Fecha de publicación: Mié, 31/12/2025 - 11:24
“Estudiar nos devuelve la posibilidad de soñar” Historias de vidas transformadas gracias a la educación
En Bogotá las estrategias educativas flexibles, bajo un enfoque inclusivo y equitativo, brindan oportunidades reales de aprendizaje, fortalecen la autonomía y apoyan la reconstrucción de proyectos de vida.
Reconstruir proyectos de vida quebrados por decisiones erradas, elecciones que, en la mayoría de los casos, nacen del consumo de drogas o del abandono en una infancia marcada por la ausencia de afecto y protección. Una etapa que, lejos de ser feliz, se convierte en el inicio de una cadena de vulnerabilidades.
En Bogotá, cientos de historias encuentran un nuevo rumbo gracias a las estrategias educativas flexibles que, bajo un enfoque inclusivo y equitativo y con el acompañamiento técnico y pedagógico de la Secretaría de Educación, consolidan una propuesta pionera orientada a brindar oportunidades reales de aprendizaje, fortalecer la autonomía y apoyar la reconstrucción de proyectos de vida.
Testimonios de graduados como los de José Antonio, Jesús Manuel, Amparo y Jonathan, son prueba de que la educación no solo transforma realidades, sino que devuelve esperanza. Desde quienes vivieron en la calle hasta quienes enfrentaron la migración y el abandono, todos coinciden en algo: “Estudiar nos devuelve la posibilidad de soñar”.
Es el caso de José Antonio que, a sus 44 años, hoy reconoce lo que significa tocar fondo. Durante años, su vida estuvo marcada por la exclusión y las malas decisiones, pero hoy él se convierte en ejemplo de resiliencia. “Mi historia demuestra que la educación tiene el poder de levantar a quien ha tocado fondo, que siempre hay luz incluso en los recorridos más oscuros”, afirma con convicción. Su testimonio es la prueba de que ningún sueño llega demasiado tarde cuando se encuentra una oportunidad para empezar de nuevo.
“Fui abandonado por mis padres cuando era muy pequeño. La vida, inexplicable a veces, pero siempre sorprendente, me puso en el camino de una mujer que, sin tener obligación alguna, me abrió la puerta y el corazón. Ella me dio un techo, cuidados y la calidez que yo no conocía, y fue quien me llevó a vivir a Chile, país donde pasé gran parte de mi adolescencia y juventud como pescador y vendedor de pescado”, señaló.
Allí creció, trabajó y soñó, pero nunca tuvo la oportunidad de estudiar. Aunque logró construir una vida digna, el destino volvió a darle una mala pasada: ya adulto, fue deportado a Colombia. Regresó a un país que era suyo solo en documentos, un territorio desconocido, sin familia, sin amigos, sin un lugar por el cual empezar.

“Fue así como experimenté una de las pruebas más duras que puede atravesar un ser humano: vivir en la calle. La intemperie, el frío, la incertidumbre, la mirada de indiferencia, todo eso se convirtió en mi rutina. Pero, aun así, incluso en medio de la vulnerabilidad, nunca consumí drogas porque sabía que perderme en ese abismo sería renunciar a la única esperanza que todavía guardaba: la de reconstruir mi vida”, señala.
Posteriormente, gracias a la estrategia educativa de los Círculos Preparatorios Integrales de Aprendizaje (CIPREIA), José Antonio logró cambiar el rumbo de su vida. “Yo no tenía ni quinto de primaria”, recuerda. Tras años de dificultades, deportación y pérdida de todo lo que había construido, encontró en la educación una oportunidad para empezar de nuevo.
Hoy, con el diploma en mano, siente que ha dado el primer paso hacia la estabilidad laboral y personal que tanto anhelaba. Su meta es clara: ahorrar y regresar de manera legal a Chile, el país que considera suyo, para reencontrarse con su familia y abrazar a su nieto. “Fue un logro que parecía lejano, pero gracias a la dedicación de los profesores y al apoyo del programa, pude alcanzarlo”, afirma con gratitud. Hoy, su historia es testimonio de que la educación puede abrir caminos donde antes solo había incertidumbre.
Jesús Manuel, con esfuerzo los sueños sí se pueden alcanzar
En las calles, el desprecio del transeúnte se mezcla con la rutina de días idénticos, consumidos entre el fondo de una botella de pegante o las bocanadas de un cigarrillo improvisado con cualquier alucinógeno. La destreza para manipular sustancias letales se convierte en una habilidad cotidiana, pero también en la sentencia que destruye cuerpos y aniquila esperanzas, sueños e ilusiones de vivir.

Jesús Manuel, un samario que lleva el Caribe en su voz, celebra hoy un logro que parecía imposible: graduarse del bachillerato. “No había terminado décimo, y estando en los hogares de paso nos invitaron a seguir estudiando. Lo vi como una oportunidad que Dios me estaba brindando”, cuenta. El camino no fue fácil, venía de las calles y del consumo, pero encontró en el programa de la Secretaría de Educación y el colegio José Félix Restrepo una puerta para reconstruir su vida. “Terminar el bachillerato para mí es un honor, un orgullo. Abandoné los estudios por la droga, pero aquí vi una oportunidad y aquí estoy, alegre y contento de verme graduado”, afirma. Su meta ahora es capacitarse en el SENA y convertirse en pedagogo para ayudar a quienes como él, buscan una segunda oportunidad. “Si se puede”, repite como mantra con firmeza, invitando a otros a cambiar y demostrar que los sueños sí se pueden alcanzar.
Estudiar nos saca de la mediocridad
Para Amparo, retomar sus estudios y culminar el bachillerato ha sido uno de los mayores logros de su vida. Agradece el apoyo constante de los docentes, cuya paciencia fue fundamental para superar las dificultades. Y es que sus planes a corto y mediano plazo no terminan aquí: sueña con continuar su formación y convertirse en secretaria, una vocación que la acompaña desde la infancia. Igualmente, envía un mensaje inspirador a quienes dudan en seguir adelante: “Esfuércense, porque siempre hay oportunidades para alcanzar nuevas metas”.
Jonathan, el mejor resultado de las pruebas Saber
Como parte del proceso de formación, Jonathan obtuvo este año 2025 el puntaje más alto, entre los estudiantes de la estrategia, en las pruebas Saber 11°, un logro que lo llena de orgullo y esperanza. “Tú eres el piloto de tu vida, quien sostiene el volante y el único responsable de cambiar esas barreras y demostrar que somos personas capaces de lograr nuestras metas”, afirma con emoción. Para él, este resultado significa abrir puertas, cumplir sueños y demostrar que la educación es la herramienta más poderosa para avanzar.
Su invitación es clara: “A los jóvenes y adultos les digo que tomen el control de sus vidas y le apuesten a la educación. El querer es poder. Vamos para adelante”. Con este logro, Jonathan no solo llena de orgullo a su familia, sino que se convierte en ejemplo de que la perseverancia y el estudio pueden transformar realidad.
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