad se traspasan los cristales del aula y así los muros de la institución permiten caminar hacia un diálogo de saberes”, concluye.
Por Diana Corzo
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