Fecha de publicación: Mar, 21/11/2017 - 17:23
“COLOMBIA DEBE FORMAR UNA GENERACIÓN CAPAZ DE ENTENDERSE CON QUIENES PIENSAN DIFERENTE”
Este es el principal reto de la educación ciudadana en el país, de acuerdo con Cristián Cox, director del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la Universidad Diego Portales de Chile. En esta entrevista, explica los retos del sistema educativo en cuanto a la formación cívica y la participación política.
Cristián Cox fue uno de los expertos internacionales invitados a participar en el seminario ‘Retos en la formación para la ciudadanía y la convivencia’, organizado por la Secretaría de Educación del Distrito, la Organización para las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (Unesco) y la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Orealc).
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Allí, el investigador chileno dialogó con representantes de las comunidades educativas de Bogotá acerca de los desafíos curriculares y pedagógicos de la educación para la ciudadanía en Latinoamérica, en los que profundizó en esta entrevista.
Secretaría de Educación: Usted resalta el valor trascendental que tiene la democracia en nuestra sociedad y la responsabilidad de la educación de formar ciudadanos para fortalecer nuestro sistema político. ¿Cuál es el rol de la escuela en este proceso?
Cristián Cox: Este es uno de los temas centrales de lo que debe hacer la educación. La escolaridad en los orígenes de nuestros países tuvo como propósito principal preparar al ciudadano, al ‘soberano’, en las circunstancias de nuestra independencia hace dos siglos y hoy en día ese mismo propósito se mantiene, pero en otro contexto mucho más complejo y demandante sobre estos seres humanos.
A cada nueva generación hay que prepararla para vivir en conjunto. No nacemos demócratas, aprendemos a ser demócratas. Es un aprendizaje complejo porque las capacidades de auto limitarse en la vida con otros, de creer y trabajar por el bien común y de respetar las reglas no son innatas al ser humano, que por naturaleza tiene unas disposiciones más primarias a imponerse o subyugarse ante la fuerza y el poder.
La experiencia escolar hoy día en América Latina significa entre 10 y 12 años de escolaridad obligatoria. Educar para ser demócratas es enseñar esa historia democrática que tiene 2.500 años y que inició en Grecia, cuyos principios deben ser relevantes en el mundo en que vivimos. También es inculcar las razones, capacidades y disposiciones que nos permiten vivir con otros, que cada día son más diversos, de acuerdo con las reglas y procedimientos que establecimos.
¿Cómo diferenciar la educación para la ciudadanía y la educación para la convivencia?
Convivencia y ciudadanía están conectadas, pero es necesario distinguirlas claramente para orientar la formación en la escuela. La convivencia es la vida en las comunidades pequeñas, donde todos se conocen e interactúan cara a cara regidos por unas reglas e interacciones cercanas, lo que demanda un tipo de capacidades que son muy necesarias para la vida democrática porque el respeto al otro comienza comiendo en la mesa junto a la familia o tomando el turno para hablar en la escuela.
Por otra parte, el sistema político donde se definen las leyes de sociedades muy complejas es completamente distinto a esas relaciones cara a cara. Supone la confianza en otros abstractos, como los ciudadanos de Bogotá, que no se conocen entre ellos y que tienen distintas clases sociales, ideologías, intereses y formas de ver la vida.
Al distinguirlos, el educador puede generar las actividades y los proyectos que corresponden a uno y otro tipo de vida con los otros. Si se trata ciudadanía y convivencia dentro de una misma frase, no se distinguen las especificidades de la educación para participar formalmente en política, que es muy distinto al asunto de los turnos de la palabra o de pasarse la comida en la mesa.
Usted lideró un estudio acerca de los aprendizajes escolares de la ciudadanía en América Latina, en el que se concluyó que la región había avanzado en incluir la educación para la convivencia en los currículos, pero experimentaba un déficit frente a la educación para la ciudadanía. ¿Cuáles son los saberes y competencias que deberían incluirse para superar esa brecha?
Exactamente eso es lo que se concluye en el estudio comparado que realizamos frente a los currículos vigentes, en los que por ejemplo no se encontró la importancia del voto. ¿Por qué no lo enseñamos en América Latina? Es una reflexión que tenemos que hacer. Puede estar relacionado con lo que hemos vivido; las dictaduras, la precariedad de la democracia, la corrupción, la debilidad de las instituciones. Es un error, porque no estamos formando a los demócratas ni las bases culturales de la democracia que soñamos.
Para resolver este déficit hay que partir desde la infancia. Los currículos tienen que enfatizar más en la preparación para la participación política formal y eso supone un conjunto de conceptos de base de teoría democrática, como división de poderes, bien común, representación, participación política, voto y rendición de cuentas.
¿Qué concluyó ese estudio acerca de la educación para la ciudadanía en Colombia?
En este desequilibrio, Colombia está en el extremo. El país ha trabajado 100 % en la educación para la convivencia y no tanto en ciudadanía, lo que está muy bien, pero implica el reto que también encontramos a nivel regional y es formar ciudadanos para participar activamente en el sistema político democrático.
En el contexto actual que experimenta el país, ¿cuál es el principal desafío frente a la formación ciudadana?
La historia sociopolítica colombiana de los últimos cincuenta años está cruzada por la violencia. Cuando eso se ha tenido por décadas, es especialmente urgente que la próxima generación, inocente de la guerra, crezca con unas capacidades para entenderse con sus opositores, con los diferentes, que es la esencia de la democracia. Eso es nuevo como horizonte para la sociedad colombiana, que está confiando en que el sistema escolar y sus educadores van a ser capaces de inculcar esta base cultural de no recurrir nunca a la violencia.
Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.
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