Fecha de publicación: Jue, 28/04/2016 - 16:26
‘LA EDUCACIÓN INICIAL ES POR ESENCIA DIFERENCIAL’
La experta chilena en educación para la primera infancia, Mónica Manhey Moreno, comparte en esta entrevista aspectos fundamentales de una educación inicial con énfasis en enfoque diferencial.
“Todos somos singulares. Algunos maestros creen que el enfoque diferencial se relaciona solo cuando tienen niños en condición de discapacidad o con algún origen étnico marcado, y no es así. No es excluyente o solamente para un grupo de personas”, así define Mónica Manhey Moreno, jefa de la carrera de Pedagogía en Educación Parvularia de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, la educación inicial con énfasis en enfoque diferencial.
La experta chilena visitó el país recientemente en el marco del encuentro académico ‘Retos para una educación inicial diferencial y dignificadora’, celebrado en días pasados en la capital gracias al convenio entre la Secretaría de Educación del Distrito (SED) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

Una alianza que permitió, además, el desarrollo de una estrategia de fortalecimiento y cualificación de la educación inicial con enfoque diferencial en el sistema educativo oficial, en el marco de la atención integral a la primera infancia que ofrece Bogotá.
La especialista, quien compartió sus experiencias y conocimientos con 400 maestras y maestros de educación inicial de Bogotá, es educadora de párvulos con Magíster en Educación, con Mención en Educación Parvularia de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Chile y actualmente cursa estudios doctorales en la Universidad de Granada (España).
Manhey cuenta con una importante trayectoria en instituciones públicas de su país y ha realizado importantes aportes a la educación en Ecuador, Venezuela, Panamá, México y Nicaragua. Conversamos con ella sobre la importancia del respeto a la singularidad de las niñas y niños, la evaluación, el rol de las familias y los retos pedagógicos para lograr una educación inicial con enfoque diferencial.
¿Qué entendemos por educación inicial con enfoque diferencial?
Desde sus inicios, la esencia de la educación inicial es este enfoque de educación diferencial, no es una moda o una novedad. Cuando la educación inicial comenzó en 1844, Federico Fröebel, a quien se le conoce el padre de la educación inicial en Alemania, la denominó Jardín Infantil, ‘kindergarten’, aludiendo a que se parecía a un jardín donde todas las plantas y las flores se veían iguales. Sin embargo, cada una tiene su propia raíz, su propia vida. Cada niño es distinto. La educación infantil desde sus inicios, tiene por principio la singularidad, una educación no homogeneizante donde los niños no son una masa y donde hay que tratarlos con un profundo respeto como persona única, singular e irrepetible.
Cuéntenos un ejemplo de su experiencia como educadora para ilustrar la importancia de fortalecer la singularidad en la educación inicial.
Durante 10 años seguidos trabajé con grupos de niños de 2 a 6 años juntos. Fue una gran apuesta porque, normalmente, los grupos de niños están divididos de 2 a 3, de 3 a 4, de 4 a 5, de 5 a 6; y uno tiende a creer, como educadora, que todos tienen los mismos objetivos de aprendizaje, las mismas experiencias, los mismos gustos, y no es así. Al tener un grupo heterogéneo en edades, todos los días tenía presente que cada niño es único e irrepetible.
Las maestras y maestros no podemos olvidar que no todos los niños tienen los aprendizajes al mismo ritmo. Entonces, un gran llamado es a no trabajar con ese determinismo biológico, que significa que un niño tenga 4 años y por eso debe saber ciertas cosas. Cada niño tiene una historia de vida, experiencias previas, una familia detrás y un contexto sociocultural. Como educadora, jamás traté de homogeneizar las prácticas educativas y, por eso, ofrecí todos los días alternativas distintas, los objetivos de aprendizaje eran diversos, los recursos también y, por eso, los niños podían elegir de acuerdo a su singularidad, sus intereses, características, circunstancias y fortalezas.
De acuerdo a su experiencia, ¿cuáles serían esos retos que las maestras y maestros tienen para aterrizar pedagógicamente el enfoque diferencial?

