Fecha de publicación: Mié, 21/12/2016 - 12:40
COLEGIO PÚBLICO SAN FRANCISCO: REFERENTE DISTRITAL EN ATENCIÓN A NIÑOS SORDOS
Aulas exclusivas, intérpretes, docentes de apoyo, mediadores pedagógicos y clases de lengua de señas para familias, entre muchas otras acciones, convierten a esta institución oficial de Ciudad Bolívar en un referente para la ciudad en atención especializada a niñas, niños y jóvenes con discapacidad auditiva. Conozca su experiencia. Así avanza Bogotá en su meta de ofrecer oportunidades de aprendizaje desde el enfoque diferencial.
La especialización en la atención, la adaptabilidad de los currículos a las necesidades de los estudiantes, el profesionalismo de los especialistas y el afecto y el empeño de directivas, docentes y estudiantes, han hecho del colegio San Francisco un referente distrital de atención a la población sorda.
Este colegio público ha logrado consolidar su proyecto de atención a niñas, niños y jóvenes con discapacidad auditiva gracias a su meticuloso proceso de atención y acompañamiento, que empieza en primaria con las aulas exclusivas donde los niños adquieren los conocimientos básicos y su lengua materna (lengua de señas colombiana) y que se prolonga hasta que los jóvenes ingresan al aula regular con el apoyo de un intérprete.
Hoy, el ‘Programa de inclusión de escolares sordos al aula regular’ de esta institución, que empezó en 1999 con la llegada de dos jóvenes con discapacidad auditiva que buscaban completar sus estudios, es una iniciativa pionera que atiende a 57 estudiantes sordos, desde los 5 a los 21 años, de grados 0 hasta 11.
El equipo de trabajo lo componen 4 docentes de apoyo a la inclusión, dos modelos lingüísticos (personas sordas nativas), dos mediadoras pedagógicas y 10 intérpretes que acompañan a los estudiantes sordos en clases y todas las actividades del colegio.
El éxito del programa no solo radica en la especialización de la atención por parte de profesionales y docentes, sino al clima de tolerancia y afecto que tiene la comunidad educativa hacia los estudiantes sordos. Cada uno de los salones y espacios de la institución está meticulosamente demarcado en lengua de señas y además se dictan talleres para padres de familia, profesores y estudiantes que quieran aprender la lengua de señas.
Para Sandra Patricia Rodríguez, docente de apoyo a la inclusión, la atención que ofrece el colegio a esta población ha marcado un hito en la localidad, porque, como destaca la docente, “para esta población altamente vulnerable, con difícil acceso a la educación, el colegio San Francisco ha tenido un impacto muy positivo. Aquí vienen los niños no solo a aprender su lengua materna, sino que vienen a socializar, a fortalecer sus talentosy tienen la oportunidad de acceder a todos los programas de la Secretaría de Educación porque hacemos un esfuerzo para adaptarlos a sus necesidades”.
Asimismo, destaca que el colegio es un espacio de reconocimiento para ellos, un lugar donde se les garantizan sus derechos básicos, se les respeta, se les reconoce y sobre todo se les rodea de mucho afecto y de mucha atención. “Es increíble cómo a través de la lengua van fortaleciendo sus habilidades, cómo interactúan con el entorno y desarrollan sus habilidades sociales que de otra forma sería muy difícil de explorar”, concluye.
Se trata de dar oportunidades de aprendizaje a las niñas, niños y jóvenes desde el enfoque diferencial, por eso este es uno de los componentes de la línea estratégica ‘Calidad Educativa para Todos’ del Plan de Desarrollo ‘Bogotá Mejor para Todos’ 2016 – 2020, gracias al cual en 2016 el Distrito acompañó en 2016 al 70% de instituciones educativas que ofrecen el servicio de Modelos Educativos Flexibles e inició el diseño del modelo integral de atención educativa diferencial.
Adaptación y flexibilización, claves de la educación incluyente
Una de las mayores dificultades para la población sorda de la ciudad es la falta de oportunidades de formación escolar. Según cuentan los especialistas de la institución, la mayoría de padres de niños con discapacidad auditiva se enfrentan a una oferta educativa muy reducida encabezada por centros de atención especializados de alto costo y difícil acceso, por eso muchos de estos niños terminan estancados, encerrados en la casa, sin la atención adecuada ni posibilidades de desarrollo.
En muchos casos, señalan, los menores ni siquiera cuentan con un diagnóstico para su discapacidad y son lanzados al sistema educativo convencional donde les resulta imposible seguir el paso a sus compañeros oyentes y terminan por desertar.
