Fecha de publicación: Lun, 13/08/2018 - 16:32

LA SIMULACIÓN DE LA ONU MÁS GRANDE DEL CONTINENTE LLEGA A LA BOGOTÁ RURAL

Educación rural y campesina, agricultura, soberanía alimentaria y protección de los páramos y los recursos hídricos, serán el centro del debate en Simonu Bogotá 2018.

Aunque la mayoría de los ciudadanos lo desconocen, Bogotá es una ciudad ampliamente rural: solo un 23 % de su extensión es considerada área urbana, mientras que un 74 % del suelo está dispuesto para zonas agrícolas, áreas protegidas, bosques y vegetación, por lo que las áreas rurales de la ciudad juegan un papel estratégico en su desarrollo y abastecimiento.

Es por eso que el gobierno ‘Bogotá Mejor para Todos’ del alcalde Enrique Peñalosa se comprometió a mejorar las condiciones de bienestar de la población de las zonas rurales de la ciudad desde su Plan de Desarrollo 2016 – 2020.

En materia educativa, la ciudad avanza en el diseño e implementación de una política de educación en la ruralidad con la que se busca reducir las brechas de desigualdad que afectan la calidad, el acceso y la permanencia escolar en estas zonas de Bogotá.

Siguiendo esta hoja de ruta trazada por la administración distrital, la simulación de la Organización de las Naciones Unidas, Simonu Bogotá, amplía este año la participación dela ruralidad capitalina como un ejercicio pedagógico para democratizar el acceso y la participación de los estudiantes que estudian en los colegios oficiales clasificados como rurales y propiciar espacios de investigación, debate y reflexión desde la ruralidad y para la ruralidad.

Isabel Fernandes, directora de Participación y Relaciones Interinstitucionales de la Secretaría de Educación del Distrito, asegura que esta simulación rural responde a una necesidad identificada en las versiones anteriores de Simonu y es la de “establecer un diálogo entre dos realidades que interactúan y coexisten, la urbana y la rural”.

De esta manera, la participación de los colegios rurales en Simonu Bogotá 2018, proceso pedagógico que empezó con la convocatoria e inscripción entre febrero y abril, continuó con el sorteo de países y comisiones en mayo y se prolongó en julio con los encuentros de formación liderados por la Secretaría de Educación del Distrito, busca poner sobre la mesa de debate las ideas, necesidades y expectativas de las niñas, niños y jóvenes de esa Bogotá rural y abrir un espacio para que puedan reflexionar sobre su entorno, sus problemáticas y la educación en la ruralidad.

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Simonu Bogotá 2018: un diálogo entre la ciudad urbana y la rural

Así, 145 niñas, niños y jóvenes y 15 docentes de 10 colegios oficiales ubicados en Sumapaz (2 colegios, 4 sedes) y las zonas rurales de Usme (2 colegios), Ciudad Bolívar (4 colegios), Chapinero (1 colegio) y Usaquén (1 colegio), se inscribieron para ser los pioneros en vivir y experimentar la primera simulación para establecimientos educativos de carácter rural de Simonu Bogotá.

Ellos participarán en las 5 comisiones destinadas para los colegios rurales; tres comisiones del sistema ONU que funcionarán por países (FAO, Pnuma y Cepal), una comisión Colombia que funcionará por departamentos y una comisión Bogotá en la que los jóvenes hablarán en primera persona acerca de su experiencia en la educación y sus expectativas a ese respecto.

Los jóvenes participantes de esta simulación y sus docentes presentarán los resultados de su trabajo en el evento de clausura de la sexta versión de Simonu Bogotá en 3 de octubre.  Allí dialogarán los estudiantes de los entornos rural y urbano para celebrar un año entero de trabajo, reflexiones, debate y presentar sus aportes para las políticas y programas de la ciudad.

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La expectativa, destaca Isabel Fernandes, es que los estudiantes y docentes de las zonas rurales produzcan conclusiones, propuestas e ideas para solucionar problemas inmediatos del entorno rural, frente a los temas de las cinco comisiones que hemos planteado y que esas conclusiones puedan ser socializadas en la clausura de Simonu, en una suerte de diálogo entre la Bogotá urbana y la Bogotá rural.

Gina Cardona, docente del colegio Quiba Alta, ubicado en la zona rural de Ciudad Bolívar, y que desde 2016 ha participado en Simonu Bogotá, destaca que “ésta es una experiencia que ha transformado espacios pedagógicos hacia la reflexión y la construcción de ciudadanía. Tengo muchas expectativas frente a la simulación rural porque veo que está muy encaminada a las necesidades del campo. Los chicos y yo estamos muy emocionados frente a este primer ejercicio y esperamos que sea un diálogo de ciudad, de la interacción entre lo urbano y lo rural”.

Para esta docente y para sus estudiantes, participar en Simonu Bogotá es ideal para poner sobre la mesa de debate temas como cuidado y preservación de los recursos naturales, agricultura, soberanía alimentaria, para que los habitantes del área urbana de Bogotá los tomen en consideración y se establezca un diálogo fluido y constructivo entre estas dos realidades.

“Se espera generar en los estudiantes una apropiación de su espacio, que no vean lo rural como algo que nos tocó, sino como algo que produce para el resto, que suple una necesidad. Segundo, que estos muchachos pueden hacer visible su espacio hacia el resto del mundo. Y tercero, que vean que todos los temas que se tratan en Simonu, se pueden trabajar también desde su contexto inmediato. Eso es lo importante para ellos”, concluye la docente.

Para estudiantes como Anderson Aldana, de grado 8º , la atención y la energía están concentradas en la preparación para la simulación.

“Tengo muchas expectativas, me gustaría alguna vez estar en una comisión de armas nucleares, también me interesan los temas de educación en zonas rurales. Me atrae mucho Simonu y estoy muy contento porque nos dieron la oportunidad de participar, a nosotros, los de los colegios rurales.. Yo diría que la simulación solo para rurales es muy buena y muy apta para las personas que viven en estos lugares”, resaltó el estudiante.

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De esta manera, la simulación rural de Simonu Bogotá 2018 ‘calienta motores’ para propiciar el encuentro entre las realidades urbanas y rurales de la ciudad y consolidar a los docentes y estudiantes de estas áreas como los agentes de ese cambio, que propicien las transformaciones que necesita la ruralidad colombiana.

Como dice Tatiana Muñoz, estudiante de grado 9º del colegio Quiba Alta, “este año nos ‘tomaremos’ Simonu para temas que afectan a nuestra vereda, a las zonas rurales de Bogotá, pero que en realidad nos afectan a todos los que vivimos en la capital”.

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Porque una ciudad educadora, inclusiva y rural es una Bogotá mejor para todos.


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