Fecha de publicación: Mar, 04/07/2017 - 10:57

‘SANTI FLOW’, EL ESTUDIANTE BOGOTANO QUE CONQUISTA AL MUNDO SOBRE UN TRAMPOLÍN

A sus 11 años de edad, este gimnasta del colegio oficial Rufino José Cuervo ha ganado oro en dos panamericanos, un nacional y varios torneos fuera del país. Acaba de coronarse campeón de la copa Frivolten Cup 2017, en Herrljunga, Suecia, y su sueño es llegar a los Olímpicos de Tokio 2020.

Algo en su cuerpo lo impulsa a hacerlo todo el tiempo. Una especie de estímulo natural que, por años, ha viajado a través de sus neuronas, músculos y huesos, y lo ha hecho despegar sus pies del suelo, cada vez más alto, para hacer lo que más le gusta: saltar.

Esa es la pasión que ha acompañado durante sus emocionantes 11 años de vida a Santiago Parra Berrío, o ‘Santi Flow’ como le suelen decir sus amigos y compañeros. Sus dos últimos logros, el pasado mes de mayo, cuando se coronó campeón de las categorías Trampolín y Doble Mini Tramp en Suecia, se suman a un extenso palmarés que confirma porqué este niño bogotano, criado en cuna humilde en el sur de la ciudad, es una promesa de la gimnasia en trampolín Colombia.

Como muchos deportistas reconocidos en nuestro país, la prometedora carrera de Santiago, un niño delgado e inquieto que desde pequeño ha querido seguir los pasos de deportistas como Josimar Calvo, su preferido, ha tenido una cuota más alta de talento que de apoyo económico para poder brillar sobre los elásticos tal y como él lo hace.

Su madre, Elisabeth Berrío, una mujer nacida en Medellín que se ha dedicado a trabajar en servicios generales para sostener a sus tres hijos (Vanessa, Alex David y Santiago), cuenta que desde muy temprana edad el pequeño Santiago ya mostraba habilidades de gimnasta. Usaba las camas y las sillas de la casa para perfeccionar sus piruetas y los pasamanos del parque para demostrar su habilidad con las manos, cuando apenas tenía dos años de edad.

“Cada hijo es diferente y especial. Lo que no sacó el mayor ni la menor, que son muy tranquilos, lo sacó y lo multiplicó Santiago, porque siempre ha sido muy hiperactivo. Los vecinos se asombraban de verlo jugar en el parque, pero eso a mí me parecía normal. Sólo pensaba que era un poco inquieto”, confiesa Elisabeth.

En 2011, Santiago ingresó al colegio Rufino José Cuervo para cursar el prescolar, en donde pronto se destacaría durante las clases de educación física y en los descansos, por ser el más inquieto y el más hábil de sus compañeros.

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Un día, la profesora Marleny de educación física, preocupada de ver los giros mortales y rollos que Santiago daba desde la tarima del colegio, frente a sus asombrados compañeros, le recomendó a Elisabeth, entre el nerviosismo y las ganas de verlo triunfar, que considerara la posibilidad de llevarlo frente a un experto.

Y así, movida por los halagos de sus vecinos y familiares y la energía inagotable que aun caracteriza a Santiago cuando camina, habla, se ríe o incluso observa silencioso acurrucado en una silla, salieron juntos en búsqueda de un diagnóstico.

Santiago hace estiramiento con otro compañero

En el centro de Alto Rendimiento de Bogotá no dudaron de sus cualidades e inmediatamente lo integraron a las clases de gimnasia artística, primero durante los fines de semana y luego todos los días, tras demostrar amplias capacidades para el deporte de alto rendimiento. Allí, su desbordante energía encontró cauce y su mente un lugar para moldear con sus brazos y piernas las figuras que le valen reconocimientos y miradas en cualquier lugar del mundo.

Sólo un recuerdo opaca el corazón de Santiago y el de su familia: la pérdida de su padre, Alirio Parra. “Murió a causa de un infarto hace cinco años. Recuerdo que los veía acostados por horas frente al televisor a ver deportes y competencias, y que le decía a su papá que él quería ganar medallas como sus deportistas favoritos”, asegura Elisabeth.

Esas tardes que aún recuerdan con nostalgia sembraron una semilla en el corazón de Santiago, en donde germinó el sueño de ganar medallas y ser deportista de alto nivel. Así, al terminar los exigentes y dolorosos entrenamientos que pulen el cuerpo de un gimnasta artístico, y que le arrancaron lágrimas tanto a él como a su madre, Santiago descansaba jugando como cualquier niño lo haría en las camas elásticas.

