Fecha de publicación: Mié, 14/09/2016 - 10:07
“ES NECESARIO REPENSAR EL SENTIDO DE LA ESCUELA”: AXEL RIVAS
Conversamos con el reputado experto argentino sobre los retos de la educación frente a la justicia social, la calidad, la ampliación de la jornada, el rol de los maestros y el posconflicto.
Axel Rivas ha dedicado más de una década al análisis de los sistemas educativos enAmérica Latina. Es máster en Ciencias Sociales y Educación, autor de la investigación ‘América Latina después de Pisa- Lecciones aprendidas de la educación en 7 países (2000-2015)’; y en la actualidad está al frente del área de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento –Cippec-, en Argentina.
Dialogamos con él acerca de su visión sobre la transformación que requiere la educación en los países de la región.
Secretaría de Educación: Usted es un convencido de que la educación pública es un vehículo de justicia social y la opción para enfrentar las desigualdades sociales. En ese sentido, ¿cree que la educación es hoy un tema de primer orden en las agendas política y social de Latinoamérica?
Axel Rivas: La educación es un eje de cambio social, pero no puede ser el único, depende de las condiciones de la economía, de la distribución de la riqueza, de la desigualdad social. Muchas veces esto puede llevar a una posición peligrosa de conformismo o la incapacidad de actuar, o como todo está condicionado externamente la educación no puede hacer nada y simplemente tiene que esperar a que cambie lo que pasa afuera.
Esa es también una posición peligrosa, porque creo que los educadores y las escuelas tienen el trabajo de explorar y ampliar al máximo el umbral de intervención del sistema educativo, y entonces uno tiene que poder manejar dos hipótesis al mismo tiempo: la hipótesis real, que la escuela no puede cambiar la sociedad, y la hipótesis también real, que la escuela puede hacer más por al menos influir en que las desigualdades disminuyan.
Dentro de esa capacidad que tiene el sistema educativo, el Estado es un actor central, porque puede redistribuir capacidades y recursos en educación para potenciar los sectores más vulnerables y cerrar brechas, y al mismo tiempo generar planes de apoyo, no solamente una cuestión material, sino lograr generar proyectos transformadores.
¿Cómo ve a Colombia en ese reto de disminuir brechas?
América Latina ha hecho un gran esfuerzo por visibilizar las desigualdades. Especialmente entre los años 2000 y 2012 hubo un período de gran crecimiento económico, se disminuyó la pobreza y se logró invertir un poco más en educación, y esto ha tenido un gran efecto social. Ahora, una de las cosas de las cuales se conoce menos es que también el sistema educativo logró hacer más visible aquello que dejaban los márgenes o excluían, porque creó políticas compensatorias, con distintas intervenciones.
Una de las cosas que hicieron los países, entre ellos Colombia, fue comenzar a evaluar los aprendizajes, y a todas las escuelas, lo que nos permite hacer visible qué aprenden nuestros alumnos, y esto genera más igualdad de condiciones, porque lo que menos se conocía era cómo aprendían los alumnos en sectores más pobres. Entonces, al tener sistemas de evaluación de la calidad es más difícil ignorar las desigualdades, porque se hacen más explícitas. Me parece que en ese sentido Colombia con sus pruebas Saber ha hecho un gran esfuerzo en hacer más difícil de sostener las injusticias.
Usted ha dicho que nuestras pedagogías amplían y reproducen desigualdades ¿Cómo las repensamos o las replanteamos?
Este es un eje muy importante, porque el corazón del sistema educativo es la enseñanza. A veces uno piensa que los problemas están afuera, y efectivamente lo están, como decía antes, las desigualdades son muy fuertes, generan mucha frustración; pero la verdad es que también tenemos mucha evidencia de la investigación que demuestra que dentro del sistema educativo las prácticas de enseñanza generalmente tienden a reproducir y ampliar las desigualdades sociales.
Entonces, ¿qué implica combatir desde la pedagogía la desigualdad social?
Implica en primer lugar tener distintas estrategias pedagógicas, romper con la homogeneidad de la enseñanza. Nuestros alumnos tienen distintos ritmos, distintas historias, distintos contextos, y nuestras pedagogías deben poder albergar esa diversidad; y en esto tenemos muy buenas lecciones aprendidas de las escuelas rurales, de las escuelas multigrado, y aquí en Colombia tienen una experiencia extraordinaria que es Escuela Nueva, que nos muestra cómo la capacidad de enseñar en la diversidad puede incluso potenciar a los propios alumnos.