Hay muchos retos, pero tendría que tener claras 4 preguntas: Cómo son los niños del grupo con el cual estoy, y ese ‘cómo son’ no puede ser igual al del año pasado, aunque los niños tengan las mismas edades y para eso tengo que hacer un diagnóstico. La segunda, cómo aprenden esos niños, porque hay diferentes tipos de inteligencias, diferentes formas de aprender, por lo tanto, diferentes formas de enseñar. La tercera, qué tienen que aprender los niños, como dónde viven, las características especiales de su familia de su contexto cultural, rescatar lo valiosos que son los contenidos culturales y familiares; y cuarta, cómo tengo que enseñarles, porque no es lo mismo enseñarle a un grupo que a otro, a un niño que a otro.
Entonces, si yo respondo estas 4 preguntas, no estaré haciendo una práctica autómata. Por esta razón, uno de los retos más importantes es que los educadores hagan una cierta metacognición y reflexión permanente, que considere lo que está haciendo, cómo lo está haciendo y el sentido de sus prácticas pedagógicas.
¿Por qué es tan importante la evaluación en este proceso?
Agradezco la pregunta porque precisamente la evaluación es un botón de muestra de cómo, en muchos países, se tienen claras algunas convicciones, algunos principios pedagógicos, algunos énfasis. Sin embargo, al momento de evaluar nuevamente caemos en instrumentos estandarizados o con un enfoque positivista, es decir, donde el otro se limita a responder conductas previamente determinadas. La evaluación hoy en día no es un ‘check list’ de conductas, sino que implica observar y levantar información de forma individual.
Ninguna educadora debería tener instrumentos iguales para todos los niños, porque ellos no responden de la misma forma. Muchas veces la evaluación se traduce en aplicar un instrumento, en una hoja que se guarda y a veces no se toma en cuenta. Para poder hablar de evaluación como corresponde, se debe de rescatar la información, no siempre cuantitativa, sino también cualitativa. Por otra parte, hay que analizar, pero no para clasificar los buenos, los malos, los que lo logran y los que no; sino para comprender al otro.

En Bogotá, la vinculación de las familias a los procesos de aprendizaje de las niñas y niños en educación inicial de los colegios, ha sido fundamental. ¿Por qué es tan importante en estos procesos con enfoque diferencial?
En una educación con énfasis en aceptar las diferencias, también tenemos que hablar, no de la familia sino de las familias, las familias son diversas, no pensar en la familia clásica sino en toda la gama de tipos de familias que hay.
Cuando hablamos de participación es ‘formar parte de’ y no con una mirada verticalista; las familias tienen que tener una relación de alianza con las maestras y con el colegio donde, no solamente se tenga una mirada de colaboración hacia lo que la maestra hace, sino también para rescatar con la familia cuáles son sus prácticas de crianza, cómo es su relación con el niño, qué espera que el niño aprenda, qué temores tiene, qué expectativas.
¿Qué destaca del desarrollo de la educación inicial en Bogotá?
Este proceso que adelanta Bogotá está muy de la mano con lo que queremos en el mundo en estos paradigmas metodológicos esenciales de la educación infantil. Todas las líneas que tienen, cada una de ellas, es muy válida y relevante.
Si yo tuviera que destacar alguna, celebro que hayan puesto el juego como un elemento esencial para nutrir la práctica pedagógica, el juego como prioridad, porque en el mundo es una gran preocupación de la sobreescolarización de los niños. No porque un niño entre los 3 y 5 años esté en el colegio tiene que hacer una actividad escolarizante. Muchas veces los niños de estas edades están en el colegio y se sientan y ya no juegan, ya no se mueven, ya no se ríen y tienen que estar mirando hacia un pizarrón.
Las educadoras debemos mirar el juego, no como ‘ahora vamos a jugar y luego a aprender’, sino como un paradigma metodológico esencial en la educación infantil, porque la forma en que aprende un niño es a través del juego.
¿Qué tipo de ser humano le vamos a entregar a la sociedad, si partimos de una educación inicial que respeta la diversidad y la singularidad?
Un ser lo más integro posible porque un niño de 3 a 5 años, por ejemplo, que es capaz de respetar, acoger y valorar la singularidad. Va a ser una persona que el día de mañana puede vivir mejor, democráticamente, porque desde pequeño entendió que somos distintos y que la diversidad es maravillosa. Estaríamos hablando de una humanidad mucho mejor, y ¿dónde empezó todo?: en los primeros años.
¿Cuál es su invitación a las maestras y maestros de educación inicial de Bogotá?
La gran invitación es a que todos los educadores tenemos que reflexionar mucho, escuchar a las niñas y niños, escuchar a las familias también, observar nuestra práctica y no hacer un currículo homogenizante. El educador puede dejar huellas, ojalá sean las mejores, porque no se pueden borrar. No debemos olvidar que tenemos en nuestras manos aportar al desarrollo pleno de esa persona junto con la familia.
Por Ana María Martínez Jiménez
Fotos Juan Pablo Duarte
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