Pero lo que empezó como un juego luego se convirtió en una de sus decisiones más importantes: quería ser trampolinista. Y desde ahí, con el apoyo de su madre y de sus entrenadores, todo lo que ha tocado en materia deportiva lo ha convertido en oro.

En 2005 ganó su primera medalla de oro en un torneo distrital de trampolín representando a la liga de Gimnasia de Bogotá. Luego volvió a ver el oro en las categorías doble mini tramp, trampolín élite y tumbling élite que se disputaron en el nacional de trampolín ese mismo año.

Posteriormente, se alzó la presea dorada en el sudamericano de trampolín de 2015 y luego en un panamericano de la misma disciplina en el que mereció nuevamente la medalla dorada por su brillante desempeño en el certamen.

El pasado 27 de mayo, mientras Colombia fijaba sus ojos en la actuación del gran corredor y ciclista Nairo Quintana en la última etapa del Giro de Italia 2017, los Parra Berrío al sur de Bogotá, saltaban de alegría al saber que Santiago, el menor de la casa, se coronaba a miles de kilómetros de distancia como el mejor gimnasta sobre el trampolín, en la Frivolten Cup 2017, en la ciudad de Herrljunga, Suecia.

Una familia que sigue y alienta sus saltos

El último triunfo de Santiago también quedará en la memoria de sus maestros y de los padres de familia del barrio San Benito, en Tunjuelito, como una muestra de la unión y el cariño que se respira en el colegio Rufino José Cuervo y que se da sin medidas a las niñas, niños y jóvenes de la institución.

Liderados por la coordinadora Lyda Esperanza González, una mujer de cabello ondulado y abundante que sonríe fácilmente cuando habla de sus estudiantes, a quienes considera sus hijos; maestros, directivos, padres y madres de la institución reunieron fondos a través de rifas y diferentes actividades para que Santiago pudiera viajar a Suecia y asistiera a la Frivolten Cup representando a Colombia.

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“Conocemos la situación económica de Santiago y de su familia y por eso decidimos apoyarlo. Reunimos dinero para costear el seguro que él debía pagar para viajar, para su estadía y para los viajes en la ciudad de Madrid en donde hacía una escala antes de llegar a Suecia”, cuenta la coordinadora.

Sin embargo, Lyda asegura que, tras este logro, ahora es cuando más deberán redoblar esfuerzos para dar un salto más grande. Santiago busca asistir al próximo Mundial de Trampolín que se realizará en noviembre de este año, como un requisito para asistir a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en los que el sueña estar.

Pero el otro reto del colegio es seguir apoyando la formación académica de esta promesa de la gimnasia, que como cuenta la rectora, María Amparo Arias, es un camino que le dará importantes competencias y saberes para su vida personal y deportiva.

“Tener estudiantes con reconocimiento nacional e internacional es todo un orgullo no sólo para nuestra institución sino para la educación pública de Bogotá. Por eso, entre maestros, coordinadores, personal de servicios generales y compañeros hemos rodeado a Santiago como una verdadera familia, que lo apoya y lo cuida”, asegura.

“Los profes reconocen que él es un deportista y que tiene un gran don. Por eso lo han apoyado desde pequeño para hacer flexibles sus tiempos cuando él lo requiere, para que no descuide su parte académica y pueda responder tanto a las exigencias deportivas como a las del colegio”, asegura la rectora.

Por eso, todos los días a las 7:00 de la mañana Santiago reemplaza el uniforme amarillo, azul y rojo que lo distingue como deportista colombiano, por una corbata azul, un pantalón gris, zapatos negros y una maleta llena de útiles escolares que lo caracterizan como uno de los estudiantes que asisten a la sede A del colegio Rufino José Cuervo.

“Vengo a estudiar porque me ayuda a organizar la mente, a tener en cuenta lo que quiero hacer, es importante en la vida de un deportista”, afirma convencido.

‘Santi Flow’ ha encontrado en su cuerpo un motor para triunfar como deportista y en su colegio una familia que lo impulsa a saltar cada vez más alto, con más convicción por sus sueños.

Mientras tanto, este pequeño bogotano seguirá madrugando para ir a estudiar; aprendiendo cada día lo que su familia y su colegio le enseñan cariñosamente; asistiendo a los duros entrenamientos de un futuro deportista olímpico y silenciando coliseos que lo observan con suspenso romper la quietud para entregarle al aire un ‘full full’ o un ‘chuca rudy’ de esos que a él más le gusta hacer. Luego, con una sonrisa grande y contagiosa, escuchar cómo la gente estalla en gritos y bulla, mientras sus piernas tiemblan y se estremecen por conquistar al mundo sobre un trampolín.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.

Por Esteban Pineda

Fotos Juan Pablo Duarte


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