Fecha de publicación: Mié, 20/01/2016 - 15:58

TEJER CON PLÁSTICO PARA CAMBIAR EL MUNDO: EL ROLLO DE UN COLEGIO OFICIAL

En el colegio José Asunción Silva, todo se recicla. Y eso que para otros ya no sirve, las niñas y niños de grado 5º lo transforman en arte. Conozca a estos pequeños ecoartistas, ‘encarretados’ con el tejido artesanal y con el planeta.

Durante todo el día, las niñas y niños de grado 5º de este colegio de Engativá tienen sus ojos puestos en la basura. Es un pequeño tesoro con el que crean, así que cada pequeña bolsa de plástico para ellos vale oro.

Son 34 pequeños entre los 10 y los 12 años que diariamente reciclan más de 150 bolsas de refrigerio, para convertirlas en madejas y ovillos de tiras plásticas clasificadas por espesor y color. Plástico que se convierte en un ‘hilo mágico’, con el que practican el reciclaje artesanal y con el que tejen mochilas, cartucheras, portavasos y hasta almohadas y guantes para el frío.

Con ganchos y agujas de croché, las niñas y niños han descubierto una práctica innovadora para reutilizar residuos sólidos con las que, como aseguran, tejen arte y sentido. “Demostrarnos que la niñez y la juventud está comprometida con cambiar el mundo”, susurra Joyner Rico, un estudiante de 11 años que mueve sus agujas a toda velocidad.

‘Ecoarte: Cuidando el planeta con reciclaje y arte’, es el nombre de este proyecto transversal liderado desde hace 5 años por la maestra de ciencias naturales y tecnología, María Luisa Castro.

“Es una iniciativa socialmente responsable en el que los niños utilizan su tiempo libre en una buena causa. Además, reflexionan sobre el papel que poseen en el planeta tierra, que es respetar y valorar lo que los rodea”, dice María Luisa, una entusiasta de corazón verde que ‘encarreta’ y motiva a sus pequeños tejedores para que creen y protejan. Dos en uno.

Ana Gabriela Ramírez, de 11 años, es una de ellas. Y su felicidad por pertenecer al grupo de ecoartistas es evidente. “Son productos únicos, que no se repiten.Cada uno tiene diferentes colores y texturas. Quien los usa sabe que, además de ser especiales, duran más de seis años”, cuenta la pequeña que desde hace dos años hace parte del proyecto y que, esa experiencia, le ha permitido liderar y enseñar el tejemaneje del tejido a sus compañeros.

“Es fácil tejer porque es una rutina que se pule con el tiempo. Me hace muy feliz hacer algo productivo con lo que todos piensan que es basura”, asegura Ana Gabriela, quien vuelve a concentrarse en la confección de una mochila de colores.

Estos pequeños guardianes del medio ambiente han participado en la Feria empresarial José Asunción Silva y en el Foro Educativo Local de Engativá, con este proyecto que es reconocido por su antigüedad y alcance, y por fortalecer en sus creadores sus habilidades cognitivas y motrices por medio de la creatividad y el ingenio.

“Tejer mejora las actitudes de los estudiantes, fortalece su concentración y les brinda una alternativa sana en la que hacen algo productivo y bonito”, afirma la docente, y resalta que los estudiantes le dedican cuatro horas diarias a este proyecto en el colegio. Asimismo, otros niños le dedican parte de su tiempo en la casa.

El proceso del reciclaje artesanal

Antes de empezar a tejer, los estudiantes reciclan la mayor cantidad de bolsas de refrigerio. Luego, con un balde de agua y unas toallas, comienzan el procesamiento de lavado y secado, ya que algunas de las bolsas son recogidas en las canecas de basura del colegio. Después, con unas tijeras, inicia el procesamiento de corte, en el que se convierten dichos desechos en madejas y luego en ovillos de tiras plásticas.

“Lo que otros creen que es basura, para nosotros es arte. El plástico dura muchos años en desintegrarse, por lo que es mejor reutilizarlo”, manifiesta Juan Felipe Díaz, otro de los miembros del proyecto, quien considera que el reciclaje artesanal es una herramienta para crear disciplina, autonomía y pensamiento crítico, ya que están luchando por salvar el medio ambiente.

“Es una tarea que cada vez hacemos con más esfuerzo porque amamos cuidar, valorar y mantener feliz a nuestro planeta” dice con entusiasmo el estudiante, quien se concentra en realizar el ‘paso a paso’ de la transformación de los residuos.

Al finalizar estos dos primeros pasos, los alumnos dan inicio al proceso de diseño y construcción de productos. Entonces se dedican a enhebrar las madejas en los ganchos y en las agujas de croché para empezar a crear “arte plastificado” como algunos estudiantes lo llaman.

Mientras observan el producto que van tejiendo, los niños utilizan de forma correcta el dedal y la puntada cadeneta, otros la puntada punto alto y unos pocos la puntada punto bajo. Ya son expertos en fabricar todo tipo de productos artesanales.

Joyner Rico, quien lleva en el proyecto algunos meses, asegura que el proyecto les ayuda a liberarse del estrés y la rutina. “Pensé que sería difícil tejer, pero al contrario es muy fácil y con la práctica te vuelves un experto. Si aprendí a tejer y a reciclar, no veo por qué no puedo hacer otra cosa. Mis manos pueden crear arte, magia y pasión”, dice entre risas Rico.

Mientras la maestra observa el proceso que realizan los estudiantes, resalta que ya no tiene que intervenir en ninguno de los pasos, ya que las niñas y niños están realmente empoderados y comprometidos con el tejido.

“Ya es algo cotidiano. Día a día y semana tras semana, están dedicados en proteger el medio ambiente. Los estudiantes aportan toda su voluntad y amor” concluye la maestra.

Por Catalina Zuluaga

Fotos Julio Barrera


¿Le fue útil este contenido?
¿Qué está pasando en Bogotá?