Fecha de publicación: Mar, 20/09/2016 - 17:35

LOS MÚSICOS DE LA PAZ DEL COLEGIO VENECIA

El profe Daniel Jiménez está convencido de que la música puede enseñarnos a vivir en paz. Por eso apostó por los sonidos y los instrumentos en un proyecto que ha convertido a sus pequeños estudiantes en gestores de la reconciliación. Esta es su historia.

Vestido con un sastre de colores psicodélicos y armado con una batuta, el profesor Daniel Jiménez, del colegio Venecia, da inicio al primer Concierto didáctico del año. Más de 130 niñas y niños de segundo elemental, que no superan los 8 años, se aglomeran alrededor del docente que, con una voz profunda y movimientos acompasados, les cuenta a estos pequeños cómo la comunicación de los instrumentos entre sí va formando la música.

“Tenemos los instrumentos de viento y los de percusión. ¿Cómo se llama este instrumento?”, les pregunta a los niños. “¡Claretín!”, responde uno de los chicos divertido. “Casi, muy cerca, pero en realidad se llama clarinete y cómo suena ese clarinete…”, tercia el docente indicándole a su estudiante que toque unas notas. Al clarinete se suma la tambora, las maracas, el triángulo y las cuerdas. Poco a poco la famosa canción ‘Colombia tierra querida’ empieza a tomar forma.

Mientras tanto, ‘Venecín’ y ‘Sabedor’, los títeres que acompañan los conciertos, les van contando a los niños a qué género musical corresponde la canción, quién la compuso y de dónde es originaria.

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“Esta canción es de nuestra Costa Atlántica. Allá hablan diferente a nosotros y se visten distinto. Cada región tiene su propia música, sus costumbres, pero todos somos parte de la cultura de nuestro país y, si respetamos esa multiculturalidad, podemos vivir en paz”, interpela ‘Sabedor’, un sapo sabelotodo que siempre corrige a ‘Venecín’, el perro curioso que tiene una pregunta para todo.

La música sigue sonando y la ‘Iguana tomaba café’ y el ‘Sanjuanero huilense’ suben el ánimo de los asistentes. La orquesta suena, los niños bailan y las luces brillan. Es una verdadera fiesta donde las niñas y niños de esta institución de la localidad de Tunjuelito aprenden de música, pero también de respeto, convivencia y paz.

“Todos los instrumentos son diferentes, pero cuando suenan todos juntos nace la armonía y la música cobra vida”, dice el profesor Daniel, a quien la experiencia le ha enseñado que la música tiene la capacidad de enseñarnos a vivir en paz.

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“Cuando suenan en una orquesta, los instrumentos musicales son un vivo ejemplo de la sociedad. La sociedad está conformada por personas que son diferentes en todo, esa diferencia es la que enriquece la cultura precisamente, cuando yo reconozco que la otra persona es diferente en color, en forma de pensar y actuar, en gustos. Reconozco que él me puede enriquecer, y yo lo puedo enriquecer también con lo que tengo, eso se llama crecimiento cultural”, sostiene.

Para este docente de música con más de dos décadas de experiencia en trabajo con comunidades, la interpretación de instrumentos y el aprendizaje de la música son aliados estratégicos en la promoción de valores democráticos y ciudadanos, en la formación integral de niñas, niñas y jóvenes y en la construcción de paz al interior de las aulas capitalinas.

“Es la diferencia la que hace que, tanto en los instrumentos como en la sociedad, se enriquezca nuestro pueblo colombiano, que podamos entendernos con los demás y reconocer que, aunque la otra persona es diferente a mí y tengamos opiniones distintas, yo puedo entablar una conversación con él, si no lo logro en palabras ¡caramba! Con un instrumento lo puedo lograr”, destaca.

‘Armonías de paz’, un experimento sonoro y convivencia

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En medio de la fiesta y la algarabía, los pequeñines de la institución van abstrayendo las enseñanzas de la banda. Como Brayan Anzola, un niño curioso y vivaz que se enamoró del sonido de la trompeta. “Aprendí que todos los instrumentos son diferentes y que hay que hacer silencio para poderlos escuchar. Me gusta la trompeta porque suena muy duro y me gusta cantar”, afirma entre risas.