Cuando uno empieza a variar las formas en las cuales enseña también amplía las oportunidades de los alumnos de involucrarse con su propio aprendizaje. Entonces la forma principal de combatir las desigualdades es tener distintas estrategias pedagógicas y utilizarlas a lo largo del tiempo, para poder ir viendo cuáles funcionan y cuáles no. Un buen docente es aquel que aprende de su propia práctica pedagógica, reflexiona y va sacando lecciones.
A pesar de los esfuerzos que realizan los países de Latinoamérica para mejorar las políticas y destinar más recursos para la educación, cada vez que se publican los resultados de pruebas internacionales como Pisa sentimos frustración al ver que son muy pocos los avances que logramos. ¿Qué es necesario cambiar en nuestros sistemas educativos para mejorar la calidad de la educación?
Por un lado, las pruebas de aprendizaje son un arma de doble filo: son muy importantes porque nos permiten medir, nos dan elementos científicos para entender cómo están aprendiendo los alumnos, y necesitamos esos elementos, pero a veces son muy fácil de utilizar esos resultados para hablar peyorativamente del sistema educativo, estigmatizar, sobre todo, contar malas noticias.
Me parece muy importante tener pruebas, participar en internacionales, pero tenemos que ser muy cuidadosos en los discursos públicos que hacemos de las evaluaciones, y en darle al sistema educativo un mensaje que primero sea realista y también que no sea una forma de hacer más difícil el oficio docente. Cuando uno recibe siempre malas noticias de la educación se siente desmotivado. Por el contrario, es muy importante valorar que un sistema educativo haya mejorado.
Colombia es uno de los países que ha participado en menos ediciones de la prueba Pisa, pero ha tenido una mejora leve en las pruebas de la Unesco, y para el nivel primaria ha tenido también una mejora, y lo ha hecho en un contexto de amplia inclusión de muchos nuevos alumnos que entraron a la escuela secundaria especialmente, pero aún tiene muchas deudas pendientes.
¿Cuáles son los principales componentes de una educación de calidad?
En primer lugar, necesitamos políticas de inclusión, que logren que no solamente los alumnos tengan escuelas, sino que tengan unas condiciones dignas, con equipamientos y materiales para trabajar, y la dimensión de distribución de recursos que es muy importante, especialmente en los ámbitos más pobres y rurales donde tenemos muchas deficiencias.
Lo segundo es la calidad de la formación y las condiciones de trabajo de los docentes. Crear un círculo virtuoso que logre tener mejores salarios, formación más rigurosa y más pertinente para la enseñanza; una carrera profesional que premie el mérito asociado a la formación de los docentes, que permita escalar sin necesidad de irse fuera del aula y que estimule a que los jóvenes que quieran ser docentes sientan que es una carrera desafiante, profesional, bien pagada, donde el que aprende más, el que hace bien su trabajo va a ser premiado, donde va a tener muchos desafíos que requieren de formación para poder enfrentarlos y no es simplemente un trabajo estable seguro, aunque mal pagado. Una carrera de mucho reconocimiento donde el docente tenga prestigio social.
Y lo tercero es tener una reflexión constante sobre la práctica y una mirada innovadora sobre la educación. Necesitamos no solamente mejorar, sino cambiar muchos aspectos de la educación tradicional, en lo cual hay que incorporar una visión estratégica de lo que permiten las nuevas tecnologías, pero también tener una visión renovadora del sistema educativo que favorezca ambientes enriquecidos en las escuelas.
¿Cuál es el rol del docente en ese nuevo modelo educativo que se requiere?
Es una pregunta muy compleja, porque uno querría que un docente sea una persona que transmite pasión por el conocimiento, que inspira a sus alumnos, que los contagia del deseo de aprender, y ese sería el docente ideal. No obstante, ese docente es muy difícil de desarrollar si no hay ciertas condiciones en el sistema educativo que favorezcan ese tipo de trabajo. De tal forma que el modelo de docente a que uno aspira es inseparable del contexto del sistema educativo en el cual opera; las transformaciones no se pueden dar de manera separada.
Tenemos que pensar en fases en las cuales los docentes tienen que ser cada vez más promotores de conocimiento, capaces de generar preguntas en los alumnos, motivar la curiosidad, la creatividad, la búsqueda propia. Y eso requiere una preparación en etapas de diseños curriculares, materiales de apoyo, libros de texto, contenidos digitales que vayan promoviendo que los alumnos sean buscadores de conocimiento, para que ese docente tenga más bases sobre las cuales apoyarse y pasar a etapas posteriores en las cuales puede crear conocimientos con sus alumnos, con la comunidad, trabajar creativamente. Y eso no se puede dar ignorando las condiciones de un sistema educativo que fue diseñado para la tarea de transmitir conocimientos, tomar exámenes y certificar saberes.
