Fecha de publicación: Mié, 10/02/2016 - 16:51

LAS CARTAS VIAJERAS QUE UNEN FAMILIAS

El amor es capaz de todo. Así lo confirman tres maestras del Distrito que volvieron al lápiz y al papel para estrechar lazos entre la escuela y la familia.

Hojas de colores, lápices e inspiración es todo lo que las niñas y niños de primaria del colegio Rodolfo Llinás necesitan para contarles a sus padres sus más grandes deseos. Un abrazo, más tiempo entre semana, una frase de aliento y un ‘te quiero’, son las peticiones más recurrentes que les hacen los pequeños.

“Sabemos que nuestros papás trabajan mucho y llegan cansados. Pero esa no es una excusa para que no hablen con nosotros o nos den un abracito”, dice Catalina Acuña, una pequeña de grado 5º que recuerda cómo era su situación antes de hacer parte de este proyecto que, a ella y a otros 150 estudiantes, cambió sus vidas y las de sus familias.

“Recuerdo cuando íbamos al parque o cuando me compraban un helado. Algunas veces me hablaban y me decían cosas bonitas, pero todo era de afán. Menos mal que aparecieron las profes con sus cartas”, asegura la estudiante, mientras toma con su mano derecha una cartuchera repleta de colores y marcadores, para ponerse a escribir una nueva carta, esta vez con destino a su madre.  

Ruth Stella Chacón, Luz Stella Leal y Ana Mercedes Guío son las maestras tras las ‘Cartas de amor’. Un proyecto en el que se embarcaron desde 2012 y que busca fortalecer los lazos afectivos y de comunicación entre los hijos y los padres de familia de este colegio oficial de Engativá.

“Las cartas son un pretexto para escuchar a los niños, para conversar sobre lo que piensan, sienten y viven en su familia, y a partir de ello leer y escribir con significado, comprendiendo que la función por excelencia del lenguaje es la comunicación”, cuenta la profe Ruth Stella, quien además resalta que el proyecto logra motivar la relación escuela-familia para construir una niñez feliz y unos padres empoderados de su rol.

‘Cartas de amor’ se destaca por ser una experiencia pedagógica que demuestra que el docente transforma la realidad para generar espacios que construyen una sociedad más feliz. Así lo han confirmado los reconocimientos que las maestras han recibido en encuentros de saberes en infancia y pedagogía de prestigiosas universidades de la capital y por su vinculación al estudio ‘Saberes y mediaciones en torno a la relación escuela y familia’ del Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico – IDEP.

Tras mucho trabajo y esfuerzo, recientemente las docentes empezaron a dar a conocer su proyecto en fundaciones de Bogotá. Como es el caso de la Fundación San Mauricio, dedicada a acoger y proteger a niñez desamparada, con la cual le han demostrado a los estudiantes y padres de familia que el amor y el respeto por el prójimo los hace ‘grandes’.

“El rol que cumple el docente debe transcender los espacios escolares, para contribuir a la construcción de ciudadanía. Damos a conocer nuestro proyecto para que otros tomen nuestro ejemplo, además incentivamos a las familias a ahorrar, para apoyar las fundaciones”, agrega Ruth Stella y agrega que la idea es motivar valores y sensibilizar a los miembros del proyecto frente a otras situaciones.

“Cuando leemos las cartas nos dan ganas de llorar, ya que el proyecto ha tenido gran impacto en la vida de cada uno de los miembros, pues han cambiado actitudes, comportamientos y situaciones perjudiciales que les impedían vivir felices en familia”, dice la maestra Luz Stella Leal.

Cartas que cambian vidas

Las cartas de Catalina y sus compañeros están listas y es hora de llevarlas al buzón de madera, ubicado en la zona del descanso. Allí van con la esperanza de una respuesta.

“Le pedí a mi mamá, que me dejara de peinar el cabello con ese cepillo rojo, pues me duele mucho la cabeza. Además, le escribí que quería un abrazo y un beso”, dice la pequeña Catalina.

Cada quince días, los viernes en la tarde, los padres pasan a recoger las cartas escritas por sus pequeños, con el fin de darles respuesta los lunes en la mañana.

Los estudiantes acuden al buzón al medio día con la emoción de encontrar su respuesta.   

“Nos gusta ver que los padres recuerdan cuando les escribían a sus novias y sus novios esas bonitas cartas de amor. Asimismo, con un amor desbordado y bastante compromiso, se dedican a escribir cartas hermosas. Siempre quieren darles un mensaje especial, bonito y contundente a sus hijos”, comenta la profe Ana Mercedes Guío.

“Las cartas son muy bonitas porque sabemos que lo que nos pone tristes, no va a volver a suceder”, dice entusiasmada Catalina. Pero no solo los estudiantes hacen sus peticiones, los padres de familia también les solicitan a sus hijos que cambien ciertas actitudes que les molestan y no les permite compartir en familia.  

Fabián Alejandro Acuña, padre de Catalina, manifiesta que el proyecto es una iniciativa muy bonita porque cumple un rol importante en las familias: “Es una estrategia que fortalece los vínculos y el amor familiar. Estamos muy agradecidos porque nos gusta comunicarnos más con nuestros hijos y hacerlos sentir amados, comprendidos y respetados”, concluye el padre de familia.

Por Catalina Zuluaga
Fotos Juan Pablo Duarte


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