Al colegio San Francisco llegan niñas y niños desde el grado cero, muchos de ellos no manejan la lengua de señas y por lo tanto no tienen manera de comunicarse. Allí empieza la labor del equipo especializado del colegio.
“Cuando los niños llegan, los asignamos al aula exclusiva que abarca los ciclos I y II y va de preescolar hasta cuarto. Allí se les enseña, primero que todo, la lengua de señas colombiana que es su lengua materna; a comunicar sus ideas y a entender lo que expresan los demás. Luego empezamos con las bases del castellano, lectura, escritura y matemáticas”, comenta Nasly Carolina Molano, docente de aula de ciclo I.
La recursividad, la creatividad y la paciencia, según la docente, han sido claves en este proceso formativo especializado. “Todas las clases las hacemos con apoyos gráficos, muchas imágenes y dibujos y también utilizamos mucho los mapas conceptuales porque así es más fácil para los chicos aprender conceptos complejos. La lengua de señas tiene la dificultad de que es muy reducida y hay muchos términos y conceptos que no tienen seña, entonces nos toca ser muy creativos para garantizar que la comunicación de nuestros niños sea asertiva y no se queden rezagados en los procesos”, destaca.
Todos estos esfuerzos apuntan a que las personas sordas no se sientan diferentes a los demás y que sepan que sin importar las limitaciones siempre van a encontrar en el colegio y los docentes un apoyo y una guía, como lo pondera Jáider Rojas, de 4º, quien asegura que “el colegio es muy chévere. Me gustan mucho los profesores y los amigos sordos y oyentes. El colegio es muy grande, a veces me asusta porque hay mucha gente y mucho movimiento, pero me siento muy bien aquí”.
Luego de aprender la lengua de señas y los conceptos básicos de matemáticas, lectura, escritura y todas las materias del currículo de los ciclos I 
y II, los estudiantes pasan al aula regular a compartir el espacio de clase y todos los procesos con la población oyente.
Con el apoyo constante de los intérpretes, los estudiantes toman las clases del currículo tradicional con algunas adaptaciones, sobre todo en los sistemas de evaluación para garantizar que el proceso se complete exitosamente.
Así, los estudiantes con discapacidad auditiva acceden a todos los programas que ofrece la institución, sin distinción ni diferenciación alguna y siguen su proceso formativo hasta culminar su bachillerato.
Más que educar, este proceso cambia vidas y transforma realidades, como lo testifica William Rico, de 22 años. “La experiencia en el colegio ha sido maravillosa, me siento preparado para encarar nuevos retos y continuar con mi educación. Quiero estudiar Educación Física en la Universidad Pedagógica para enseñar a niños sordos como yo”.
Educación incluyente, un reto que se encara día a día
Todos los miembros de la institución, tanto maestros como estudiantes, se esmeran por expresar su apoyo y admiración a la población sorda que cada día gana más espacios de reconocimiento en el colegio.
Uno de esos espacios es ‘El Tiempo de los Sordos’, publicación que registra las vivencias y sentires de los estudiantes con discapacidad auditiva. “Con la estrategia del periódico buscamos que los estudiantes trabajen mucho la lectura y la escritura, que es uno de los aspectos más complejos de su proceso formativo. Allí, los mismos estudiantes, desde su visión, registran las actividades del colegio y temas de interés para la población sorda. Es un medio de expresión y de reconocimiento para ellos”, cuenta María Cristina Rodríguez, docente de español y literatura.
Todos estos mecanismos, propician un ambiente de igualdad y de inclusión donde no solo ganan los estudiantes con discapacidad sino toda la comunidad educativa, que se enriquece del intercambio, pese a las limitaciones y las dificultades.

“Antes estaba en un colegio de oyentes y no me gustaba porque no entendía nada, hasta que mi mamá me trajo aquí y mi vida cambió. Me gusta mucho, me encanta el colegio, me siento muy feliz aquí. Aunque hay estudiantes que se burlan, hay otros que son muy buena gente”, comenta María Fernanda Pineda, estudiante de once que sueña con graduarse y montar una peluquería para hacer que las mujeres se sientan bonitas.
Hacer de la educación un espacio incluyente donde todos están en igualdad de condiciones, con las mismas oportunidades de crecimiento y desarrollo, es un reto que se encara día a día. “Lo más difícil de esto es que todos se concienticen del valor que tiene la lengua de señas y la cultura de los sordos. Forjar un ambiente de tolerancia y respeto hacia la población sorda, donde se le valore y se le reconozca en toda su riqueza y complejidad. Ese es el reto que tenemos por delante y por el que trabajamos todos los días”, remata la docente Sandra.
Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.
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