Fecha de publicación: Lun, 25/01/2016 - 14:53
RAP Y MÚSICA ANDINA PARA RESISTIR LA VIOLENCIA EN CIUDAD BOLÍVAR
Estudiantes del sur de la capital lideran una iniciativa artística y social que, con quenas, charangos y líricas urbanas, envía un mensaje de paz y convivencia a su barrio y a su comunidad. Conozca a Vientos del Sur, la perfecta fusión entre lo urbano y lo ancestral.
Hace cuatro años, cuando la violencia arreciaba en la localidad de Ciudad Bolívar, varios estudiantes del Instituto Cerros del Sur, del colegio Manuela Beltrán – El Paraíso y otras instituciones del barrio Potosí, decidieron sentar su voz de protesta y resistir pacíficamente. Y para eso se armaron con quenas, zampoñas, charangos y una pegajosa lírica rapera.
Así nació Vientos del Sur, una iniciativa artística y social que, a través de la música andina y la lírica urbana, busca alejar de la violencia a los jóvenes de la localidad. Un proyecto que usa la creatividad para decirle no la violencia.
Los acordes ancestrales y profundos de la música andina, la dulzura de las quenas y los latidos de la tambora, se unen con la fiereza y la contundencia de la lírica rapera y la estética colorida y atractiva del hip hop, para darle forma a este grupo musical. Una de las ramificaciones de un ambicioso proyecto cultural y social nacido y gestado por la comunidad de los cerros surorientales de Bogotá, denominado Circtearte (Circo, Teatro y Arte).
“Vientos del Sur es un proyecto que, a través del arte y la música, resiste a la ‘limpieza social’, a la desaparición forzada y al microtráfico”, comenta Ferney Díaz, un docente de matemáticas que encontró en la música la excusa perfecta para reivindicar el conocimiento ancestral de nuestros indígenas y ofrecer una alternativa, un proyecto de vida a las niñas, niños y jóvenes de su comunidad.
El profe Díaz asegura que este tipo de actividades son las que funcionan en estos territorios porque “‘encarrentan’ a los muchachos y les dan una opción para que no caigan en actividades ilícitas o en el consumo de drogas”, comenta.

No se trata solo de hacer música para ocupar el tiempo, son procesos de creación colectiva que buscan fortalecer el pensamiento crítico a través del arte y la poesía y que los jóvenes se apropien del territorio y se empoderen para gestar cambios en beneficio de las comunidades. “Es rescatar nuestras raíces, reivindicar nuestras tradiciones autóctonas y librarnos de los preceptos culturales impuestos. Es reconocer nuestra propia historia”, recalca el profe Ferney.
Con cada uno de sus acordes y con cada una de sus rimas, Vientos del Sur pretende llevar un mensaje de esperanza y de reivindicación, un llamado de atención sobre la contaminación y destrucción de la naturaleza de la sociedad actual y una invitación para reconectarse con la ‘Pachamama’.
“Nuestras canciones hablan de nuestras vivencias acá en la loma, de nuestros anhelos y los deseos de aportar para mejorar nuestra comunidad. Los jóvenes de por acá se sienten estigmatizados por la sociedad y quieren mostrar que en Ciudad Bolívar se crean ideas y procesos”, recalca Ferney quien, sin tener formación musical formal, se le medió a la aventura de captar almas y despertar conciencias ‘rascando’ el charango.
Para hacer música, solo se necesita voluntad
Una vieja zampoña, llena de polvo y telarañas colgada en la pared, fue el primer instrumento del grupo y el punto de partida de ‘Vientos del Sur’. Sin muchos conocimientos, pero con muchísimas ganas de aprender, algunos estudiantes y maestros empezaron este proceso de instrucción musical ‘autodidacta’ que hoy cuenta con 20 integrantes de todas las edades.
“Cogimos esa zampoña, que era lo único que había, y empezamos a tratar de tocarla. Miramos videos por internet para sacar las primeras notas y con Ferney empezamos a aprender empíricamente. Justo por esos días yo tenía pegada esa canción que se llama ‘Moliendo Café’ y la saqué en flauta. Luego lo unimos con la zampoña, y nos compramos un charango de segunda y arrancamos”, dice Hebert ‘Chucho’ Pérez, uno de los integrantes del grupo que supo rescatar de lo más profundo de su ser ese gusto por los ritmos andinos y la música ancestral, que todos los de este lado del mundo llevamos por dentro.

