Fecha de publicación: Vie, 29/07/2016 - 15:27

EL DEPORTE BLANCO, PRECURSOR DE LA CONVIVENCIA ESCOLAR EN SUBA

600 estudiantes de 5 colegios oficiales del noroccidente de Bogotá vibran con los aces, tie breaks y break points del tenis de campo. Tal es el impacto de esta disciplina deportiva en esta localidad, que ya cuenta incluso con un Open anual para estrechar lazos y disfrutar los escenarios de la ciudad.

Cultivar los talentos y habilidades de los estudiantes, brindarles una opción atractiva y diferente para ocupar el tiempo libre y aprovechar los escenarios deportivos de la ciudad, son algunos de los logros que el programa de tenis de campo ha alcanzado en los colegios oficiales de la localidad de Suba. Cerca de 600 estudiantes de 5 instituciones públicas de esta localidad –colegios Delia Zapata Olivella, Tibabuyes Universal, Simón Bolívar, Gerardo Paredes y La Toscana- cuentan con espacios que promueven el desarrollo de habilidades físicas y la interacción social positiva a través del deporte blanco.

Más que aprender las reglas del juego y a manejar una raqueta, con el tenis los estudiantes adquieren aprendizajes alternativos y enriquecedores que les traen beneficios físicos, mentales y emocionales. 

Enfoque, concentración, seguridad en sí mismos, respeto por el oponente y por el escenario, son valores que el tenis de campo le ha aportado a la formación de estas niñas, niños y jóvenes de la educación pública que, gracias a la Secretaría de Educación y el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte, cuentan con raquetas e implementos, escenarios reglamentarios para la práctica del deporte y la asesoría y guía de formadores especializados. 

El tenis, cuyo origen se le atribuye a Francia pero que fue popularizado por los ingleses, se caracteriza no solo porque quienes lo practican usualmente visten de blanco prístino, sino por la elegancia de sus movimientos, la riqueza de su técnica y los buenos modales de los jugadores. De ahí que sea llamado el “deporte blanco”. 

El profesor Francisco Paz, uno de los formadores que lidera esta iniciativa, sostiene que ese componente actitudinal que tiene el tenis, las buenas maneras, el lenguaje positivo, el respeto hacia el rival y hacia el escenario, es susceptible de extrapolarse de la práctica deportiva a la convivencia y a las dinámicas sociales del colegio. 

“Cuando los muchachos entran al campo saben que es un especio de respeto donde no se permite una grosería ni la trampa. El juego es totalmente honesto en todo sentido, entonces eso les ha ayudado mucho a los muchachos a sensibilizarse más y a ser mejores personas”, comenta el docente. 

Como una forma de medir lo aprendido en clase, una vez al año, todos los practicantes de tenis en la localidad se congregan en el Parque Fontanar del Río para disputar el Delia Open, un campeonato invitacional organizado por el colegio Delia Zapata, donde los estudiantes tienen la oportunidad de foguearse en competencia y de compartir un rato ameno y en paz con deportistas de otros colegios de la localidad. 

Mejor jugarlo que verlo por televisión

Elkin Lozada siempre quiso jugar tenis, pero por falta de recursos y escenarios no había tenido la oportunidad de hacerlo. Este joven de 12 años, habitante de la localidad de Suba y estudiante del colegio Tibabuyes Universal, pasaba los fines de semana viendo a Roger Federer, Rafael Nadal, Novac Djokovic y a las otras estrellas del tenis mundial en la pantalla del televisor, imaginando que algún día él podría ser uno de ellos, anhelando tener una raqueta y un profesor para aprender a darle a la pelota, pero sin posibilidades reales de lograrlo. 

Eso cambió cuando encontró, entre los centros de interés disponibles en su institución para la Jornada Extendida, encontró el tenis de campo. “El tenis es un deporte maravilloso porque es muy rápido y muy técnico y uno adquiere mucha velocidad y resistencia. Gracias al colegio tengo esta oportunidad única de aprender a jugar”, comenta este joven que sueña, algún día, disputar el Roland Garros o la Copa Davis con los mejores del planeta.

