Fecha de publicación: Jue, 23/06/2016 - 16:38

PERDONAR PARA QUE CESE LA VIOLENCIA: UN EJEMPLO EN LAS AULAS DE BOGOTÁ

Cero riñas, cero violencia. Ese es el feliz resultado del colegio Gerardo Paredes de Suba hoy, gracias a un ejercicio colectivo donde diálogo y el perdón son protagonistas.

Óscar Rojas y Santiago Castro, de 12 y 14 años –respectivamente-, estudiantes de octavo grado del colegio Gerardo Paredes, nunca se imaginaron que, ofuscados y llevados por la ira, estarían a punto de dar por finalizada su amistad de cuatro años, y todo por unas cuantas palabras que luego pasaron a gritos y, finalmente, se convirtieron en ofensas y reproches subidos de tono.

Todo comenzó en medio de números y cuadernos cuadriculados, en un taller de matemáticas que los chicos del salón habían desarrollado y presentado a su profesora. Pero Óscar era el único que faltaba por terminar sus ejercicios. Afanado, intentaba concentrarse en medio del ruido y las burlas de Santiago, quien con insistencia le pedía que dejara su taller “a medias” para salir a jugar.

Óscar se hacía el de los “oídos sordos”, pero su paciencia estaba por llegar al límite. Entre burlas, risas y apodos, trataba de completar su tarea sin dejar que las palabras de su mejor amigo lo molestaran. Pero la situación pasó de “castaño a oscuro” cuando Santiago rompió la línea del respeto y decidió emplear algunos insultos para presionar más a Óscar, quien no dudó ni un segundo en responder con más ofensas.

Llegaron los empujones y los gritos, y como consecuencia una ira mayor. Se insultaron y se dijeron cosas que jamás quisieron haber oído de boca de su mejor amigo; y cuando la situación no podía ponerse más tensa, se retaron a pelear a puño limpio. Por fortuna, dos de sus compañeras se percataron de la discusión e intentaron interceder.

¡Conciliar vale la pena!

Con los ánimos más calmados, pero con sus sentimientos heridos por las palabras, Óscar y Santiago acordaron dejar a un lado los gritos y las ofensas, y decidieron que lo mejor que podían hacer para limar asperezas era buscar ayuda… ayuda para salvar su amistad.

Ambos se dirigieron a donde su profesora de matemáticas, le explicaron lo que ocurría entre los dos y le pidieron permiso para buscar a las personas que en el colegio tienen más conocimiento acerca de solución pacífica de conflictos: los conciliadores del proyecto Hermes.

“Empezamos a charlar entre los dos y nos pedimos perdón. Fue como si retrocediéramos en el tiempo recordando los buenos ratos que hemos pasado. Los amigos de Hermes nos hicieron caer en cuenta de que las peleas no llevan a nada bueno. Al final sellamos la reunión con un abrazo y aquí estamos, más ‘parceros’ que antes”, aseguró Óscar.

El mensaje que los conciliadores del proyecto Hermes les dieron a los dos chicos fue muy básico y esencial: “hay que pensar antes de actuar”. Esta frase que puede sonar muy sencilla hizo que Óscar y Santiago recapacitaran sobre su comportamiento y, lo más importante, entendieran que a través del diálogo y el perdón se construye paz y convivencia.

“Uno no debe irse a los golpes, así como así; eso lo entendí después de la charla. Ahora soy consciente de que no vale la pena acabar con una amistad tan grande, y mucho menos con una pelea. Conciliar nos ayudó, no solo a resolver ese problema, sino a seguir siendo verdaderos amigos”, concluyó Santiago.

Cero riñas, cero violencia: este es el secreto

El Proyecto Hermes, conformado por más de 40 conciliadores (entre estudiantes y docentes), ha generado un impacto verdaderamente positivo dentro del colegio Gerardo Paredes. Así como funcionó para Óscar y Santiago, ha beneficiado igualmente a decenas de jóvenes que han decidido evitar confrontaciones y riñas, prefiriendo el diálogo como herramienta para solucionar sus problemas.

Según Fernando Barbosa, coordinador de la institución y líder del proyecto, la evidencia más importante sobre los buenos resultados de Hermes, es el número de peleas presentadas en lo corrido del año: cero.

“Para esta época, en años anteriores, hablábamos de cerca de 30 confrontaciones dentro del colegio. Nuestra situación era crítica. Había mucha violencia, consecuencia de la intolerancia y el irrespeto. Hoy podemos asegurar que no hemos tenido ni siquiera una pelea y eso nos alegra demasiado”.

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Para el coordinador está claro que Hermes es una iniciativa fundamental, no solo para los indicadores generales de comportamiento dentro del colegio, sino para la vida misma de los estudiantes, quienes han adoptado el proyecto como propio, replicando el valor de su mensaje más allá del escenario escolar.

Cada año, docentes certificados y un equipo de profesionales de la Cámara de Comercio de Bogotá forman a estudiantes de grado 9º del Colegio Gerardo Paredes como conciliadores. Los jóvenes que deciden participar en el proyecto Hermes asumen, según Barbosa, un compromiso con el colegio, pero también con la sociedad, pues serán ellos los encargados de promover buenos valores e incentivar la tolerancia y el respeto por las diferencias.

“Hemos demostrado que las cifras de agresión bajaron; ese es un gran logro, pero lo más importante es que mientras sigamos fomentando el diálogo desde el colegio, el hogar y los barrios, iremos construyendo la paz que merecemos. Si continuamos enseñando a pensar y a hablar a nuestros jóvenes, con seguridad ellos se encargarán de hacer un país mucho mejor”.

Texto y fotos: Andrés Felipe Valenzuela

 


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