Usted ha dicho que el desafío es crear prácticas de enseñanza que favorezcan el aprendizaje en la diversidad, ¿cómo se deben orientar esas prácticas teniendo en cuenta que venimos de una enseñanza homogenizada para grupos diversos?
Es muy importante que los colegios tengan un proyecto institucional activo, una reflexión sobre la práctica, un diagnóstico y que trabajen en equipo, en lo cual la figura del rector es fundamental. Una escuela es un organismo vivo que aprende, y es muy difícil que un docente solo cambie las prácticas de enseñanza, porque los contextos institucionales son diferentes. Yo diría que el motor más importante es la escuela, con un proyecto de mejora, con una mirada estratégica sobre lo pedagógico y con el mayor espacio posible para discutir la práctica entre los colegas, dialogar con el otro, compartir, aprender sobre lo que uno a veces hace con cierta inercia, y dentro de esa reflexión va a ser inevitable romper con un modelo de enseñanza mecánica, memorística y homogénea. El proceso institucional de diagnóstico, revisión de las prácticas y plan de mejoras es lo único que puede ser sostenible en el tiempo.
Una buena radiografía que muestra las deficiencias en los sistemas educativos son los altos índices de reprobación y deserción de los estudiantes, ¿qué acciones se deben emprender para lograr motivarlos y despertar en ellos la pasión por el aprendizaje?
Son los elementos que mencioné antes, con un foco particular en la escuela media, donde la deserción es más alta en América Latina. El problema mayor, como lo muestran muchos estudios, es que no le encuentran sentido a lo que aprenden; es necesario repensar el sentido de la escuela, de cómo uno interpela a los adolescentes y los hace partícipes del conocimiento, y cómo los piensa como pura potencia y no como el problema, porque están llenos de capacidades y de deseos, solo que la escuela tradicional no se preguntó el para qué, sino que impuso su obligación.
Hoy es muy importante que los docentes tengan muchas respuestas a las preguntas ‘de qué me sirve aprender esto’ y esas respuestas estén actuando preventivamente, siempre tienen que esperar a que les hagan esas preguntas. El trabajo más difícil es que los docentes comiencen a replantearse la estrategia de enseñanza pensando en por qué tiene valor, y eso implica un desafío profesional muy grande porque es reconectarse o conectarse por primera vez con el misterio de aquello que están enseñando, el misterio como algo apasionante, de otra forma es muy difícil transmitir la pasión a los alumnos.
¿Por qué cree usted que la ampliación de la jornada permite lograr justicia social en la escuela?
El tema de la ampliación de la jornada lo he estudiado mucho en América Latina y es un arma de doble filo, porque por un lado sabemos que en nuestros países se hicieron sistemas educativos con pocos recursos, entonces hemos tenido siempre escuelas de tiempo parcial, y hoy cuatro o cinco horas de clase no son suficientes para todo lo que hay que aprender y para todas las necesidades que tienen los alumnos especialmente de sectores más vulnerables. Pero insisto en que es un arma de doble filo, porque simplemente dar más horas de clase es muy costoso y no puede mejorar mucho los procesos de aprendizaje.
La clave es hacerlo bien, con sentido, involucrar las escuelas, empezar por aquellas que tienen buenos rectores, mejor infraestructura, buenos equipos, por aquellas de sectores más vulnerables para generar justicia social, y con un claro marco curricular, de qué se va a hacer con esas horas, cómo se va a potenciar el aprendizaje por proyectos, que pueda de alguna manera repensar los mecanismos tradicionales de enseñanza, que pueda involucrar a la escuela en un proceso de reflexión permanente sobre la práctica. El tiempo puede rápidamente dispersarse y en cierto sentido perderse, e incluso en algunos casos puede ser perjudicial, porque un alumno puede terminar saturado de tantas horas de clase, más si esa clase es aburrida y no tiene renovación.
En la actual coyuntura del país de lograr poner fin a un conflicto armado de más de medio siglo, ¿hacia dónde cree usted que se deben encaminar las acciones para garantizarle el derecho a una educación de calidad a esa población que se va a incorporar al sistema educativo oficial?
Yo creo que el sistema educativo tiene que ser capaz de crear ambientes de aprendizaje centrados en la formación de la cultura de la paz y de la construcción de la ciudadanía, y eso no puede hacerse solamente de manera teórica, como algo que se estudia y se replica en un examen. Dinámicas que permitan ejercer la ciudadanía, la empatía y el diálogo, es lo que tendría que favorecer cualquier escuela, en cualquier contexto, pero más en el contexto donde se está construyendo el proceso de paz.
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