Los profesores ponen el conocimiento y la técnica, pero los estudiantes le ponen la pasión y la mística. Así como Elkin, quien aprovecha al máximo cada oportunidad que tiene para ‘pegarle a la pelota’. “Él es una afiebrado por el tenis y qué chévere que los niños puedan aprender deportes diferentes al fútbol”, dice la mamá de Elkin, Magnolia Melo, quien siempre que puede, saca tiempo a sus ocupaciones para acompañar a su hijo en las competencias y torneos. 

Más que una práctica deportiva para mantener el estado físico, más que una alternativa para ocupar el tiempo libre, el tenis se ha convertido para estos estudiantes en un revulsivo para sus sueños, en un precursor para sus talentos y en una forma de romper estereotipos y de cambiar paradigmas. 

“Yo pensaba que el tenis solo lo jugaba la gente fina, de plata, pero después de un par de semanas cogí la pasión. Es muy chévere y cualquier persona lo puede jugar. Es un deporte diferente en donde uno comparte con los compañeros y se divierte”, comenta Mateo Acevedo, estudiante del colegio Agustín Fernández. 

Como sostiene el formador Francisco Paz, llevar una práctica deportiva considerada de ‘élite’ a las clases populares tiene efectos muy positivos en la mentalidad de los niños en formación y en su proyecto de vida. “La experiencia de traer el tenis a estos colegios ha sido muy enriquecedora, se ha aprendido muchísimo. La mayoría de los chicos me dice que ellos nunca se imaginaron poder jugar tenis, estar en un campo, sostener una raqueta. Entonces están motivados con el deporte, ha gustado bastante y eso se siente acá en el Delia Open”, destaca.

El tenis, mucho más que una raqueta y una pelota

Para directivos y formadores, la oportunidad de contar con espacios lúdicos y deportivos en sus currículos – el colegio Delia Zapata actualmente cuenta con 25 centros de interés de arte, deporte y lúdicas entre los que destacan disciplinas como la esgrima, el skateboarding y porras- ha tenido repercusiones positivas en la formación integral de niñas, niños y jóvenes. 

“El deporte plantea líneas de nueva convivencia, de aprender a respetarse a ellos mismos y a otros a través del deporte, eso es una ganancia grandísima. Un deporte no puede serlo si no tiene una disciplina y la disciplina genera unos hábitos de todo tipo y los hábitos generan una nueva cultura y eso se extiende a la familia, a los hermanos pequeños”, destaca Jaime Casas Ospina, rector del colegio Delia Zapata y anfitrión del Delia Open. 

Para los maestros de esta institución el deporte, el arte y la lúdica se han convertido en vehículos para ocupar de forma positiva el tiempo libre de los jóvenes, en oportunidades para difundir una nueva cultura ciudadana basada en el aprovechamiento de los escenarios públicos para la recreación y el deporte de la ciudad y en una forma de brindar aprendizajes alternativos y de convivencia a los estudiantes. 

“Es importante abrir espacios como estos para permitirle a los maestros y a los estudiantes salir de las cuatro paredes del colegio y venir a los escenarios deportivos públicos como el parque Fontanar, que muchas veces se desperdician porque no hay una cultura de uso y aprovechamiento de estos espacios. Eso es lo que necesita la educación pública, que haya una inversión del colegio a la comunidad y de la comunidad al colegio. Expandir la escuela a donde debe ser, a las comunidades”, remató el docente. 

Esa cancha de polvo de ladrillo, más que un campo de juego, es un escenario donde confluyen la pasión por una actividad, la disciplina para alcanzar las metas propuestas y la capacidad de imaginarse un futuro en el deporte: es un teatro de los sueños, parafraseando a los ingleses. 

 

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.


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