La vista privilegiada del barrio Potosí, lugar de ubicación del mítico Palo del Ahorcado y otras leyendas urbanas, esa meseta donde el viento parece hacer música con su rugido cuando choca contra las montañas, es el escenario de inspiración de este colectivo musical que se las ingenió para armonizar los ritmos ancestrales con la lírica ‘hopera’, muy popular entre los jóvenes del sector.
“El rap siempre ha estado en el barrio, en la calle, en la esquina. Cuando empezamos el trabajo con jóvenes consumidores le metimos ese componente urbano porque eso es lo que le gusta a la juventud de por acá. La lírica urbana tiene mucha riqueza poética, tiene mucho de pensamiento crítico. En las líricas que ellos hacen uno se da cuenta que tienen posturas políticas y filosóficas. Esto está en ellos”, recalca ‘Chucho’.
“Al ver desde otra perspectiva estos aspectos del rap y del hip hop, nos dimos cuenta de que tiene muchas cosas en común con la música andina. Ese componente de protesta, de reclamo social, de reivindicación de los derechos humanos está presente en los dos géneros musicales. Ahí nace la fusión, porque a los pelados siempre les ha gustado el rap y cuando conocen la música andina también se encarretan”, continúa.

En ese proceso de creación artística, el grupo empezó a alternar la interpretación de temas clásicos del repertorio andino como ‘Ojos azules’, ‘Cariñito’ y ‘El Cóndor pasa’, con temas de su propia autoría e inspiración como ‘Van a volver’, ‘Que se avive el fuego’, y otras pegajosas canciones que conjugan en un solo sentir los sonidos ancestrales y los ritmos urbanos.
Ya cuentan con amplio reconocimiento en su comunidad y en la localidad. Se han presentado con éxito en la Maloka Distrital de 2014, en el Foro Local de Educación de Ciudad Bolívar 2015 y en el Congreso Anual de Geografía e Historia de Cali en 2015.
El poder de la creación colectiva
“Que se avive el fuego
Calor de la libertad
Está escrito en la montaña
La Pachamama me llama…”. ‘Que se avive el fuego’, Vientos del Sur.
La minería ilegal, la injusticia social, el deterioro del medioambiente, son las problemáticas que inspiran las letras y canciones de este colectivo musical, donde cada uno de los integrantes aporta desde sus conocimientos y experiencias. En sus líricas plasman sus vivencias, sus miedos profundos, sus anhelos escondidos.
Los que saben tocar guitarra les enseñan a los más pequeños, los que están más adelantados en la interpretación de la quena asesoran a los que no. Es un proceso de creación colectiva, de aprender, de enseñar y compartir donde las voces de todos cuentan y son importantes. Cada uno de los integrantes del grupo se convirtió en un replicante de los valores y enseñanzas de Vientos del Sur. Debe ser por ese sentido de colectividad, de respeto, de participación y de fraternidad, que cada vez más jóvenes se suman a la causa.
Así le pasó a Michael Steven Acosta, un estudiante del colegio Manuela Beltrán – El Paraíso que un día quedó hipnotizado por el sonido de la quena. “Yo estaba jugando fútbol en el colegio y vi a un amigo tocando una quena. Me gustó mucho como sonaba eso, así que le dije que me enseñara. Cogimos un tubo de pvc y le hicimos los huecos y empecé a practicar”, comenta.
“Después empezamos a sacar nuestras propias canciones mezclándolas con rap y ha salido muy chévere. Por eso es justamente que me gusta, porque uno piensa que dos géneros tan diferentes como el rap y la música andina no se pueden juntar, pero cuando se unen suenan muy bacano”, dice Michael, que a sus 15 años ya interpreta la quena y la zampoña y compone sus propias líricas raperas.

“Todos los del parche tienen vivencias diferentes y transmiten eso en su música. Le cantamos a la injusticia, a la violencia, a la minería ilegal que está acabando con nuestros cerros. A través de la música andina y del rap lo que estamos haciendo es formando conciencia individual y colectiva en estos pelados. Además, el sonido es muy bueno porque estamos rescatando nuestra música ancestral fusionándola con los géneros urbanos”, dice por su parte Luis Ríos, un amante del metal y del rock pesado que aprendió a apreciar el buen sonido de un charango y la dulzura de una flauta andina.
Las canciones del grupo nacen de la contribución de todos. Algunos lanzan versos y frases al aire y los otros le buscan melodías con los instrumentos. Son las voces de todos fusionadas en una sola voz, en una voz propia que le canta a la vida, a la naturaleza y a la juventud. La voz de Vientos del Sur.
Por Nicolás Rodríguez
Fotos Julio Barrera
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