O como Helen Sofía Cabrera, quien aprendió un poco de historia al son de la tambora. “Me gustaron mucho los títeres y la canción de Colombia, porque es muy linda y habla de que nuestro país es muy lindo y nos da todo el amor”.

Los Conciertos didácticos hacen parte de la triada pedagógica que conforman ‘Armonías de paz’, iniciativa que el profesor Daniel diseñó para mejorar la convivencia y contribuir, desde la escuela, a la construcción de paz.

La primera acción fue la conformación del grupo musical Venecia Big Band, orquesta de gran factura que toca jazz, música tropical y que se ha dado a conocer en el Distrito por la interpretación de bandas sonoras de películas famosas. La segunda son los Conciertos didácticos donde se imparten los principios básicos de la música con énfasis en valores a la primera infancia. Y la tercera, es Construyo la paz en mi colegio, un ejercicio de reflexión donde los estudiantes de grados superiores analizan la problemática nacional y componen canciones con mensajes positivos y propositivos.

Todas estas acciones se articulan alrededor de la temática de paz y convivencia. “La música –dice el docente– es un vehículo, un instrumento para hacer aportes puntuales y reales a la formación del tejido social, al reconocimiento de los valores y la cultura”.

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“La armonía que hace la música es la que buscamos para que estos muchachos empiecen a generar en su corazón y en su mente, una armonía de paz, de ahí el nombre del proyecto, porque todas las acciones tienden a que nosotros somos seres que construimos paz, pero la construimos es haciendo cosas, no con discursos y con retórica, se construye así, haciendo música, actuando, bailando, cantando, construyendo, leyendo, escribiendo”, afirma.

Sensibilizar a la ciudadanía a través del arte y la cultura es el principal objetivo del profe Daniel y su banda de jóvenes músicos. La música es cultura, historia, tradición y es una oportunidad para reconocernos desde la diferencia.

Música con sentido social

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Conocer las tradiciones, la riqueza artística e intelectual, la multiculturalidad de nuestro país y todo el conocimiento interdisciplinar que comprende el quehacer musical, convierte a estos estudiantes de todas las edades en agentes de paz que utilizan el lenguaje de la música para llevar su mensaje.

Santiago Martínez Sóliman es uno de estos ‘músicos de la paz’. Con su bajo, Sóliman, como le dicen sus amigos, lleva música, alegría y conocimiento a sus compañeros de colegio. Para él, este proceso músico – convivencial le ha permitido acercarse a la paz desde otra perspectiva, interiorizarla y apropiarse de ella.

“Hay que entender que una sociedad que se compone de varios individuos, no puede estar en paz si esos individuos no están en paz consigo mismos. Si están llenos de odios, de resentimientos o no se quieren, no van a tener un buen trato con los demás, van a ser groseros, no van a tener un trato respetuoso. Entonces, hay que entender que la paz mental, la paz interior, es muy importante en el proceso de paz que adelanta el país”, comenta este joven rockero que, de la mano del profe Daniel, le cogió el gustó al porro, el jazz, el fandango y todos los géneros musicales.

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Bajo la batuta de este maestro, estos músicos han aprendido que el aprendizaje es de varias vías, que la opinión de todos es válida y que el conocimiento es para difundir y compartir.

“El trabajo en ‘Armonías de paz’ es muy creativo y nos agrada mucho compartir con los niños pequeños del colegio que son la generación que viene en camino y que va a tomar nuestros instrumentos, son los que aprenden de nuestras melodías y son los que nos van a representar. Esa una labor muy linda y muy gratificante”, dice por su parte Lina María Ríos, una exalumna que sigue vinculada a la iniciativa y que organizó su proyecto de vida alrededor de la música.

De una forma orgánica y natural, los integrantes de ‘Armonías de paz’ han trazado en este proceso un círculo vital donde la música, la cultura, el respeto por el otro y la paz se comunican íntimamente, se retroalimentan, se fusionan y se multiplican de distintas maneras.

“La paz es un sonido armonioso, tranquilizante, un sonido que nos tranquiliza en tiempos difíciles. Para mí, la paz es un sonido con unos matices muy variados, tiene sus altibajos, suena a todos, suena a cultura”, remata Lina María, que imparte paz y cultura con las notas de su trompeta.

Por Nicolás Rodríguez

Fotos Juan Pablo Duarte


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